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sábado, 16 de mayo de 2009

La Pelea de Guanape

Seguidamente, copio textualmente el escrito de nuestro pariente Rafael Armas Alfonzo, a proposito de uno de los acontecimientos mas importantes ocurridos en la historia de Guanape, durante La Revolución Libertadora, en diciembre de 1.902.

Para hacer el texto mas amigable, he colocado enlaces a las personas que se nombran en el texto y que aparecen en el arbol de nuestra familia, que como detalle curioso, la mayoría de los protagonistas de esta historia estaban emparentados de una u otra manera. Practicamente se puede decir que fue una batalla familiar. Igualmente a lo largo del texto, he colocado unas fotos para ilustrar el sitio de los acontecimientos y ademas una del cementerio local de Guanape, en donde reposan los restos de ambos parientes, del General Manuel Itriago Armas y de su primo Pedro Armas Itriago, una al lado de la otra.

Agradecimientos para Alvaro Armas Bellorín, hijo del autor, el cual muy gentilmente autorizó su publicación.


La Pelea de Guanape
Rafael Armas Alfonzo


La Revolución Libertadora constituye el hecho armado de mayor significación contra el gobierno del general Cipriano Castro. Comienza a fines de 1.901 con la presencia en aguas venezolanas del vapor Banright, rebautizado Libertador, a cuyo puente de mando se asoma el general y banquero Manuel Antonio Matos, y tras diecinueve meses de cruentos episodios, culmina en Ciudad Bolívar con el triunfo del Gobierno, jefaturada por el General Juan Vicente Gómez, segundo de Castro. Campos de acción fueron Guanaguana, La Victoria, El Guapo, Barquisimeto y Ciudad Bolívar. Catorce mil hombres llegaron a contar los rebeldes. Victorino Márquez Bustillos, panegirista de Gómez, asigna a la Libertadora la importancia que no tuvo, según él, la Guerra Federal. Implica en la aventura “Los hombres de dinero, los de los prestigios políticos y los militares, los dirigentes de los partidos, fuerzas vitales, en suma, abrumadoras por su calidad y por su peso…” y “entre las más brillantes espadas del caudillaje y los más expertos políticos de todos los círculos” asocia los nombres de los Generales Luciano Mendoza, Domingo Monagas, Nicolás Rolando, Gregorio Segundo Riera, Amabilie Solagnie y Luis Loreto Lima.

El alzamiento de La Victoria el 20 de Diciembre, a la cabeza Luciano Mendoza, presidente del Estado Aragua, marca en realidad el principio de la revolución. La acción del Cerro el Zamuro, en la capital de Bolívar, es el fin. Se peleó el 19 y el 20 de Julio. Doscientos cincuenta muertos y más de cuatrocientos heridos es el balance de los atacantes. Ochocientas bajas entre muertos y heridos sufren los rebeldes. A estas cifras los vencedores suman 3.275 fusiles, cuatro cañones, una ametralladora, una caja de dinamita, doscientas sesenta y cuatro granadas, trescientas libras de pólvora, más de medio millón de cápsulas y seis millones de fulminantes. Los rendidos suman doscientos veintiséis jefes y oficiales y ochocientos soldados de la Libertadora. El General Nicolás Rolando, jefe rebelde de oriente, de enorme ascendiente regional, esta entre los presos.

Además de las grandes batallas de La Libertadora, demasiada sangre se derramó en esos diecinueve meses. Ardieron pueblos, potreros y haciendas y en un sinnúmero de escaramuzas cayeron demasiados venezolanos: campesinos y pueblerinos arrastrados inconscientemente a la destrucción. La acción de Guanape, descrita por Rafael Armas Alfonso, maestro de escuela de muchos años, historiador con buena obra en vías de publicación, muestra lo que de encono fraticida tuvo la Libertadora en esa región agropecuaria de Anzoátegui. ¿Qué fue la pelea de Guanape? Una escaramuza entre hacendados, entre familiares, entre terratenientes. Sus puntos de diferencia se exteriorizaban afecciones a este o aquel caudillo o ambiciones de poder entre los que lo detentaban y los que lo aspiraban por la vía de la fuerza. Ni unos ni otros proporcionarían a sus pueblos posibilidades distintas a las que inveteradamente se les han negado a comunidades de escaso destino social. Las conclusiones que resultan conforman un cuadro de heroicidades innecesarias: una sola familia enlutada y un cadáver expuesto al sol hasta que la insania de un violento cabecilla rural permite que lo recojan para su entierro, el de Manuel Itriago al lado de su sobrino, en el mismo pedazo de tierra del cementerio local, los dos compartiéndose las mismas flores escasas.

El 12 de diciembre de 1.902, en plena Revolución Libertadora, el General Manuel Itriago Armas (a) Veneno, ocupaba militarmente a Guanape con fuerzas del Gobierno. “Las tropas, veteranas, disciplinadas, en su mayoría las había traído de Caracas” (1). Su cuartel ocupaba la casa llamada La Estrella, ubicada en la Calle Real, en el cruce con un callejón que sale a la plaza. Frente a esa casa, por el lado izquierdo, está la quebrada Calanche y más allá el bosque, la montaña. Esa casa, techada de tejas, hace esquina, aún existe, deteriorada, ruinosa. Allí estaba acuartelado también en su condición de 2do jefe de las fuerzas, el General Zenón Marapacuto, quien había traído unos sesenta hombres bien armados, todos ellos de los caseríos Santa Bárbara y Alto Uchire. Uno y otro estaban en expectativa, dispuestos a defender a Guanape como diera lugar.

Después de la derrota de El Guapo, algunas de las guerrillas formadas por revolucionarios de la zona norte del Estado Anzoátegui, mejor dicho, de la costa del Unare, habían logrado reunirse bajo el mando del Coronel Pedro Rafael Armas, “oficial de valor e impetuosidad comprobados” (2).

Esas guerrillas eran comandadas por pequeños caudillos, los más hombres de hogar y de trabajo, ninguno, realmente era oficial de escuela: Manuel Monserrate de Armas Álvarez, uchireño hacendado, José Vicente Mata Armas, de Píritu, Manuel Santamaría, de Clarines, y José Gregorio Bastardo, de el Hatillo. Estos fueron los del ataque a esa plaza.

Erróneamente se ha afirmado que otros jefes revolucionarios acompañaron al Coronel Pedro Rafael Armas en esa oportunidad. Es incierto. Nicolás Bottaro, hijo de Clarines, criador, dueño del hato La Pedrera, Matías Morffe Marcano, agricultor y criador, dueño de una posesión ubicada entre Las Pinteras y Urape, en jurisdicción del municipio Sabana de Uchire, y don Pancho Lusinchi, de Clarines, criador, dueño del hato Corcobao, no estuvieron en la pelea de Guanape.

Ubicados en Clarines, a los jefes de guerrillas les resultó un problema difícil unificar criterios en cuanto a los movimientos de la revolución. “Las discusiones en el campamento, entre los jefes, eran muy frecuentes. No lograban ponerse de acuerdo” (3). Manuel Monserrate de Armas, José Gregorio Bastardo y Manuel Santamaría insistían en el ataque a Guanape, y, sin rodeos, expresaban sus dudas de que el Coronel Pedro Rafael Armas se atreviera a atacar esa plaza, defendida como estaba por su pariente el General Manuel Itriago Armas.

