sábado 28 de noviembre de 2009

Personajes destacados: Sabana de Uchire.

Juan Bautista Dominguez Alfonzo
José Calasanz Mata Bellorín
La Patria Civil, valores y vivencias (2006)

Nació en Sabana de Uchire en la primera década del siglo XX. Sus padres fueron el hacendado Jesús María Domínguez Armas y la distinguida señora María Teresa Alfonzo Rojas. Fue, al igual que los compatriotas nombrados en las páginas precedentes de este humilde librito, un ciudadano modesto y muy sencillo. Desde muy jovencito se inclinó a la pintura y llegó además a ser un dibujante excepcional. La crítica lo consideró como uno de los mejores plumillistas del país y de América. Expuso sus obras en las más renombradas salas de Venezuela y el mundo. Esas anotaciones las encontramos en el propio catálogo referencial de la Biblioteca Nacional de Venezuela y se conforma en dos trabajos suyos publicados, el primero en 1971 y el segundo en 1974. Participó de manera sobresaliente en concursos nacionales e internacionales.

Cuando me honré y alegre de conocerlo personalmente, me regaló una plumilla que conservo y exhibo orgullosamente en mi estudio jurídico de Sabana de Uchire, dibujada con su excepcional pasión artística que refleja una estampa de la playa y río de Machurucuto, visto por él en abril de 1.937, precisamente a pocos meses de haberse bañado allí el querido tío y pariente suyo, Jesús María Bellorín, de cuyo baño le devino una pulmonía fulminante y murió seguidamente en el vecino pueblo de Cúpira. Es justo reconocer el agradecimiento de mi familia por haber llevado a las queridas hermanas Delia Mercedes y Esther María a dibujantes de Cartografía Nacional.

Cabe señalar que Juan Bautista Domínguez Alfonzo distinguió y apreció muchísimo a mi madre Mercedes Bellorín y a su hermana Sofía Bellorín. En visita dispensada en la casita de Coche a su querida prima, la Chicha Bellorín (así, familiarmente, llamaba a mi madre), me contaba en medio de las inolvidables tertulias sabatinas sostenidas en compañía del otro gran uchirense Jesús Salvador (Chucho) Marichales, del apasionado y largo romance juvenil sostenido por su linda hermana Bertha con Chicho Mata. Juan Bautista Domínguez me hablaba también con frecuencia del afecto y distinción que le dispensó al ya nombrado Chucho Bellorín, fallecido como se dijo por las fatales circunstancias derivadas de su baño en la playa de Machurucuto, plasmada en su ya referida plumilla.

Domínguez Alfonzo había nacido en la mansión de tejas, diagonal a la casona de los Armas Álvarez, construida por su padre Jesús María Domínguez Armas. En esa mansión también vivió Don Manuel Marrero, padre de Rafael, Rosario y Rosaura Marrero Armas, nativos también del pueblo de Uchire y quienes después se fueron a vivir para siempre a Valle de Guanape, así mismo sus hermanas naturales, Bertha y María de los Remedios Marrero fijaron su residencia en dicho pueblo de Valle de Guanape. En medio de la admiración y el aprecio por su fama de gran dibujante y plumillista, hace dos años (2004) Juan Bautista Domínguez Alfonzo se despidió de este convulsionado mundo, en la ciudad de Caracas.





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Juan Bautista Domínguez Alfonzo
Teresa Piñana Vives.

Juan Bautista Domínguez Alfonzo es un hombre apacible, tranquilo, alejado de ruidos y publicidad. Tras su aspecto bonachón y sensible esconde un espíritu latente de vibraciones emotivas que redundan en un arte exquisito en paciencia y perseverancia: el dibujo a plumilla.
Me costó mucho aceptara contestar algunas preguntas periodísticas: “No sirvo para eso”, dijo. ¡Claro, lo él es pintar, pintar, pintar¡ Sin embargo insistí y resignadamente tomó asiento, entrelazando sus manos con su poquitín de nerviosismo.

- ¿Cuándo comenzó la afición a dibujar?

- Desde que era muy niño. Nací en Sabana de Uchire, Estado Anzoátegui, y cuando comencé a tener uso de razón, no me perdía las revistas que tuvieran dibujos y grabados. Así, poco a poco, adquirí un modo de hacerlo de forma personal, un modo más mío.

Juan Bautista cree haber hablado ya demasiado. Insisto y así me entero de otras cosas. Por ejemplo: adolescente se viene a Caracas y actualmente trabaja en la Compañía de Teléfonos (es allí un funcionario sumamente querido por sus compañeros). La Capital y luego, gracias a viajes de tipo profesional, Margarita, Puerto cabello, Coro, Maracaibo, Mérida y otras ciudades le permiten entronizarse en la recia y sólida arquitectura colonial.

- Encontré en la plumilla la expresión justa para dialogar con esos rincones tan hermosos como escasos. Sin embargo, trabajo intensamente el óleo.

El arabiente colonial es pasión en Domínguez y lo busca en celosas correrías por ciudades y pueblitos del país. Cuando los encuentra, los plasma con su plumilla en maravillosa exactitud, cargada de tradición, sinceridad y vocación.

En óleos es todo un maestro. En plumilla, Juan Bautista Domínguez es único en el país. Domina el oficio a conciencia, sin llegar a eso que se llama “imagen fotográfica”. Eso está lejos de él y de su quehacer. En su labor hay el secreto de un gran artista: mística, expresión sensible, personalidad, precisión e independencia.


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Presentación con motivo de una de sus exposiciones.

Hoy ofrecemos una muestra especialísima: la magnitud del pintor venezolano, Juan Domínguez Alfonzo.

Artista dedicado al dificilísimo arte que hiciera famoso el mago del Renacimiento Alberto Durero, “la plumilla”, expresión casi olvidada. Hoy día es difícil encontrar verdaderos artífices de la tinta china.

Domínguez está considerado entre los tres mejores pintores plumillistas, y por coincidencias, llamados Juan Francisco Domínguez, genio del dibujo taurino, “España”; Jean Dominic, creador de personajes, “Filipinas”; Juan Bautista Domínguez, gran paisajista, “Venezuela”; de manera que el trabajo hecho con honradez personal, con un sentido estético sumamente puro y la limpieza de su obra, le han catalogado internacionalmente, en primer plano. Las líneas ejecutadas con destreza y agilidad se entrecruzan y distorsionan, perfilándose los contornos y espacios llenos de luz logra movimientos en los árboles. Al dibujar casas, calles y plazas coloniales, estiliza el trazo, curva las líneas, puertas, ventanas y rejas pierden severidad y rectitud, dando la sensación que salieran de cuentos, leyendas, y épocas lejanas y no fueran pintadas del natural.