La decisión de tomar a Guanape a toda costa se tomó el 10 de diciembre, después de acaloradas discusiones y no fue sino una temeraria demostración de valor y coraje por parte del Coronel Pedro Rafael Armas (4), a pesar de que ambas cualidades eran suficientemente reconocidas por todos los que le acompañaban. Entre estos, con categoría de oficiales, estaban Chucho Armas, su hermano, Manuel Santamaría, ya citado, y Adolfo Quiaro, nativo de Clarines, quien había sido ayudante de Bottaro. Le acompañaba también otro buen oficial, de apellido Guacarán, nativo de El Guamo, que con el, con Pedro Rafael, había hecho toda esa campaña.

Esos primeros días de diciembre de 1.902, para los revolucionarios de Clarines, fueron de mucha actividad. Del cuartel, ubicado en la Casa Amarilla, frente a la plaza, salían las comisiones, que no se daban descanso. Se buscaba bestias, monturas, armas, y, por supuesto, reses para el abastecimiento de la tropa. Muchos hatos fueron requisados, pero sus dueños habían traspuesto sus bestias de silla, que era lo que con más empeño se trataba de conseguir. Sin embargo, algo se trajo de Amana y de Palmira, de El Bagre, de San Isidro y Los Barrancos, en la cercanía de La Encantada. Esas comisiones lograron además que algunos se sumaran espontáneamente al movimiento.

En la población existía cierta inquietud, cierto temor difícil de disimular. Algunos hijos de Clarines prestaban servicio militar bajo las órdenes del General Itriago, y nadie podía prevenir los resultados de un encuentro, tantos eran los preparativos bélicos que se estaban observando.

Por otra parte, la actividad económica se encontraba totalmente paralizada. La mayoría de los comerciantes preferían esperar, temían correr el riesgo de que se les pidiese una obligada contribución en dinero efectivo, como se había impuesto en anteriores oportunidades. Este temor era el tema de las conversaciones de don Pancho Medina y de don Juan Chacín, dueños de establecimientos mercantiles en la Calle Comercio. En la farmacia de don Plácido Gutiérrez las reuniones eran muy frecuentes y los comentarios de la situación exponían claramente las simpatías de los asistentes hacia el General Nicolás Rolando y los otros jefes de la Revolución Libertadora. A esas reuniones asistían el Dr. J de J Tirado, don Julio y don Reinaldo García Ramírez, don Julián Alfonzo y otros más. Pero era evidente que les inquietaba ese inusitado movimiento de gente armada que había tomado la población. Ni los cargadores de agua, ni los que traían del campo frutos o animales para vender, se veían en las calles. El negocio de don Manuel Ávila Salazar, ubicado en la misma casa donde tenía su familia, situado a dos cuadras de la plaza, en la calle San Antonio, abría una de sus puertas un rato en la mañana. Su dueño lo hacía, mas por hablar con algunos oficiales y elementos de tropa, de los que pasaban por la calle, que por venderles algo. Don Manuel Ávila simpatizaba también con La Revolución Libertadora, revolucionario como había sido durante toda su vida. Don Ramón Alfaro, dueño de un negocio de mercancías y víveres ubicado en la casa Nro. 72 de esa misma calle San Antonio, casa diagonal hoy al dispensario, accedía a vender algo, pero a determinadas personas, y lo hacía por el zaguán. Don Antonio Requena Gómez, que tenía un negocio y una panadería en su casa de la calle San Antonio Nro. 82, hoy propiedad del señor Francisco Bustillos, no habría sus puertas a nadie, su esposa, doña María Medina, nerviosísima con ese tropel de caballería que con sus cascos sacaba estrellas al empedrado de la calle, no se lo permitía. Don Agustín Monteverde, establecido en la casa Nro. 88 de esa calle, casa que hoy es propiedad del señor Arturo Armas López, doña Adelina Bottaro, en su casa de La Cruz del Zorro, y don Pancho Lusinchi, en la última casa de esa calle, frente al puente que comunica con el caserío La Cruz de Belén, mantenían una misma actitud: no abrían sus puertas. Era notorio que ningún viajero, ningún arreo llegaba a Clarines, ocupada como estaba la ciudad por los revolucionarios.

El viejo Domingo Pérez, encargado de prende los faroles, hacía días que no salía con su escalera al hombro y su lata de kerosene, pues había tenido que suspender su trabajo por recomendaciones de su mujer, doña Vicenta. Al oscurecer todas las salidas de la población eran ocupadas por centinelas y los cambios de guardia obligaban a los vecinos a la vigilia y a los comentarios en voz baja.

Don Julián Alfonzo, quien había dejado de ir a su hato Cuapa por permanecer al lado de su familia y por ver en que paraba todo ese inusitado movimiento, a petición de los revolucionarios accedió a ir a Guanape con una comisión sumamente delicada: proponer al General Manuel Itriago Armas que se sumara al movimiento, pero esta fue una gestión inútil. “Ya tengo este compromiso con el General Cipriano Castro. Yo soy hombre de palabra”, fue toda su respuesta.

El General Itriago Armas, a su vez, por intermedio de personas de la familia, trató de persuadir a su pariente: “Dígale a Pedro Rafael que no me ataque, que eso será una imprudencia”. Resultaba evidente que no deseaba la pelea, y, en consecuencia, en esos primeros días de diciembre, se preparaba para desocupar la plaza.

A pesar de todo, terminados los preparativos, se emprendió la marcha hacia Guanape. La salida de Clarines fue en la alta madrugada de ese 12 de diciembre. Esas guerrillas comandadas por Pedro Rafael, en honor a la verdad, no constituían ningún ejército. Sus efectivos alcanzaban a 480 hombres, incluyendo los que mandó, a última hora, don Carmen Itriago, todos ellos peones y vaqueros de su hato Arenas. “Eran fuerzas de infantería, la oficialidad, y no toda, montaba en bestias. El armamento era desigual, un verdadero muestrario. Unos pocos máuseres, Winchester y mosquetones, que habían sido utilizados en otras guerras, cubanos, un arma que llamaban charpa, y escopetas de pitón de uno y dos cañones. El parque que llevaban no eran gran cosa” (5)

Como a las 9 y 30 a.m., frente al caserío Las Varas, Manuel Santamaría, picando espuelas a su caballo, se arrima al de Pedro Rafael y le dice: “Mire compadre!, usted lleva a su lado a Guacarán, que es buen oficial y como bueno que es lo ha acompañado en toda esta guerra, desea Chucho, su hermano, para que me acompañe”, a lo cual Pedro Rafael accedió.

Antes de las 11 a.m. rodearon la plaza. Un grupo de hombres de a caballo, a toda carrera, fueron los primeros en entrar a la población, la que atravesaron sin detenerse. Se oían gritos y descargas de uno y otro lado. Don Pedro Herrera, en su casa, no hallaba donde esconderse. Lina y Fidelia Turipe corrían de uno a otro rincón implorando a la Virgen de Candelaria que las protegiera. En la casa de los Armas Domínguez el pánico se apoderó de todos: Rosa enterró sus prendas bajo un ladrillo, a Amparo, su hermana, el susto le produjo vómitos y diarrea. Rafael Alejo, en el momento de comenzar el tiroteo, entraba a su casa con dos toretes que traía para su venta. Estos animales quedaron sueltos porque no dio tiempo para amarrarlos. Rafael Alejo gritó: Todo el mundo al suelo, boca abajo!. Del susto tan grande, se enfermó (6).

Del cuartel, mandado por Marapacuto, el primero en salir fue Policarpo Morffe, oficial, que con varios soldados hizo frente a los atacantes. Las descargas continuas y los gritos se oían por todas partes. Pedro Rafael entró por La Tejería con su guerrilla, y allí, tras de la Iglesia, le mataron a Guacarán.

Enardecido, avanza espada en mano, gritando a los suyos: “Avancen, muchachos!” pero los defensores no dan el frente, no se dejan ver sino cuando apenas asoman las puntas de los fusiles para disparar. Se protegen tras de las esquinas, tras de los árboles de la plaza, tras de las palizadas de las casas. Corriendo atraviesan la calle, buscando protegerse de las descargas. Buscan hacia el callejón situado entre la calle comercio y la calle Santa Rosa, y, por un boquete que ven en la palizada de la casa de don José Antonio Gutiérrez, entra la guerrilla, ya diezmada, pues en ese corto trayecto han perdido cuatro hombres.

En el patio de la casa, tras del grueso cañón de un cují, la gente del General Manuel Itriago ha improvisado una trinchera. La defienden Santos Mendoza y un indio nativo de Píritu, de apellido Araguaney. Ante éste, espada en mano, preséntase Pedro Rafael: “Ríndanse!”, le grita, y el otro levantando a medias el fusil, acciona el gatillo. El balazo, en la parte baja del cuello, detiene su marcha y cae. Los de esa trinchera suspenden el fuego. ¿Y este quien es?, le pregunta Araguaney a Santos Mendoza, que lo tiene al lado. “Carajo!”, le dice Santos. “Este es Pedro Rafael, el jefe de la revolución!”. El soldado piriteño se asustó muchísimo. “Yo no sabía yo no sabía”, repetía azorado, con pena (7). La tradición oral ha recogido esos detalles, tal como se mencionan.

¿Que parte tomaron en la acción las tropas comandadas por Manuel Monserrate de Armas, por Bastardo, por José Vicente Mata y por los otros?. ¿Qué parte tomaron si en la pelea los muertos fueron cinco, y todos de la Guerrilla de Pedro Rafael?.

Terminada la pelea, de regreso hacia Clarines por el camino real, llega Chucho Armas a Las Varas, a la casa de Teodoro Magallanes y preguntó quienes habían pasado. Bueno, le contestó el otro, pasó Monserrate con su gente, pasó también Manuel Santamaría con los suyos, después pasó Bastardo, después José Vicente… ¿Y Pedro Rafael, le interrumpió Chucho. No, Pedro Rafael no ha pasado, contestó Magallanes.

Chucho Armas volvió grupas su bestia, se regresó. En el paso del río, a mano derecha, subió por su cauce, y, dejando éste, tomó el curso de la quebrada Calanche para observar, con alguna protección, los movimientos en el pueblo. Por allí se quedó hasta el oscurecer, hasta que vio salir las tropas de Marapacuto. Esa noche se encontraba en el velorio del hermano.

La guerrilla de Manuel Monserrate de Armas, integrada por uchireños, durante la pelea se había dispersado completamente, de tal manera que cuando el pasó frente a la casa de Magallanes, rumbo al camino que sube a Sabana de Uchire vía Cerro Verde, solo llevaba un reducido número de soldados. Fue la guerrilla más numerosa de las que concurrieron al ataque de Guanape, pues la formaba un contingente de más de cien hombres. Juan Cabeza, Ramón Duerto, Andrés Cacharuco, Enerio Párica, Valentín Guacha, Ignacio Macayo, Segundo Tarache, Matilde Estacio, Francisco Marapacuto y Raimundo Macuma se contaron entre ellos. Sus oficiales Eusebio Aguilar, Hilario Meza, Pablo Avilé, José Gabino Tovar y Julio Bellorín eran hombres de valor y con una cualidad sobresaliente: leales a la palabra empeñada. Este grupo de uchireños, así como los otros grupos, constituían una montonera. Criadores o agricultores, obreros, hombres del campo o de la ciudad, con limitados recursos económicos o sin ellos, ¿Por qué iban a la guerra? Simplemente porque todo el que se consideraba un hombre iba. En algunos casos, tomar parte en esas revoluciones era algo así como una obligación, pues se presentaba un medio fácil para saldar diferencias o cobrarse deudas personales, y si padre y abuelo habían tenido destacada actuación en los movimientos armados de su tiempo, ¿Cómo justificar el hecho de permanecer indiferente? (8). Por otra parte, regados por todo el territorio venezolano aún vivían algunos oficiales y soldados de los que combatieron en la guerra de independencia, y estos hablaban de sus proezas, de su participación en esa contienda (9). De hecho, tales relatos incitaban al hombre a enrolarse en el primer movimiento armado que se presentara. Decir “ese peleó en La Guerra Federal” equivalía a decir que pasó por la mejor escuela de ese tiempo.

¿Qué buscaba Pedro Rafael Armas al atacar a Guanape?. En el supuesto de que hubiera logrado tomar la ciudad, ¿Qué ventajas le reportaba al movimiento, a la revolución, si en realidad esa plaza, militarmente, carecía de importancia?.

Ese día del ataque a Guanape, al General Manuel Itriago le había llegado su hora. Todo el tiempo que duró la pelea lo pasó donde su hermana Inés María Itriago, esposa del señor Pedro Pérez Ramos, quien vivía en una casa de esquina, frente a la plaza, a una cuadra del cuartel. Desde allí mandó varias veces a Nico Rojas, su asistente, para preguntar a Marapacuto como veía la situación. “Dígale al General Itriago que no salga, que espere más bien un rato. Dígale que la situación es buena, que no se preocupe. Dígale que yo estoy dando aquí, en el comando, las órdenes convenientes” (10).

Cuando la muerte se acerca, el recuerdo de familiares desaparecidos viene más de prisa. El General Manuel Itriago, en este asalto a Guanape, por segunda vez en su vida se encontró en una acción semejante. Ciertamente, un hado adverso, trágico, señaló el destino de miembros de su familia, pues varios de ellos perecieron en forma violenta. Tenía el 9 años cuando el asalto de Jerónimo García a Sabana de Uchire, donde residía con sus padres y hermanos. No podía olvidar la fecha. Eso fue el 24 de diciembre de 1.864. Esa noche los Itriago y los Armas celebraban el matrimonio de Camilo Rojas con Rufa Anato. Su padre, don Tomas Itriago, perdió la vida atravesado de un lanzazo, al intentar, espada en mano, pasar una palizada. Su madre, doña Blasina Armas Madurera, con todos sus hijos pequeños, a pie, se vio esa noche obligada a abandonar la población. En esa ocasión, a Domingo Itriago, que huyó en compañía de su hermano don Clemente, lo mataron en Montecristo, en el camino a Guanape. Don Clemente salvó la vida milagrosamente, al meterse en un poso de agua. Y todos eran hermanos de su padre, como lo fue también don Deogracia Itriago, asesinado en el cerro Guamachito por un ahijado suyo. ¿Cómo olvidar estos recuerdos?.

Como a las 2:30 p.m. el General Itriago Armas salió de la casa de su hermana. Solo, a pie, paso a paso. No llevaba arma alguna. En su mano derecha tenía un foete pequeño, con el que se golpeaba la bota y el pantalón, como si se sacudiera el polvo. Tenía amarrado un macho muy brioso y caminador, su bestia de silla, bajo un frondoso samán, en el patio de la casa del cuartel. Hacia allí se dirigía. Se oían algunos tiros dispersos.