Con razón, se ha llamado a Juan Bautista “El Cantor de Hispano-América”, el ama la tradición, vive fiel al resurgimiento del ayer, a la edificación que hermanó tierras diferentes, que cambió la choza de paja y barro por casas de paredes y techos sólidos, creó caseríos y ciudades, que hoy a través de los cuadros de Domínguez se valorizan y, la similitud entre diversos países, demuestra en la historia de las Naciones, la nobleza de la raza que formó los pueblos Hispanos que fueron orgullo y baluarte de la Madre Patria, ahora ya libres, poderosos y fuertes, orgullo de América, más siempre con las raíces que con las traídas de allende los mares, se plantarán en esta tierra ubérrimas y fértiles, que dieran los grandes frutos de religión, credos y arte.

Ese misticismo con que labora Domínguez, le hace recorrer lugares y sitios históricos en búsqueda de rincones iguales, que el tiempo hará olvidar, pero quedarán como testigos en el trabajo sencillo y único que tiene el mérito de auténtico y veraz, por lo que su labor es reconocida en el Mundo, no solo como artista, sino como historiador gráfico, como poeta y como hombre.

jueves 26 de noviembre de 2009

Navidad en Oriente

LA NAVIDAD EN EL ORIENTE VENEZOLANO

Rafael Armas Alfonzo

Del Oriente Venezolano

Págs. 42 a 46.


El 25 de diciembre el mundo cristiano celebra el nacimiento de Jesús de Nazaret. La palabra navidad, del latín nativitas, significa nacimiento. Este acontecimiento histórico se celebraba antiguamente en diferentes fechas, hasta que una mayoría de pueblos cristianos acordó celebrarlo en la fecha en que se celebra actualmente.


La Navidad es la más grande festividad religiosa de la iglesia cristiana. De cuantas leyendas o tradiciones se tiene noticia, ésta, la del nacimiento de Jesús, es, sin lugar a dudas, la más hermosa, la más bella, la que cala más hondo en el corazón de todos. ¿Quién no se conmueve ante la proximidad de la Navidad? Es también la fiesta de los niños, de su incontenible y bulliciosa alegría, y, por contraste, es también la que mayor suma de recuerdos, de nostalgia y de tristeza trae al ánimo de todos los hombres. Nombrar diciembre y asociarlo con el color y la alegría de los inolvidables recuerdos de la infancia, es una misma cosa. Cada año, con los primeros cantos navideños –los aguinaldos- todo ese mundo de vivencias aflora espontáneo, preciso, con todo el poder y fuerza que tienen los recuerdos de la infancia: la casa paterna y el deseo de los padres por hacer que nos sintiéramos felices a esa edad, la compañía de los hermanos y el trabajo de poner el nacimiento o adornar el arbolito, los ensayos de los aguinaldos y la gran satisfacción de ver hacer las hallacas por las manos hacendosas de la madre. ¿Quién escapa a esos recuerdos?


En Oriente la Navidad reviste un acontecimiento extraordinario por celebrarse con toda la fragancia y el sabor de la tradición. Andaluces o catalanes, o isleños de Tenerife, pobladores de estas tierras, dejaron aquí –con las costumbres tradicionales de su pueblo- sus cantos y su música. El aguinaldo propiamente dicho, es español y es este quien lo trae a América con el cristianismo y todas las influencias culturales de los antiguos íberos, los romanos o los árabes. A esos cantos que llevaba el juglar de villa en villa, el español los sigue llamando villancicos. Nosotros los llamamos aguinaldo y aunque en él perduran las antiguas raíces, siempre hay un fondo cultural, mejor dicho, un fondo de aportación cultural el indígena o del negro; más de las antiguas tradiciones del indio que del negro. Una muestra la tenemos en los aguinaldos que se cantan en cada región donde la variedad de sentimientos e intenciones sirven para exponer junto al chispeante humorismo del blanco, la sobresaliente desconfianza del indio o la malicia encubierta del negro.


En Barcelona, Urica o El Chaparro, Clarines o Sabana de Uchire, los aguinaldos sirven a esas intenciones y también a otros intereses. En la Navidad del año pasado, en Uchire, se oyeron estos aguinaldos improvisados por un hombre del pueblo:


¡Ah¡ Niño de Uchire,

yo te lo decía:

que al cambiar de mando

yo te cantaría.


Y viendo al niño en el pesebre, casi ahogado entre un pajonal de un verde intenso, que esa tarde habían recogido en la sabana, agregó:


Quítenle la paja,

al niño de encima,

que si está llorando,

algo le lastima.


Cantadores de aguinaldos, en cada región, constituyen un valioso aporte folklórico. En Sabana de Uchire son memorables los aguinaldos cantados por Bartolo y Julio Morales, Victorio Catamo, Chulo Guacha y Jesús Malagueña. En Lechería un grupo de viejos pescadores margariteños cantan unos aguinaldos con un sentimiento y una emoción jamás sospechada. Y no solo eso, la melodía de ese canto, así como su letra, es algo realmente inolvidable. Es curiosísimo el hecho de que los cantadores casi siempre son hombres mayores, de cabeza blanca, que en la alta madrugada de la noche de Navidad salen de sus casas formando una comparsa –con cuatro y maracas- para buscar la compañía de otros paisanos o familiares.


En cuanto a vivencias folklóricas relacionadas con la Navidad, estos pueblos de oriente conservan un valioso acervo cultural. En Anzoátegui sobresale la danza o baile indígena que tradicionalmente se baila por estos tiempos en Caigua, un antiguo pueblo de misión. En este baile se observa muy poca o ninguna influencia de lo español. En Cumaná, el diablo –un hombre- representa el concepto religioso y moral de la idea del mal y aunque en su atavío o disfraz se incluyen componentes indígenas, o que usa el indígena, su caracterización no es autóctona; lo trajo el español. En el mismo Cumaná es notable y digna de verse la comparsa que todos los años, por Navidad, organiza Georgina Rodríguez, la Negra Georgina: El Guarandol, con su melodía y coreografía propias, no faltan en diciembre. Georgina es de Chiclana y el enorme pájaro, que otros años vistió con papel blanco rizado, quién sabe este año que color vestirá. Pero no se crea que esa comparsa de la negra Georgina es la única que organizan en Cumaná. El Carite y El Chiriguare, y muchas otras, son dignas de verse en muchos pueblos del Estado, en Nueva Esparta y Anzoátegui.