Julio Bellorín (11) con su gente, había tomado parte atacando por el lado oeste, precisamente, hacia donde estaba instalado el cuartel. Ya había cesado la balacera y venia en retirada, ojo avizor, tratando de localizar alguno de sus hombres. A distancia vio al General Itriago Armas que venía a pie, con su bestia de diestro. Era un blanco magnifico! “Mejor es quitar a este hombre del medio”, dijo. Tendió su arma, un Winchester con el que no fallaba un tiro. Levantó la mirilla para ver por el extremo superior. “Son como doscientos metros. Por más que baje el plomo, no lo pelo”, dijo, accionando el gatillo.

La bala alcanzó al General Itriago justamente en la esquina del fondo de la casa de don Justo Márquez, y allí cayó, herido de muerte. El Balazo, en el bajo vientre, le destrozó órganos vitales. Un oficial que estaba cerca corrió para auxiliarlo y varios soldados hicieron una descarga hacia el rumbo de donde había salido el disparo.

El General Zenón Marapacuto, en venganza, quería tomar represalias pero el General Itriago, herido de muerte como estaba, se opuso. Tomas Pérez Itriago, su pariente, fue corriendo donde Marapacuto a decirle que no intentara saquear el pueblo, y como prueba de que había sido mandado por el mismo General Itriago, llevó su sombrero. A regañadientes Marapacuto acató la orden.

Esa misma noche Chucho Armas informó a personas de su familia que él fue el autor del disparo que segó esa vida (12). ¿Qué buscaba con eso? La verdad se supo después. Julio Bellorín nunca hizo alarde de esa muerte, pero en conversaciones con Ricardo y Julio Alfonzo Rojas, en Sabana de Uchire, les refirió los detalles de este incidente.

A la muerte del General Manuel Itriago Armas, el General Zenón Marapacuto asumió el mando de las tropas (13). Por cierto que los familiares del Coronel Pedro Rafael Armas guardan todavía un ingrato y penoso recuerdo de su comportamiento, inmediatamente después de la pelea no permitió que se levantara el cadáver, el cual estuvo expuesto al sol por varias horas (14). Accedió finalmente a petición de Don Felipe Silva, cuando, organizadas apresuradamente sus tropas, su corneta de ordenes tocó retirada rumbo a su cuartel en la zona montañosa de Alto Uchire, el único sitió donde se encontraba seguro.

El Morro de Barcelona: 26 de Diciembre de 1.971.


Notas al pie de página:
  1. Información dada personalmente al autor por don Arturo Armas Itriago, en Clarines, el 4 de abril de 1.970.
  2. Juicio de don Arturo Medina Alfonzo en “Mi Provincia y sus Valores”, página Nro. 159, 1era edición, 1.944.
  3. Información dada personalmente al autor por don Tomás Miranda Ferrer, en Clarines, el 17 de enero de 1.969. Don Tomás tomó parte activa en La Revolución Libertadora. Estuvo en la pelea de Aragua de Barcelona y en la de Mayare. Poseía una extraordinaria memoria.
  4. “Pedro Rafael Armas era alto, flaco, delgado, tan delgado que parecía un carapacho. Hombre de recio carácter, no le tenía miedo a nadie. Era un cascabel”. Así lo describe don José Marín, en conversación con el autor, en Barcelona, el 22 de marzo de 1.971. Pedro Rafael Armas fue hijo de don Felipe de Armas Ruiz y de doña Margarita Itriago Domínguez. Era casado con Felicia Bustillos Gutiérrez y dejó dos hijos: Carmen Amparo y Pedro Rafael.
  5. Información de don José Antonio Marín, en Barcelona, marzo de 1.971. Don José Antonio Marín fue uno de los hombres de la Revolución Libertadora. Estuvo en la pelea de El Guapo. Fue reclutado en Guanape, adonde había ido con dos burros, acompañando a Enrique Roxbergh, quien iba a comprar tabaco. Transcurridos más de sesenta años, don José Antonio aún lamentaba la pérdida de los animales.
  6. Información de la señora Providencia de Chivico.
  7. Datos suministrados por don Emilio Chivico, en Clarines, noviembre de 1.971. Don Emilio recogió esa información de Santos Mendoza, de quien oyó la relación pormenorizada de esos sucesos más de una vez.
  8. Ese es el caso, por ejemplo, de Manuel Monserrate de Armas. Su padre, el General Manuel Monserrate de Armas Matos, más fue el tiempo que pasó en campaña que en su casa. Su abuelo, Don Vicente María de Armas, perdió la vida a manos de una patrulla o campo-volante en la época de los guaricongos. Había salido de su casa para la hacienda y no regresó. El perro que siempre le acompañaba se presentó a los cinco días, hambreado, maltrecho. Información de Doña Wintila Armas de Mata Medina, en Sabana de Uchire, el 30 de mayo de 1.955.
  9. En Clarines vivió don Benedicto Sotillo, quien fue oficial del ejercito del General Manuel Piar. El tema predilecto de su conversación eran los relatos de la guerra, que lamentablemente nadie recogió. Don Benedicto falleció el 1 de enero de 1.909, en una choza que había construido en El Cascarón, a orillas del camino hacia La Cruz de Belén, cerca de Clarines.
  10. El señor Rafael Esteban Rojas Itriago, en San José de Guaribe, el día 8 de agosto de 1.971, dio al autor la más exacta y fiel relación de los sucesos de Guanape, donde perdió la vida el General Manuel Itriago, de quien es pariente cercano. Sea oportuno el momento para agradecerle su generosa y espontánea colaboración.
  11. “Julio Bellorín era de mediana estatura, delgado, aindiado, de agradable fisonomía, jugador de las armas, buen tirador, era hombre de pocas pulgas, herrero, carpintero-ebanista, músico”. Así lo describió el señor Francisco Manuel Mata Armas, que lo conoció personalmente. Barcelona, diciembre 1.971.
  12. “Mira. No tengas cuidado, que tu muerte va a ser fea”, le dijo una de las Armas Domínguez a Chucho, esa noche, cuando se hablaba de la imprudencia de ese ataque a Guanape. Chucho Armas era revoltoso, inquieto. Un día que hacía acrobacias en uno de los arcos laterales de la Iglesia de Clarines, al pisar en falso un ladrillo, se vino al suelo, donde lo recogieron inconsciente. ¡Ni siquiera tuvo una fractura! En 1.918 lo atacó la peste Española. Sus familiares, presurosos, lo metieron en una urna y con el partieron hacia el cementerio. En el transito, los cargadores sintieron que se movía. ¡Vamos, apúrate que faltan otros!, fue la respuesta que dieron al que pidió bajar la urna para ver que pasaba. Los de aquel tiempo que aún viven en Clarines aseguran que a Chucho Armas lo enterraron vivo.
  13. Al General Zenón Marapacuto lo describen sus paisanos, vecinos de Sabana de Uchire que lo conocieron, así: “Era indio puro, bajito, chifluo, con una chivita, delgado de cuerpo, tallao. Era hombre calmoso, de mucha paciencia y voz suave. Brioso de verdad verdad, jugaba las armas y era el cacique en el vecindario de Santa Bárbara, donde vivía”. El General Cipriano Castro había escrito varias veces a Marapacuto, llamándolo a Caracas, pero se excusaba. Al fin escribió pidiéndole una audiencia, la que le fue concedida sin demora. Recibido por Castro, pidió: 1) La partición de los resguardos de Indígenas de Sabana de Uchire, 2) Que se le nombrara Jefe Civil de Sabana de Uchire. Ambas peticiones se atendieron.
  14. Mucha de la información que aparece en este relato fue suministrada en Guanape por el señor Armando Espinoza, a quien agradecemos su colaboración.



Por: Julio José González Chacín.



miércoles, 10 de diciembre de 2008

El Coronel Luis Manuel Ytriago Sifontes

Personaje Destacado

LUIS MANUEL YTRIAGO SIFONTES

Como muchos otros personajes de nuestros pueblos, este es uno de los que tristemente a sido relegado al olvido, vaya hoy este artículo, como un homenaje a este ilustre hijo de Guanape.

Nació en Guanape el 25 de agosto de 1886, hijo de Luis Manuel Ytriago Armas y Ana Ventura Sifontes Perez; un personaje en su momento y en su entorno, de muchos bienes inicialmente, fue hacendado, revolucionario, medico autodidacta, periodista, poeta y funcionario público. Se caso 2 veces, afortunado con las damas convivió con muchas en su larga vida, tuvo muchos hijos.

Luis Manuel Ytriago nace en una casa que había donde ahora esta la Casa de la Cultura y a muy corta edad fue llevado por su padre el General Manuel Ytriago Armas -Veneno- a la Hacienda "'Valparaíso" en Río Grande situada en los limites de Miranda y Guárico. Allí aprendió Luis Manuel los secretos que tienen las plantas para curar enfermedades, y las primeras clases en esa materia las recibió los viejos curanderos que en esa región Mirandina los había en abundancia. Pasado el tiempo, y las enseñanzas que este deja, fueron las medicinas patentadas y las formulas elaboradas en el mortero lo que recetaba para curar a sus innumerables pacientes.

Luis Manuel fundó en Guanape y en otros pueblos una Liga de Protección al niño y a la madre, que entre otras, tenía la misión de regalar a las parturientas de escasos recursos económicos sábanas, guayuquitos, frascos de aceite castilla, yodo, escarpines, y sobre todo curitas umbilicales para proteger a los recién nacidos de su terrible azote como lo era el mocezuelo. En esas campañas preventivas lo ayudaron distinguidos grupos de las sociedades de esos pueblos ,con las que Luis Manuel, parsimonioso y renqueando de la pierna derecha, salía de casa en casa a prestar la significativa ayuda.

Era común tener a al Coronel Luis Manuel Ytriago Sifontes como primera autoridad civil de un pueblo, como Médico practicante del Dispensario, o ejerciendo las dos funciones a la vez. Sus ocupaciones políticas no le impedían atender sus obligaciones con la salud de sus ciudadanos y la Jefatura Civil de Guanape, de Sabana de Uchire, el Valle, Guaribe Tenepe o San José de Guaribe, fueron en muchas ocasiones despacho para impartir justicia o dispensarios para recetar enfermos.

Algunas de sus actuaciones en esos pueblos no fueron muy populares, porque en ellos pretendió aplicar medidas sanitarias que fueron en muchos casos motivo de protestas y escándalos colectivos, por incomprensión de la gente algunas veces o por lo exagerado de las medidas en otros. Hubo días en que el fondo de la jefatura estaba lleno de burros, vacas y cochinos arrestados, para garantizar el pago de multas a los dueños.

El Coronel Luis Manuel Ytriago terminó su carrera de médico practicante con la llegada a Venezuela de profesionales foráneos que fueron ocupando, por sus conocimientos en materia de salubridad rural, las medicaturas que el y otros tantos como el fundaron en muchos pueblos. Su retiro, así como su muerte, fue callada, sin reconocimientos por parte de ningún organismo público ni privado por su valioso aporte a la salud de una porción grande de Venezolanos.

He encontrado en el periódico “El Analfabeto”, 3 de septiembre de 1.937, un remitido suyo aclarando ante el público los derechos de propiedad que tenía sobre el potrero “El Botijon” y “Las Aguaditas”, por compras que había hecho a particulares y familiares, las cuales vienen desde el año 1.912. Al parecer y según puedo inferir del contenido de la publicación, se habían suscitado dudas sobre la legalidad de su propiedad.

Murió el 29 de Noviembre de 1.959, sus restos reposan en el cementerio Municipal de San José de Guaribe. La tumba presenta síntomas de evidente abandono, y parodiando a García Márquez, “El Coronel ya no tiene quien le recuerde”.


DESCENDIENTES DE LUIS MANUEL YTRIAGO SIFONTES

Clic Aqui


Por: Julio González Chacín

Nota: Este artículo forma parte de una serie que iré publicando sobre personajes destacados de la zona, ya sea por su actuación en sentido positivo o negativo.

Fuentes:

Algo de Guanape
Jesus Saume Barrios

Los Hilos de mi Madeja
Pedro Luis Rojas Armas

miércoles, 10 de septiembre de 2008

San Jose de Guaribe - La Donación de tierras

Luego de efectuado el plano topografico y el deslinde de terrenos de la población de San José de Guaribe, por el Agrimensor Rafael M. Castro en el año 1.920, el cual hemos publicado en el artículo anterior, los condueños de la posesión Guaribe, señores: Vicente María Rojas Armas Julian Aragort bandres, Cruz Magin Rojas Armas, Concepción González Espinoza, Ignacio González Espinoza, Miguel Rafael Rojas Correa, Cayetano Morffe y Tomas Rafael Franco, efectuan legalmente la donación de las 121 hectareas mencionadas en el informe anexo al plano, para usos como ejidos del pueblo y para "ser utilizados para construcción y edificación de casas, fomento, ornato y embellecimiento de la población". Pueden hacer clic en el nombre de cada uno para ver sus descendientes.

En el documento, que copio mas abajo, los donantes declaran que este acto "es de vital interés para la estabilidad de la población para su ensanchamiento natural y progresivo desarrollo" y el fin último que los lleva a tomar esta desisión es el hecho de tener como norte "los sagrados derechos de las generaciones postreras".

Para establecer los límites de la donación, se toma como base la Plaza Bolivar del Pueblo y se establece "un cuadrilátero de Quinientos Cincuenta metros por cada rumbo a partir de la esquina noreste de la plaza pública, o sea un cuadrilátero que mida ciento Veintiuna hectáreas y cuyo punto céntrico sea la mencionada esquina".

Posteriormente, en noviembre de 1.930, el señor Rafael Celestino Rojas Barrios, en su carácter de Presidente del Consejo Municipal del Distrito Monagas, solicita que estos 550 metros donados se conviertan en 2.550 a los cuatro vientos, tomando como base la misma plaza, caso que se dilucidó en los tribunales, pero ya esta historia será tema de otro artículo.

COPIA TEXTUAL DEL DOCUMENTO FECHADO EL 14 DE MAYO DE 1.920

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Nosotros Dr. Luis Ramón Morín, en su carácter de apoderado especial del señor Lorenzo Marrero, Ignacio González, Julián Aragort, Miguel Rafael Rojas C, por si y en representación de sus legítimos hijos Vicente María y Cruz Magín Rojas Armas, Manuel Medina Rodríguez, Tomas Rafael Franco y Cayetano Morffe y el referido doctor Morín y procurador C. González Espinoza, mandatarios de los ciudadanos Hilario Candelario y Eustacio Marrero y de Eduarda Borges mujer legitima de Anacleto Guayta y de Francisco, Genoveva, Ana Francisca, María Josefa, María de Jesús, María del Rosario y Francisco Loreto Marrero y de Nicolás María García Marrero y los otros vecinos del Municipio Soublette, según los poderes auténticos que se producen, declaramos:

1. Primero. Con fecha 30 de Octubre de 1.919, se constituyó el tribunal del Distrito Monagas siendo su Juez titular el ciudadano José Antonio Hurtado Mancebo en la cabecera de este Municipio, con el objeto de practicar la operación de deslinde judicial de la posesión proindivisa denominada Guaribe, ubicada en esta Jurisdicción y de la cual somos por virtud de nuestros títulos respectivos los cuales presentamos legalmente condueños y el cual deslinde se realizó sin oposición de ninguna especie.