Hombres de letras en todos los tiempos, han escrito sus impresiones en relación con la Navidad. Nos llena de orgullo y satisfacción mencionar entre ellos al poeta José Tadeo Arreaza Calatrava, que escribió el más bello y el más nacional de los poemas infantiles que tratan de la Navidad, antes de crearse la necesidad pedagógica de una literatura infantil, a la que aportó notables antecedentes Rafael Olivares Figueroa. El poeta Arreaza Calatrava se dejó conmover por los recuerdos de su niñez en Aragua de Barcelona y escribe la más inolvidable literatura que hoy puede leer el niño venezolano.


En cuanto a la costumbre de ofrecer regalos en la Navidad, pensamos que esta puede tener su origen en la historia de los tres Reyes Magos, quienes llegaron con sus presentes para el niño Jesús, doce noches después de su nacimiento. Es verdad también que existe una versión que atribuye esa costumbre de los regalos como proveniente de una antigua celebración romana: el 21 de diciembre es el día más corto del año. En la antigua Roma era costumbre celebrar la llegada del invierno, y, a partir de esa fecha, los romanos se hacían mutuamente regalos para festejar la mayor duración de los días. La tarjeta de Navidad tuvo su origen en Inglaterra; su intercambio comenzó en 1840. En los países cristianos esta tarjeta de Navidad constituye una expresión de afectos y simboliza nuestra alegría por el nacimiento de Jesús.


El arbolito de Navidad parece ser originario de Alemania. Se ha dicho que el monje San Bonifacio, en el siglo VIII, adornó el primer arbolito. Fue una buena idea. Los sajones aportaron la escarcha, el bastón rojo y blanco y las medias muy decoradas, propias de estos días.


En Italia, Francia, España y en toda la América Latina, la representación del nacimiento de Jesús con figuras de barro, cerámica o yeso, constituye una vieja tradición, cuya paternidad se atribuye a San Francisco de Asís. Él, que tanto amaba a los animales, el año 1.224, teatralizó el rito navideño, escenificando la historia. Se cuenta que llevó a una de las naves de su iglesia elementos vivos y, encabezando grupos de aldeanos, bailaba y cantaba villancicos alrededor del nacimiento. Así fue como nació la tradición del nacimiento y surgieron después las figuras de arcilla, yeso o madera, representando a cada uno de los personajes de la historia bíblica.


En cuanto a Santa Claus o San Nicolás, su representación proviene de una vieja costumbre holandesa. San Nicolás es amigo de los niños, patrono de los marinos, de los empleados y de los maestros. En Norteamérica cambiaron a San Nicolás por un hombre gordo, vestido de rojo con adornos blancos. Desde el polo norte, por estos días de Navidad, viaja en un trineo tirado por renos. Los niños deben colgar sus medias la víspera del día esperado para que Santa Claus les deje allí sus regalos o dulces.


Leyendas o tradiciones, con distintos orígenes, y, por supuesto, con diversos aportes culturales, emotivos o sentimentales, es cuanto de sabor y color a estos días de tanta significación como son los de la Navidad.




¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad¡




El Morro de Barcelona, 22 de diciembre de 1972.

viernes 20 de noviembre de 2009

La huella imborrable del Maestro José Ramón Camejo Sabino

La memoria de los tiempos de la educación en lo que hoy configura esa imagen de yunque, con la ancha base de las aguas del Orinoco, esto es, la representación geográfica del Estado Anzoátegui, nos acerca la presencia humana del maestro don José Ramón Camejo. Su única iconografía, un retrato de los finales de su vida, perpetúa los rasgos de un anciano: el pelo liso, blanco, el bigote entrecano que le cae sobre una boca pequeña y fina, los anteojos disimulando los estragos de la visión ya menguada. Su trance vital lo lleva desde El Chaparro, donde nace el 14 de abril de 1839, hasta Clarines, donde se apaga su luz en 1.919. Cada huella de su existencia es un colegio donde además de la instrucción se enseñan las ideas de una filosofía de la más inquebrantable moral. Instructor y ético en Ciudad Bolívar, Upata, Aragua de Barcelona, Trinidad, Zaraza, Maracay, La Victoria, Caracas, y, finalmente en Clarines.

Fue autor de varias obras didácticas y de muchísimos artículos de carácter científico y literario. En 1.882 publicó Instrucción Moral y Religiosa, un tratado de tanta vigencia en aquella época, como hoy; autor también de una Historia de Venezuela y de un Manual de Pedagogía, por cierto, el primero que se publicó en nuestro país, y, en colaboración con el Dr. Ramón Isidro Montes, fue autor de una Gramática. Don José Ramón Camejo creyó en la misma escuela de vocación artesana que ilumina la permanente angustia de don Simón Rodríguez y como este mesiánico trashumante jamás tuvo descanso ni recompensa.

Paralelamente al tiempo del maestro Camejo, la historia de la educación en Anzoátegui asume otros nombres perdurables: Domingo José Guzmán Bastardo, médico y Teniente de Ingenieros, fundador del Colegio San Juan Bautista en Aragua de Barcelona; el Bachiller Narciso Simón Fragachan, así como su padre el Bachiller Carlos M. Fragachan; el Bachiller Luís Arreaza Matute, Rafael Caballero Sarmiento. Estos forjan en Aragua de Barcelona el destino social de generaciones de venezolanos desde una cátedra que junto al programa de estudios configura hechos de conducta y de esa rectitud que es un poco la semblanza étnica de estos creadores de cultura.

Ningún tiempo de desprecio como el que padecen sus nombres, los puede borrar de los anales de educación en el Estado Anzoátegui.

Del Oriente Venezolano
Rafael Armas Alfonzo
Pag. 105

Clic para ver descendientes de Jose Ramón Camejo Sabino.

jueves 17 de septiembre de 2009

Jesús Rafael Saume Barrios (Chucho Saume)


Es para nosotros un inmenso orgullo presentarles a continuación, breve semblanza de uno de los hombres más relevantes en la historia contemporánea de Guanape, escrita por dos de sus más cercanos, dilectos y fraternales amigos: Alfredo Armas Alfonzo y el Dr. Juan Zeiden Álvarez. Ambas reseñas forman parte de las dos obras escritas por Jesús Rafael Saume Barrios, quién plasmó en ellas un hermoso legado de memorias nacidas en esta porción de la Cuenca del Unare y las filas del Uchire y, se han convertido en lectura de referencia obligada para quienes deseen conocer con mas detalles,  como transcurría la vida cotidiana de las gentes en este pueblo oriental.