2. Segundo. Proyectada por la mayoría de los Comuneros, de conformidad con la ley, puesto que ella manda que ha nadie puede obligarse en comunidad, la mensura y partición material de la referida posesión nombramos de común acuerdo al agrimensor Dr. Rafael María Castro, para que procediera en consecuencia a practicar dichos trabajos. Y encontrando el técnico que dentro de los limites determinados por los títulos, no se haya completa la superficie que debiera tener el terreno a que ellos se refieren, la cual debe ser de cuatro leguas y sus veinticinco (ilegible) de otra, de las medidas que se usaban en aquella época y que tenia por raíz cinco mil varas , o sean cuatro mil ciento ochenta metros, en vista de esta circunstancia conminamos en completar dicha superficie aumentar o agregar al poniente de la posesión la cantidad de terreno suficiente para completar la superficie del terreno que se mensura según los títulos , y al efecto el agrimensor prolongó la línea del lindero Sur, que corre de Naciente a Poniente hacia este último rumbo, en una longitud de dos mil setecientos sesenta y seis metros de cuyos términos parte una línea Noroeste 14° 20, hasta terminar en el botalón Noroeste de la posesión fijado en la margen derecha aguas arriba del Rio Guaribote, y de este punto la línea Sureste 26° 30 que va a terminar en el lindero Sur de donde partió la anterior, y la cual acaba de cerrar el perímetro del triangulo que fue necesario añadir para completar la superficie de la posesión.

3. Tercero. Encontrándose como se encuentra enclavado el pueblo de San José de Guaribe dentro del terreno que se ha deslindado judicialmente y luego mensurado y por cuanto es de vital interés para la estabilidad de la población para su ensanchamiento natural y progresivo desarrollo, fijando definitivamente linderos permanentes e inmutables, los cuales servirán de perímetro para la construcción de casas, viviendas de familias, desahogos y otros menesteres de sus habitantes, hemos convenido teniendo en miras los sagrados los sagrados derechos de las generaciones postreras, en donarle como en efecto le donamos ad perpetuán al pueblo o sea a la Comuna, un cuadrilátero de Quinientos Cincuenta metros (M/550) por cada rumbo a partir de la esquina noreste de la plaza pública, o sea un cuadrilátero que mida ciento Veintiuna hectáreas y cuyo punto céntrico sea la mencionada esquina. Se fija como precio la cantidad de seiscientos bolívares por el terreno donado a la población.

Parágrafo único: Los Donantes hacemos constar que se prohíbe terminantemente las cercas de alambre de púas que tengan por objeto la fundación de potreros para usos especulativos y que aquellos que actualmente tengan o posean porciones o lotes del terreno donado cercado de alambre para esos fines, quedan ipsofacto en la obligación de cederlos inmediatamente a ser utilizados para construcción y edificación de casas, fomento, ornato y embellecimiento de la población.

4. Cuarto. En nuestro carácter de Comuneros o Copropietarios de la posesión Guaribe, a sean Tierras Marrereñas, nos sometemos indefectible y solidariamente a todos los derechos y obligaciones que por virtud de las operaciones del deslinde judicial y mensura practicados, preceptúa el Titulo IV, Libro Segundo del Código Civil vigente, ratificando solemnemente la donación irrevocable hecha a favor del pueblo.

5. Y Quinto. Y yo Miguel Rafael Rojas, procediendo en mi carácter de Presidente de la Junta Comunal del Municipio San José de Guaribe, Distrito Monagas del estado Guarico, declaro formalmente que acerpto las anteriores donaciones del terreno hecha a la Comuna que represento, la cual someto conforme a sus atribuciones legales, pautadas por la atribución 8va del articulo 14 de la Ley Orgánica del Poder Municipal al Consejo Municipal del Distrito. Así lo otorgamos en San José de Guaribe, cabecera del municipio Capital a catorce de mayo de mil novecientos veinte.

Luis Ramón Morín

Vicente María Rojas Armas

Julian Aragort bandres

Cruz Magin Rojas Armas

Concepción González Espinoza

Ignacio González Espinoza

Miguel Rafael Rojas Correa

Cayetano Morffe

Tomas Rafael Franco


miércoles, 13 de agosto de 2008

La Emigración a Oriente – Otra tragedia que nos recuerda a nuestros ancestros.

La Emigración a Oriente fue un episodio de la guerra de independencia de Venezuela en el que los patriotas venezolanos tuvieron que huir de la capital, Caracas, hacia el oriente del país tras ser derrotados en la batalla de La Puerta. El 7 de julio de 1814 se inicia la retirada. A los escasos 1.200 soldados que Bolívar tenía tras las batallas de ese año se sumaron 20.000 civiles habitantes de Caracas quienes tomaron lo que pudieron y se fueron igualmente a oriente, aterrados por las noticias de las crueldades de los realistas.

Bolívar marchaba a la retaguardia con los soldados para proteger a los civiles. Los emigrantes que partieron de Caracas tomaron el camino que lleva a Barcelona por la vía de Guarenas, Guatire, la montaña de Capaya. Ese camino se bifurcaba al salir de La Pica: un sendero iba a salir a Río Chico y de allí seguía por la orilla del mar, en dirección a Píritu, tocando en Boca de Uchire; comúnmente era llamado «el camino de la costa»; el otro, denominado «el camino de afuera», se dirigía por Cúpira a Sabana de Uchire, prosiguiendo de allí a Clarines por Guanape.

Al igual que ocurrió con el ataque a la Casa Fuerte de Barcelona (Ver artículo en este mismo blog), esta emigración marca el origen de muchas de las familias que se asentaron en los pueblos de Sabana de Uchire, Guanape, Valle de Guanape y Guaribe, ya que algunos decidieron no continuar con la marcha y se quedaron en estos pueblos junto con sus familias, a mediados de 1.814. De estos hay dos personajes que he podido identificar y de los cuales descienden varios de los miembros de este Árbol genealógico, incluyéndome. Estos personajes eran:
  • Don José Olayo Marrero Pacheco, caraqueño, hacendado de la región de Barlovento, casado con Doña Juanita Arbeláez del Toro., descendiente de los Arbeláez fundadores de Zaraza y que luego están también entre los fundadores de Sabana de Uchire e igualmente sobrina del Marquez del Toro. De aquí descienden los Marrero Armas de Valle de Guanape. Esta rama de descendencia no la tengo muy completa en el Árbol de la familia, sin embargo continuo buscando información, sólo tengo el dato de que Rafael Marrero Armas desciende de aquí.
  • Don Juan Manuel Domínguez, que llega a Sabana de Uchire el mismo año de 1.814, viene con su esposa Fernanda Arroyo y sus esclavos. De aquí descienden los Domínguez Armas de Guanape, que luego se emparentan con los Rojas, Espinoza Etc, recomiendo ver su descendencia en el Árbol de la familias, haciendo clic en el nombre, en donde he podido engranar una gran cantidad de descendiente, entre los que me incluyo.
Los hechos de esta emigración se desencadenan de la siguiente manera:

El general Simón Bolívar creyó que podía enfrentar la conflictiva situación dentro del recinto mismo de la capital, donde inició los aprestos para una resistencia más o menos larga; con este fin solicitó la opinión de las Juntas de Arbitrios y de Guerra, creadas el 17 y el 23 del propio junio, respectivamente, organismos cuyas bases las formaban personas con experiencia, pero que, por sesionar públicamente, se ampliaban de manera tumultuaria con la presencia espontánea de los llamados «padres de familia», es decir de los vecinos más influyentes o políticamente más motivados de Caracas; éstos, por lo regular, imponían su parecer en todas las decisiones.