 

Algo de Guanape

Jesús Saume Barrios



  

DEDICATORIA

a Sinforoso Macayo

memoria motivadora de este modesto trabajo

 

a Alfredo Armas Alfonzo

quién dijo las palabras de estímulo

 

a mis hijos

 

  

Como presentación

Dr. Juan Zeiden Álvarez



Mientras uno más vive, uno más ve, podría legítimamente pensar el lector de las páginas de este libro. En efecto, si su autor es un comerciante ajeno totalmente a cualquier actividad de tipo literario, como es posible que para su presentación, elija a una persona casi tan justamente lejana como él de esos menesteres. Cosas que se ven, seguirá pensando quién lea.


Escribir unas hojas y apretujarlas en forma de volumen, es una tarea tan ardua y delicada como que muchos empeñen toda su vida en ello sin lograr al final ni una discreta recompensa práctica, o estima. Pero no es la primera ni la última motivación de estas páginas ni metas prácticas ni estima; otros son los deseos, y he allí la razón por la cual el presentante acepto gustosamente participar en la aventura. De venir el elogio, de venir el estímulo, ha de ser por una vía común a todo buen venezolano: el amor a una tierra, a unas gentes, a un tiempo y a unas cosas cada día más distantes. Eso sí, perfectamente podemos asegurarlo.


Complica esta salvedad ¿quién es el autor?, quién es Saume? Nadie. Un venezolano común y corriente con medio siglo arriba, natural de Guanape, con el alma en Guanape y cuya última voluntad será la de ser enterrado en Guanape; un venezolano común y corriente a quién la escuela solo pudo enseñarle, quizás, hasta un cuarto grado malo; un venezolano común y corriente cuya vida ha tenido que ganarse con oficios comunes y corrientes; un venezolano que desde su negocio en la Avenida Bolívar de Maracay, gana el pan de sus hijos diariamente comprando a tanto y vendiendo a cuanto; un venezolano más, que come, calza, viste y tiene necesidades.


Pero Saume, amigo lector, para quienes de veras lo conocen, tiene como la luna, otra cara y esa es, a nuestro parecer, la auténtica, la genuina, la valedera. Fácil es descubrírsela. Vaya Ud. Un día a su comercio, háblele de algo de antes, por ejemplo de los muertos que salían en los caminos o de los juegos con que se divertían los muchachos, y a buen seguro que la clientela presente acusará, a poco, la incomodidad. Pues, si, por eso, porque él es uno de los tantos que por equivocación o necesidad no hace lo que debe estar haciendo; porque tiene el cuerpo en el negocio y la cabeza pensando quién sería el primero que hizo su casa en Las Varas, cuantas veces le roncó el tigre a Ramón Marapacuto, o quién diablos fue el primer capitán que derrotó a los Tomusas; porque vive sintiendo como pudo hacerse esto y no aquello por el bién de los montes, de los ríos, de las viejas casonas, porque vive soñando en el día en el cual, al fin, los humildes de Guanape satisfarán definitivamente la sed de justicia y de pan por tanto tiempo preterida. Ese es el Saume de sus amigos, el verdadero Saume, el hombre Jesús Saume.


El libro, por supuesto, dice lo que ya es de suponer que diga, y lo dice como es de suponer que debe hacerlo. Mas, falta algo por saber: fue hecho dándole pellizquitos al tiempo y un trompón soberano al propio bolsillo.


Algo fuera de lo común, se diría, pues, no puede ser para menos eso de estar un comerciante restándole tiempo a su comercio y dinero a sus haberes para dar a luz un libro. Con libros no se come, con libros no se gana dinero según se oye lo que se oye. Peor aún ¿un libro sobre Guanape? ¿Qué es Guanape?.


Guanape, amigo mío, le adelanto, es un pueblecito más de esta patria sin memoria, fundado no se sabe por quién, ni nadie sabe cuando, en la porción mas noroeste del Estado Anzoátegui. Fue lugar donde hubo población aborigen repartida en tribus de diverso nombre pero de igual coraje, al que regaba un río cuyo bien disfrutaban los Tomusas en la más pura inocencia. Fue un lugar de riqueza, de conquista y de sangre. Fue un lugar ni más ni menos igualito a tantos de la patria a los que la incuria y el nuevoriquismo han llenado de aceite, quemado sus montañas, destruido su historia y sus leyendas, secado sus aguas, etc., etc.   


No se resigna el autor a mirar con ojos de tristeza y frustración lo que fue, o es, patrimonio espiritual suyo y de los suyos, sin tomar parte militante en la obra del señalamiento y el rescate de tanta hechura y cuestiones olvidadas. Así dio rienda suelta a la memoria para hilar esas evocaciones de gente y cosas, de costumbres, de sentimientos y de dramas, de todo lo que vio y oyó.


Guanape es pueblo padre. Hijos suyos dos magníficas poblaciones vecinas: Valle de Guanape y San José de Guaribe. Muchos son los descendientes de los tres pueblos que hay regados por toda la extensión de Venezuela. Lo menos que podemos pedirles, especialmente a ellos, es que lean el libro, no con ojos de chismoso aldeano, sino con la mirada curiosa a que invita el origen, pero a la vez fecunda, a que obliga el amor.


 

Sucesión de Jesús R. Saume Barrios


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Silleta   de   cuero

Jesús Saume Barrios

 

 

BREVE EXPLICACION

 

La historia menuda, los grandes acontecimientos, las murmuraciones, las pequeñas y grandes transacciones mercantiles, el noviazgo, el matrimonio, el compadrazgo, la conspiración política, los cambios de jefes civiles, de jueces y policías; lo sucedido en las fiestas patronales y en las galleras, las crecidas del río, lo bueno o lo malo de los inviernos y de las cosechas, las bondades curativas de algunas plantas, la gravedad y muerte de alguien, y todo lo que había que decir y escuchar, se dijo y se escuchó en una silleta de cuero reclinada en el marco de una puerta de cualquiera de los pueblos de Venezuela adentro; así por lo menos sucedió en Guanape, Valle de Guanape, San José de Guaribe y Sabana de Uchire. La gente de estos lugares no tuvo otra forma de comunicarse entre sí, como no lo fueran las tertulias de todos los días en las puertas de las bodegas o en las puertas de una casa de familia sentados en silletas de cuero; en ellas se daba y se recibía toda la información del acontecer cotidiano. No era lo que se conoce despectivamente como “chismografía de pueblo”: Era la historia de cada conglomerado lo que se redactaba a diario en esas reuniones, para con ell tiempo ser transmitida de generación en generación de la misma manera: en la puerta de una bodega o de una casa de familia. Aceptemos, pues, como positivos, los relatos que aparecen en estas páginas; algunos de ellos, seguramente, habrán sufrido variaciones, pero la esencia de los mismos no ha sido alterada.