Dada la preponderancia ineludible de dichos advenedizos, se le dio vida legal a una Junta de Padres de Familia el 4 de julio, cuando ya prácticamente, ellos habían absorbido las 2 corporaciones antes mencionadas y ejercían de hecho el gobierno civil de la ciudad desde el 28 de junio, por lo menos.

Las 2 primeras versiones escritas que se conocen respecto a la desbandada de Caracas en 1814, se deben a José Domingo Díaz y al arzobispo Narciso Coll y Prat, y ambos coinciden en presentarla como obra típica de la crueldad que ellos atribuyen a Bolívar, quien obligó a marchar, según aseguran, a una muchedumbre para que desamparada mueriese de hambre o en las garras de las fieras.

No mencionan nombres de ninguna víctima, pero tales escenas menudeaban. Existe la relación de ese éxodo hecha por uno de sus participantes: el oficial republicano José Trinidad Morán, con aporte de mucha información digna de crédito y, sobre todo, sin el apasionamiento que se advierte en las versiones de Díaz y Coll y Prat, interesados en señalar a Bolívar como autor de una acción que no promovió.

El gobierno civil de la ciudad fue asumido a plenitud el día 28 de junio, como quedó dicho, por la Junta de Padres de Familia, cuyas recomendaciones fueron más de una vez acatadas por el propio jefe militar. Esa Junta se empeñó, a última hora, en esperar al enemigo dentro de las defensas construidas, enarbolando la consigna de: «...nadie se va, aquí moriremos todos...» Con ese fin, se dispuso el refuerzo de las tropas con esclavos previamente liberados.

El Libertador, quien en ningún momento dejó de ejercer la conducción de la guerra, había enviado desde el 25 de junio al general José Félix Ribas para enfrentarse a los realistas que avanzaban hacia Caracas por los valles de Aragua al mando del español Ramón González, uno de los lugartenientes de José Tomás Boves; Ribas logró detener momentáneamente las avanzadas de González en el sitio de Las Cocuizas. El 29 de junio, Bolívar despachó buques desde La Guaira para traer de vuelta a ese puerto a las tropas que sitiaban la plaza de Puerto Cabello, las cuales llegaron a La Guaira hacia el 2 o 3 de julio y subieron de inmediato a Caracas.

El día 5 se supo que además de las procedentes de los valles de Aragua, otras fuerzas realistas de Boves se acercaban a la capital por los valles del Tuy. El día 6 la vanguardia republicana fue derrotada en el sitio de La Majada a 12 km de Caracas y las avanzadas realistas llegaron a Antímano, a donde se dirigió Bolívar a fin de tratar de batirlos, pero fue rechazado. Esa misma noche, la platería de los templos caraqueños, que estaba en poder de las autoridades republicanas, fue enviada a La Guaira en cajones para ser embarcada hacia el oriente y empezó la emigración en masa.

En la mañana del 7 de julio, salió el grueso de la emigración, calculada en unas 20.000 personas; Bolívar y las tropas que le quedaban, unos 1.200 hombres iban a la retaguardia protegiendo la marcha de los civiles. Esa misma tarde, los primeros destacamentos realistas penetraron en Caracas, «¿proclamando degüello general contra los blancos?», según testimonio del arzobispo Coll y Prat. Boves, quien se hallaba entonces sitiando a Valencia, no llegó a Caracas hasta el 16 de julio. Los emigrantes que partieron de Caracas tomaron el camino que lleva a Barcelona por la montaña de Capaya. Ese camino se bifurcaba al salir de La Pica: un sendero iba a salir a Río Chico y de allí seguía por la orilla del mar, en dirección a Píritu, tocando en Boca de Uchire; comúnmente era llamado «el camino de la costa»; el otro, denominado «el camino de afuera», se dirigía por Cúpira a Sabana de Uchire, prosiguiendo de allí a Clarines por Guanape.

Es seguro que el Libertador anduvo al principio por el camino de la costa, pero barcos enemigos le hacían bastante daño, dice en su Relación el coronel Felipe Esteves. Se ignora qué día llegó Bolívar a Barcelona; debió ser hacia el 27 de julio.

En cuanto a personas de familias distinguidas, no acostumbradas a trabajos duros, que caminaron a pie y desde luego, con muy pocos bastimentos pero con los suficientes para no morirse de hambre, de esas sólo tenemos los nombres de Belén Aristeguieta y el de la familia Urbaneja, quienes llegaron caminando hasta Río Chico, de donde continuaron embarcados hasta Cumaná.

María Antonia Bolívar sí fue obligada por su propio hermano a marchar a La Guaira y a embarcarse hacia Curazao. Detrás del Libertador, es indudable, se fue el pueblo de Caracas, pero hacia las Antillas emigraron sobre todo los más comprometidos políticamente; otros renunciaron pronto a la marcha y se ocultaron en sitios próximos, de donde no tardaron en regresar a ponerse bajo la protección del arzobispo Coll y Prat.

El temor del vecindario no era injustificado, pues en la tarde del 7 de julio, cuando los realistas Fernando Ascanio (conde de la Granja) y Juan José Marcano salieron de Caracas al encuentro de las avanzadas de las fuerzas de Boves que mandaban los zambos Machado y Hurtado con el objeto de felicitarlas, fueron asesinados.

La parte de historia esta tomada de:

Diccionario de Historia de Venezuela. Tomo II, pp. 209-210

sábado, 2 de agosto de 2008

El Apellido "De Armas"


A continuación textualmente dos articulos relacionados con el origen del apellido "De Armas", en donde se habla de su relación con el apellido "Negrin" .

ORIGEN

Según el historiador Lino Chaparro D´Acosta, Negrín es un apellido originario de las Islas Canarias que procede de Juan Negrín, Rey de Armas, según título que le fuera otorgado por el Rey Don Juan II de Castilla, y se comienza a llamar Juan De Armas. Por esto se dice que los "Armas" o "De Armas" así como los "Negrín", descienden todos de Juan Negrín o Juan de Armas, Rey de Armas por nombramiento del Rey de Castilla, D. Juan II.

El Rey de Armas era un caballero encargado de transmitir mensajes de importancia, organizar las ceremonias y los torneos y llevar el registro de la nobleza y los escudos de armas que correspondían a las familias. Juan Negrín comenzó a hacerse llamar Juan de Armas como una forma de abreviar su firma en los documentos (Juan Negrín, Cronista Rey de Armas). De allí en delante De Armas pasó a ser un apellido. Acompañó a Diego de Herrera cuando se trasladó a las islas en 1454. Juan Negrín casó en Fuerteventura con Doña María del Valle, de ilustre alcurnia, de cuyo matrimonio tuvo a Juan II de Armas, primero que utilizó como apellido De Armas.