                                                                               Jesús Saume Barrios

 

 

 

 

 

 

EPILOGO PARA

 

EL  COMPAÑERO  QUE  SE  DEVOLVIO

Alfredo Armas Alfonzo

 

La misma doña Tea, con esa suavidad de la que nadie se olvidaba después de eso, fue  manuscribiendo a lápiz, con letra toda ingenua, la noticia de la llegada de los hijos: José de Jesús, nacido en Guanape en 1924, bautizado en Clarines, sus padrinos don Francisco José Ávila y Sinforosa de Saume. Julián Ramón, nacido en Guanape en 1925, padrinos don Juan García y Carmen Teresa Ávila Chacín. Jesús Rafael, nacido en Guayabal de Guanape el 13 de octubre de 1927 y bautizado en Guanape, sus padrinos Pancho Pepe Ávila y Mercedes Saume. Antonia, también de guayabal un día de San Antonio de Padua, que tubo de madrina a Angélica Guarda. Luis, también en Guayabal en 1930 y bautizado en la población de El Valle, sus padrinos Rafael David y Raquel Ávila.


Jesús Rafael –Chucho más bien, Chucho Saume- es el autor de este libro y de otro anterior con título de Guanape, que es como se llama de otra manera la forma de querer a algo que está en la sangre y en la saliva de cada quién aquí venido a este territorio junto a un río antiguo que remecía el sueño con el fragor arrastrado de su piedra, entre vientos de flores de tiamo, ya apagado y sin eco el vocerío de la soldadesca de cuando el comandante Calixto Vicente de Armas alzaba sus banderas como la coitora su pluma nueva, como el gavilán del rastrojo la sangre de su pico, como la pavita montañera ese lamento de campana rota con que anunciaba la noche aciaga de todo mortal. Pero es verdad: Nadie nunca podrá mencionar esa palabra del caribe sin acordarse de unos ojos de mujer bonita, del padre abriendo la patilla para compartir su ambrosía, de la mano de la madre que era maestra además y podía evitar con un solo gesto de su ceño al acecho de la culebra al hijo de su ser; de este hecho condicionante del alma que supone haber nacido aquí frente a una plaza donde solo se alzaba la flor de la reseda. (El busto de Bolívar se puso al medio siglo de darle al pueblo la filiación municipal.) Chucho Saume era de los que creían con honesta convicción que ser de Guanape garantizaba la condición de buena gente; no provendría la insania de ese alero quieto y sereno del costado de la vela de La Candelaria, ni la hubiese consentido como conducta de cristiano fiel aquel Padre José Ramón medina, desde cuya huesa, en la iglesia de Guanape, algún espíritu celestial cuida de la observancia del deber moral del nutrido de este destino. Este Chucho Saume, que se muere el 9 de mayo, dejando a todo el mundo en la más dolorosa de las aflicciones. Se había quejado de un dolor de cabeza y desatiende una señal del mal que se lo lleva, sin proponerse nada para el viaje, en cuestión de horas.


Yo no se si uno debe acallar a veces el mandato del corazón, y alejar de sí la máscara de todo concepto de lo literario y lo periodístico, para proponerse decir aquí que ninguna muerte como la Chucho Saume tan innecesaria, inoportuna e imprudente. Para uno, porque este hermano de uno, familia de todos, carecía de semejante parecido a él, amigo de todos los días y todos los años, de todos los instantes de la vida ajena o cercana, que él hacía suyas, como cuestión de consanguinidad inevitable; hombre de la preocupación más constante por el que sabía de buena o poca salud o del que no sabía nada, así fuera grande o poca la significación en lo social o lo fundamental del otro, un mismo sentimiento para aquel conocido de entre los humildes de la región natal o un jefe del ejército, un doctor o el tipo de la calle; este Chucho de esos seres escasos de la tierra que uno necesita con apremio para saber que la mano que le apoya en el hombro es la garantía y la certidumbre de una solidaridad sin la cual nadie puede optar a la paz cotidiana. En nuestro caso, la suerte nos ha dado amigos y conocidos o la posibilidad de contactos con demasiada gente, pero yo digo, con la verdad entre todo por delante, que nadie como el tercero de los hijos de Tea Barrios y Julián Saume Aguilar –el de la realidad de rehacer una economía cafetalera de una abandonada hacienda- , que nadie como Jesús Saume Barrios me había deparado tanto bien como para que uno no se sintiese caminando apresurado entre la oscuridad solo con su cobardía. Yo sabía que donde estuviésemos Jesús Saume Barrios me iba dando la confianza como para no caer en un riesgo. Yo se también que a partir de este 9 de mayo yo no vislumbraré sino oscuros trapos negros tenebrosos en la casa de ese antaño bisabuelo en cuya compañía me supe la mañana de Guanape del sábado 11 de junio de 1977, llamándolo con la voz de su alma ardida y yo heredero de la suya junto a aquel pueblo todo que era de Jesús Saume Barrios además del comandante mío y de él, Calixto Vicente Armas. Yo veía a Chucho mientras recitaba mi discurso y yo sabía pero de verdad verdad que la raíz del cuerpo del hijo de Rafael Armas Chacín y Mercedes Alfonzo se enredaba aquí entre los greales colectivos.


Y por él, por propio Chucho Saume, que no tenía razón ninguna para dejar de escribir los otros libros de la más amena escritura y la más ancha emoción de deber realizado y ponerse a olvidar infortunio y pobreza y esa memoria de un pasado en que debió realizar trabajos de muchacho de mandado o de peón, y sin embargo, el pesimismo no lo hirió nunca como para endurecerle la riza o la alegría de su rostro de campesino. En aquellos días dolorosos de la clínica fue que abandonó –dice uno, sin saberlo- el pensamiento de lo que debía contener el libro sobre Puerto Píritu, adonde se fue, muchacho, a trabajarle a R.A. Cuenca, y el mar enfrente lleno de reflejos de vidrio a los que él se asomaba deslumbrado. Yo quiero recordarlo así, entre la luz del naciente.


Yo declaro que me equivoqué cuando me supuse –y lo dije- que desde Píritu de Peñalver al monte Paraguayaco no se encontraba más que la soledad de los desiertos donde solo sobrevive la acechante cascabel. Y no: uno haya el fruto del pichigüey, la flor escondida del pichigüey y su néctar exquisito, de poca sal como la lágrima de la novia que dejamos atrás; a su lado, quitándole las espinas, Jesús Saume Barrios, a quién ya uno no puede llamar para que lo ayude a cruzar el río crecido y fragoroso de toda incertidumbre.



 

“Jesús Saume Barrios no alcanzó a ver publicado su segundo libro, este, que más que memoria nostálgica de su pueblo tal como él lo vio o conoció de oídas, es extraordinario documento del más inapreciable interés histórico para un examen de la sociedad de una comunidad determinada del país durante ese proceso de cambio comenzado desde principio de siglo.


El autor nunca midió el alcance de un trabajo más que literario, de valor antropológico por el que se asomaba al Guanape que amó tanto y entre cuya tierra deseó acabar en paz y descansar para siempre.


A veinte para las once de la noche del último mayo, la muerte cambió los planes del escritor y el campesino que él insistía seguir siendo obstinadamente.”



 Silleta de Cuero, Pág. 285, 286, 287, 288 y contraportada.

Sucesión de Jesús Saume Barrios.



Publicado por Gustavo Dominguez Martinez


 

domingo 9 de agosto de 2009

Personajes del Oriente Venezolano.




Roberto O. Domínguez Armas

Mariela Domínguez Hernández



“A mi gran Maestro,

en honor a su memoria”.


Roberto Otilio Domínguez Armas, nace en la población de Guanape, Estado Anzoátegui, el día 13 de diciembre de 1919, de la unión matrimonial entre Roberto Luís Domínguez Armas y Susana Armas Rodríguez, ambos guanapenses y pertenecientes a las familias fundadoras de este pueblo de la Cuenca del Unare. Es el segundo de cinco hermanos, todos nacidos en este pueblo: Ligia, Roberto Otilio, Rafael Vinicio (Cubín), Carmen Vestalia y Juán Salvador Domínguez Armas. Inicia y culmina sus estudios de primaria en la ciudad de Barcelona, en donde su madre regenta una pensión ubicada cerca de donde actualmente se encuentra el Hotel Neverí. Entre sus condiscípulos podemos mencionar a Tomás Alfaro Calatrava, Octavio Lepage, Rafael Guzmán Garroni y otros conocidos personajes de la zona. Posteriormente viaja a Caracas y los Teques en donde cursa hasta el tercer año de bachillerato. A pesar de sus pocos estudios, fué un conocedor de leyes y diestro en el manejo de sus conocimientos.


A la temprana edad de 17 años, comienza a trabajar para ayudar con el sustento familiar, en el recién creado Ministerio de Sanidad, desempeñandose como Inspector Sanitario, forjando para ello una partida de nacimiento indicando haber visto luz en el año de 1918. En el ejercicio de sus funciones recorre varias ciudades del país y, es precisamente en la población de Charallave, en donde conoce a Carmen Luisa Martínez Pérez, natural de Tácata, Estado Miranda, con quién contrae matrimonio el día 06 de febrero de 1945 y de cuya unión nacerán siete hijos: Roberto Luís, Tania Coromoto, Alexis Rafael, Enrique Gustavo, Luis Carlos, Gustavo Alfredo y Algimiro Domínguez Martínez.



Fué miembro fundador de los partidos U.R.D. y el P.C.V. cuando se perseguía, se torturaba, sedesaparecían y secuestraban a los revolucionarios llamados izquierdistas, principalmente a losmilitantes del P.C.V. en tiempos cuando pertenecer a partidos de izquierda no era bién visto, lo que trajo como consecuencia ser perseguido político durante los gobiernos del General Marcos Pérez Jiménez yRomulo Betancourth,además de ser privado de su libertad en cárceles venezolanas. Por esta razón, además de haber expresado su apoyo por escrito a una manifestación de trabajadores petroleros, es destituido de su cargo que ejerció por 24 años en el Ministerio de Sanidad.


Hasta mediados de los 50, sus viajes al pueblo natal eran contados y distantes. Es a partir de 1954, cuando la permanencia se hace prolongada y frecuente, como consecuencia de la muerte de su padre ocurrida en la ciudad de Charallave el 09 de Junio del mismo año. Asume parcialmente la administración de los bienes de su tía Josefa María Domínguez Armas (viuda de Rafael Medina Armas), nombrando como Tutor Interino al Dr. Alonzo Calatrava Gago. Desde entonces y hasta el año 1963, su vida transcurre entre ir y venir a Guanape, Barcelona, Charallave, Cúa y Corralito en donde fija residencias de corta duración. En pocos años se asienta definitivamente en el fundo El Rincón y Charco Largo, ubicado en Mayares, jurisdicción de Guanape desde donde estrecha lazos de fraternidad con todos los pueblos vecinos.


Mantuvo una relación muy cercana con quienes adversaban a los gobiernos de turno, especialmente con Don Chicho Mata de quién adquirió el conocimiento para elaborar con el arte xilográfico, los escritos que clandestinamente publicaban. Se dedicó al sector agropecuario, enalteciendo el esfuerzo de superación del hombre y la mujer en el medio rural, en su labor como expresión de la voluntad en el quehacer de cada día de una comunidad progresista, siendo luchador constante de justicia y mejoras para los ganaderos y su pueblo, en la fundación de varias Asociaciones que agrupaban a este gremio, entre las que podemos mencionar las de Barcelona, Zaraza, Valle de la Pascua, Tucupido, Guanape, Valle Guanape, San José de Guaribe y Clarines.


Así mismo, fué miembro fundador de la Cooperativa de Electrificación Rural Peñalver-Bruzual-Guaribe, donde su voz sirvió para denunciar muchas irregularidades.


Su inquietud por la unidad de los gremios productores, su enérgico y didáctico discurso, le hicieron participar activamente en varios acontecimientos públicos, entre los cuales podemos mencionar:

- Presidente de la Asociación Regional de Ganaderos del Estado

Anzoátegui (1977-1980).

- Productor Agropecuario en el Desarrollo de la Cuenca del Unare (11, 12 y 13 de agosto de 1983) en la solicitud para la creación a nivel regional de la Autoridad única de Área de esta Cuenca.

- Orador de Orden en la Sesión Solemne de las Fiestas Patronales de Guanape (1984).

- Recibió la condecoración “Orden Manuel Ezequiel Bruzual” en su Segunda Clase (1986).

- Miembro Fundador de Funda Guanape y Amigos de Guanape (1986).

- Asesor del Centro Cultural-Deportivo Guanape (1987).

- Canciller de la Orden “General en Jefe Manuel Ezequiel Bruzual” (1988).

- Orador de Orden en la Sesión Solemne de las Fiestas Patronales de Valle de Guanape (1988).

- Orador de Orden en la Sesión Solemne de las Fiestas Patronales de Guanape (1989).

- Orador de Orden en la Inauguración de la Casa de la Cultura “Jesús Saume Barrios” de Guanape (1991).