Algunos De Armas ilustres han sido:

Juan Negrín. También llamado "Aybone" o "Ibone" - Yvón, Yves -, Rey de Armas por nombramiento del Rey de Castilla Juan II (1406-1454). Juan de Armas vino a Canarias con la expedición de conquista de Diego de Herrera a mediados del Siglo XV. Participó en numerosos hechos históricos, entre ellos el desembarco realizado en 1464 en El Bufadero (Tenerife) y como Rey de Armas interviniendo en la ceremonia de toma de posesión de la isla para la Corona de Castilla. Esta ceremonia no pasó de ser un símbolo, ya que no tuvo consecuencias prácticas y fue precisa una guerra posterior (1494-1496) para la conquista de Tenerife, conquista en la que participó su hijo Juan II, o Ibone De Armas.

Juan II (o Ibone) De Armas. Hijo del anterior. Capitán, conquistador de Tenerife. Síndico personero (representante de los vecinos) del Cabildo de Tenerife, de 1518 a 1523. Padre de otro Juan De Armas, existe información de su genealogía hecha en La Laguna (Tenerife) en 1505, ante el escribano Antonio Vallejo. Otorgó testamento en 1532.

Existe en la Real Chancillería de Valladolid un Expediente de Hidalguía en favor de Lucas de Armas, de Sevilla, natural de Berceo, del año 1828.


De otra fuente tenemos la siguiente información:

Apellido Armas

JOSÉ R. PERAZA, Tenerife

Apellido de origen canario. Procede de Juan Negrín, rey de Armas, título que le fue otorgado por el rey don Juan II de Castilla.

Según fray Juan de Abreu Galindo, acompañó a Diego de Herrera y doña Inés Peraza cuando se trasladaron a las Islas en 1454.

Lo hallamos luego, relata Leopoldo de la Rosa, en las tomas de posesión por Herrera de las islas de Gran Canaria y Tenerife, que, es sabido, fueron meramente simbólicas. Del acta de posesión levantada en el puerto de las Isletas, el miércoles 12 de agosto de 1461, y del acto de sumisión de los guanartemes de Telde y Gáldar, deja referencia aquel historiador, que cita entre los testigos presenciales al obispo de Rubicón, don Diego López de Illescas; a don Juan Negrín, rey de Armas, etc.

Juan Negrín casó en Fuerteventura con doña María del Valle, de ilustre alcurnia, de cuyo matrimonio tuvo a Juan II de Armas, primero que utilizó como apellido el oficio de su padre. Casó con Beatriz Guerra, dejando descendencia. Al morir Juan II de Armas, antes de 1505, su hijo Juan levantó pendones en la proclamación de la reina doña Juana, como sucesor de su padre en el oficio de rey de Armas.

Cuando fue conquistada la isla de La Gomera por Machín y Peraza, algunos indígenas adoptaron el apellido Armas, posiblemente por haber sido apadrinados por Juan Negrín.

Las probanzas de nobleza y documentos de los miembros de la familia Armas-Negrín, de la isla de Tenerife, se han conservado en la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves, en Taganana, merced a la preocupación familiar del licenciado Baltazar Cardoso de Armas y Albornoz, beneficiado de dicha parroquia, en los protocolos ante el escribano de La Laguna, Ángel Domínguez Soler, en 1690 y 1693.

Este apellido aparece vinculado al valle de Santa Inés, en Fuerteventura y en Gran Canaria. Figuras notables son don Francisco Bethencourt de Armas, don Francisco de Armas Merino, don Gabriel de Armas Medina y el novelista J.J. Armas Marcelo.

Don francisco de Armas Clos pasó a Tenerife, donde constituyó una brillante familia, que se ha destacado en la sociedad canaria, dando a la misma ilustre arquitectos, militares, ingenieros y catedráticos de la Universidad. Don Antonio Rumeu de Armas lo es de Historia, siendo asimismo académico correspondiente. Es profundo investigador del pasado histórico canario y autor de numerosas obras en las que acredita sus extraordinarias dotes y su capacidad de trabajo. Entre las más notables se destaca por su incalculable valor, "Piratería y ataques contra las Islas Canarias".

Los Armas de Arucas, en su entronque con la familia Gourié, han tenido como representante a don Laureano de Armas Gourié, formado en el extranjero, quien al margen de su condición de ingeniero, cultivó con singular acierto la arquitectura. A él pertenecen edificios tan sobresalientes como el convento de las Madres Dominicas de Teror, la casa de Mr. Davis, que hoy pertenece al estado Mayor de Aire, y la magnífica casa residencial de la familia Sarmiento de Armas, en Santa Brígida. Puede afirmarse que don Laureano de Armas ha sido el mejor restaurador de las peculiaridades arquitectónicas del llamado estilo canario.

ESCUDO DE ARMAS

En campo de oro, un brazo con manga de gules, cuya mano sostiene un pendón con las armas reales de Castilla y León, contrapuesta y superadas de una corona imperial.

domingo, 20 de julio de 2008

El Coronel Juan de Armas Cañas

El Coronel Juan de Armas Cañas, nativo de Guanape e hijo de Vicente María de Armas e Inés Cañas. Casa en Barcelona con Dolores Ruiz Hidalgo, nacida el 11 de Enero de 1.795.

Acompaña a Francisco Jiménez en el comando de las fuerzas realistas que se baten el 9 de Enero de 1817 en Los Barrancones, cerca de Clarines, con el ejército patriota dirigido por Simón Bolívar y donde resulta derrotado nuestro Libertador. En marzo de este mismo año, cuando el Libertador salió de Barcelona con rumbo a Guayana, el Coronel Juan de Armas Cañas cae en una emboscada entre Quiamara y el Carito, y herido, fue llevado hasta el campamento donde se encontraba el Libertador. Conversaron sobre distintos temas y al final el Libertador lo invitó a su mesa. Cenaron juntos. Durante la cena el Libertador le pregunta:

- "Comandante ¿Cuál hubiera sido mi destino si ustedes me hubiesen hecho prisionero en la batalla de Los Barrancones?"

- "No lo dude, - contestó el otro-, Lo hubiéramos hecho fusilar en el acto". Y agregó: "Excelencia de las órdenes para que se designe el piquete de tropas que se va a ocupar de mi ejecución".

-"No, no Comandante, yo no hago fusilar a los hombres valientes". Le dijo el Libertador.

De inmediato ordenó que le fueran entregados al Coronel Juan de Armas Cañas su bestia y sus armas, un salvo-conducto y designaron dos hombres de escolta para que lo acompañaran hasta salir del campamento patriota.

A quien hasta ese momento fue empecinado servidor de la causa realista le impresionó muchísimo la presencia del jefe supremo de los patriotas, como lo refirió mas tarde a sus hijas, en Barcelona. Con el firme propósito de no combatir más contra los patriotas, el Coronel Juan de Armas Cañas llegó a su comando, donde le ordenan participar en operaciones militares en la región de Cumana. El 12 de marzo de 1.818, el Coronel Juan de Armas combate en Carúpano, bajo las órdenes de Francisco Jiménez, contra el General Santiago Mariño, quien perdió la acción. El primero fue herido en el costado izquierdo, y Jiménez de un balazo en la pierna derecha. Tradiciones de familia refieren que ese año 1.818 salió de Maturín por los caños, rumbo a las Antillas y los Estados Unidos. En Cuba adquirió un ingenio azucarero. Regresó a Venezuela el 1.820 y ese año el Libertador firma su Despacho de Coronel vivo y efectivo. Este documento era conservado por un descendiente suyo, el Sr. Ramón Salaverría Lusinchi, y lo envió desde Barcelona al Archivo Nacional en Caracas, en donde debe encontrarse.

Del Oriente Venezolano

Rafael Armas Alfonzo.