- Presidente de la Asociación Civil de Padres y Representantes de la E.B.N. “Diego Bautista Urbaneja” de Guanape y del Liceo “Juán de Urpín” de Valle de Guanape. Además apadrino varias promociones de 6º Grado y bachillerato.

- Presidente Vitalicio de la Asociación de Ganaderos de Valle de Guanape.

- Miembro activo de la Asociación de Ganaderos de Guanape.



Consideraba de vital importancia para los sectores sociales y económicos, “el fortalecimiento de las Asociaciones gremiales como garantía para la estabilidad de la existencia y el desarrollo propio de los pueblos, no solo por su actitud solidaria con los productores agropecuarios, sino necesarias para que la población viva la justa aspiración de felicidad”.


Este hombre de mediana estatura, de clara, sencilla y definida inteligencia, pero sobre todo de gran calidad humana, hace que se le recuerde por su sencillez, razón por la cual gozaba del aprecio de mucha gente, que cariñosamente le decían “Robertico”, “Pariente” o “Don Roberto”.


Soñó con “ayudar a calmar la sed de Guanape”, donando parte de sus tierras en la Finca El Rincón para la construcción de una represa, sueño que por mezquindades políticas aún no se hace realidad.


Aficionado a las letras, demostró sentimientos con espontaneidad, diligencia y desinterés a través de tantos escritos publicados en diarios locales y regionales, en donde mostraba profundas reflexiones dirigida a los hombres y mujeres de pensamiento libre, espíritu democrático y a los que querían luchar por la patria, digna del pensamiento de Simón Bolívar. En ellos demostraba su preocupación por las necesidades del pueblo, el cariño a sus amigos; plasmaba temas de política, naturaleza, educación e historia siempre con críticas sinceras, oportunas y constructivas, que consideraba necesarias para corregir errores, tal como lo manifestaba en sus escritos.


Luego de muchos años, se residencia en Valle de Guanape, pueblo donde vivió parte de su infancia, siguiendo activo políticamente cuando participa como candidato a la Alcaldía del Municipio Carvajal en representación del partido Causa R.


El 30 de marzo de 2000 y a la edad de 77 años, en la ciudad de Barcelona, fallece Carmen Luisa, su esposa y compañera de 55 años de vida compartida, víctima de un paro respiratorio ocasionado por los estragos que a lo largo de los años le fueron provocando la diabetes y la artritis reumática que padecía.


El 15 de noviembre de 2004 y a la edad de 84 años, Roberto Domínguez Armas trasciende al plano de la eternidad, víctima de varios infartos cerebrales y blandiendo aún las banderas revolucionarias. A pesar de su inagotable espíritu de lucha y del infinito amor a su pueblo, esperanzado en proporcionar a Guanape “alegrías de lejanas penas”, a cuestas de un viaje sin retorno en compañía de pocos amigos, dejó sembrado los mejores recuerdos en el corazón de su gente, que hoy le rinden merecidos honores a su memoria, evocando sus nobles acciones en defensa de las mejores causas, de lo que no es necesario que se diga nada. Todos conocimos y compartimos su sabiduría en su cordial paso por la vida.


Entre sus palabras expresadas el 12 de febrero de 1988, en la plaza Bolívar de Valle de Guanape, dijo: “… Cuando uno se pueda dar la mano con el otro que piensa distinto a uno, solo entonces podremos gritar que Valle de Guanape es un pueblo que tiene por libertad la bandera y por timón la conciencia”.





Publicado por: Gustavo Dominguez Martinez.

viernes 24 de julio de 2009

Valores del Oriente Venezolano

A continuación transcribimos reseña biográfica del insigne Demócrata e incansable luchador, Don Chicho Mata, quién escribió páginas enteras en favor de la igualdad social, en un escondido pueblo del Oriente Venezolano: Sabana de Uchire. Este material es parte de los archivos pertenecientes a Don Chicho, que hoy día están bajo la guarda y custodia de la "Fundación Museo La Casa de la Imprenta", con sede en la población de Sabana de Uchire. La presente publicación en este blog, es un aporte del Dr. Alvaro Armas Bellorín, Cronista del Municipio Manuel Esequiel Bruzual del Estado Anzoátegui, y miembro de la fundación antes mencionada. Nuestro agradecimiento por permitirnos divulgar a través este medio, el extraordinario trabajo realizado por el Sr. Manuel Caballero, quién merece especial mención en este espacio.







Francisco Manuel Mata Armas

"Chicho Mata"




La Historia en la Punta de la Navaja

Manuel Caballero






Francisco Manuel Mata Armas, a quién desde muy joven todo el mundo llamaba Chicho Mata, nació en Sabana de Uchire (Estado Anzoátegui), el dos de abril de 1900. Su vida coincide casi enteramente con el siglo veinte. Ser testigo de un siglo en el cual su país ha sufrido transformaciones tan espectaculares, y serlo sobre todo durante tanto tiempo, ya es algo poco común; pero podría no ser más que “una Hazaña fisiológica”, tal como Arturo Uslar Pietri pretendió con increída modestia que fuesen sus propios noventa años.


Pero a esa simple acumulación de años, Chicho Mata va a unir una situación y una condición que dan a su testimonio un valor particularísimo.


En primer lugar, donde nace Chicho, Sabana de Uchire, un pueblecito de la montaña “donde deprime la selva de Guatopo” dice un pariente y biógrafo suyo, será el sitio donde trascurra su vida, al menos su parte más importante y creativa.


Su condición es la de artista, un grabador autodidacta que seguirá siempre de manera militante y comprometida, sobre todo a partir de 1946, con la vida política del país. Como está actuando y participando en una aldea tan apartada, de una región periférica, en el testimonio de Chicho Mata se retrata muy bién cómo se perciben, y como se reflejan, la política y la historia del país en la Venezuela profunda, lo cual permite, una útil comparación con lo que se hace en el centro. Pero Además Chicho Mata es un artista. Con una afilada navaja y un trozo de madera blanda, va esculpiendo las planchas que luego hará imprimir en una prensa muy primitiva, una por una. El no ha asistido nunca a una escuela de artes plásticas, ni nadie le ha enseñado las técnicas que ya en su tiempo se conocen y aplican. No nos corresponde en este texto juzgar y ni siquiera reseñar sus aportes a sus logros desde el punto de vista estético; pero si señalar, que durante cincuenta años, su paciente labor en aquel escondido pueblecito lo ha hecho notar por alguna gente muy importante de Caracas, en especial por los líderes políticos que cuentan con su simpatía y que buscan ser objeto del tema de trabajo de su navajilla.


Ese no es sino el primer paso para el reconocimiento de su trabajo; como suele suceder en el ámbito político, es siempre muy interesado, y por supuesto, por razones menos artísticas que políticas.


Sin embargo, eso no deja de ser importante, pués le permite captar, con mayor cercania, la historia política del país en el centro si no del poder, por lo menos de su inmediata vecindad.


Pero el trabajo de Chicho Mata no se queda en la simple anécdota. Es muy posible que los nombres y las circunstancias a que se refieren sus grabados sean olvidados muy pronto, si no lo han sido ya.


Pero primitivo o ingenuo, como le quieran llamar quienes ceden al gusto de las clasificaciones cerradas, el hecho es que el largo trabajo de este grabador autodidacta se puede señalar hoy, y es lo que propone esta exposición del Centro de Artes La Estancia, como un momento de la historia de las artes gráficas en Venezuela. Las líneas que siguen intentaran reflejar, primeramente la circunstancia en la larga actividad en que se desenvuelve, y, en segundo lugar, como se inserta allí su propia vida.


SU PRIMERA VENEZUELA.


Como Chicho Mata nace en 1900, y vive casi todo el lugar el siglo, la historia que atestigua se puede dividir en dos partes de cuarenta y cinco años cada una, divididas por el dieciocho de octubre de 1945. Es cierto que para bién o para mal, o sea, para partidarios y adversarios, esa fecha divide la historia del siglo veinte venezolano en dos partes, pero conviene aclarar que esa división o periodización de la historia venezolana no es capricho de algún historiador, sino la que el propio artista propone, no de manera expresa, sino con su propia actividad creadora, que se expande acicateada por la situación política, a partir de 1946.


Eso hace posible combinar la historia como memoria colectiva con su propia memoria individual, en el primer período a través de los recuerdos recogidos por algunos de sus prójimos, en el segundo a través de su expresión pública en estos grabados.


Cuando el vientre de Doña Wuintila Armas de Mata expulsa el cuerpo de su hijo Francisco Manuel, hace siete meses que los andinos han entrado a Caracas, y a la Casa Amarilla, entonces sede del Poder Ejecutivo. Un hombrecito que parece un manojo de nervios, verboso y cojitranco, acaba de anunciar sus propósitos de mando con tres frases, que si se quieren sacramentales: nuevos hombres, nuevas ideas, nuevos procedimientos. A pocos pasos del orador, General Cipriano Castro, lo escucha atento y hermético su hombre de confianza, General Juán Vicente Gómez. Ellos no lo saben, y tal vez ni siquiera lo instuyan, pero la gente que ellos comandan no saldrán de palacio hasta medio siglo más tarde.


De esas cosas poco o nada se sabe en aquella casa de Sabana de Uchire. Nada sabe Doña Wuintila; pero muy poco más, si algo, sabe el jefe de la casa, Don Antonio José Mata Medina: es muy posible que ninguno de ellos haya visto jamás un andino.


Esa era la característica acaso fundamental, o primera, de aquella Venezuela: Una federación de hecho, sino de derecho. Si entonces alguien hubiese tenido la necesidad, el tiempo y los dineros para viajar de Sabana de Uchire a Capacho o la Mulera, en el mejor de los casos se habría tardado un mes en hacer esa travesía, llena por lo demás de peligros e incomodidades. De seguro, más le valiera emplearlos en irse a Europa o a los Estados Unidos. Pero si las tenia de ir a Caracas, no se crea que el viaje fuese muchísimo más corto, ni más cómodos: se necesitaba el temple de un José Tadeo Monagas para haberlo hecho a lomo de caballo, treinta años antes y para tumbar al gobierno. Mucha suerte tendrá además Chicho Mata de haber vivido suficiente, como para que su padre lo enviase a la escuelita del pueblo, siete u ocho años después de aquella fecha inicial de su vida. Mucha suerte por haber vivido, dada la inmensa cantidad de niños que morían entonces en sus primeros años de vida. Mucha suerte de tener un papá vivo que pudiese enviarlo a la escuela, y no un papá muerto en una de las guerras civiles del siglo más violento de la historia venezolana. Lo primero, la muerte de los niños, continuará igual durante cuatro décadas más. Lo segundo cesará toda su vida cuando Chicho haya cumplido tres años: En la batalla de Ciudad Bolívar derrotará definitivamente a la Revolución Libertadora (y a todas las revoluciones) el Benemérito General Juán Vicente Gomez. Ese mismo general que se hace el poder supremo cuando Chicho está ingresando al primer año de la escuela primaria, y al cual no dejará de oir nombrar a diario -las más de las veces, Sottovoce-, por un país aterrorizado durante los 27 años siguientes.


RUDIMENTOS DE EBANISTERÍA.


De esa escuela Chicho Mata egresará hacia 1916, sabiendo las cuatro reglas, y con algunas nociones de geografía e historia y del uso de la lengua. Pero el muchacho tiene aptitudes artísticas: A solas, o con algún artesano del pueblo, aprende también rudimentos de ebanistería, los cuales le sirven para fabricar nichos, tronos, altares para la iglesita del pueblo, así como diversos instrumentos musicales que tocaba excelentemente, si bien “de oído”; a partir de eso no le resultó difícil, llegado el momento de cambiar el cincel y el martillo por la navaja, y convertirse en dibujante de clichés, en artesano grabador.


Pero con esas artes es difícil que alguien pudiera mantenerse, y mucho menos formar una familia, en un pueblo como aquel, en un tiempo como ese, en un país como el suyo. Las únicas actividades productivas eran la agricultura y el comercio, y quienes tenían medios solían combinar ambas: fué lo que hizo Chicho.


Cuando se dice “tener medios” eso no quiere decir mucho más: ni los ricos lo eran mucho entonces. Por mucho que su padre hubiese tenido cargos políticos de cierta importancia (unas notas biográficas lo señalan como “poeta y parlamentario”), esa escogencia era también un retrato de la economía venezolana, mayormente de subsistencia, caracterizada por su escaso excedente: La Venezuela monoproductora y exportadora se ubicaba hacia el oeste de Sabana de Uchire, en el centro y occidente del país. Con su trabajo allí, llegado a la edad adulta, Chicho va a formar una numerosa familia, como era la costumbre de la época: una gran cantidad de hijos era la garantía de que pudiesen sobrevivir algunos; y como también solía suceder, esa no era la familia nuclear que hoy se conoce en las ciudades, sino la “familia extendida” de los antropólogos: sobrinos, ahijados y los “criaditos” que solían estar a medio camino entre la servidumbre y la familia. Hasta que alcance la mayoría de edad que entonces era de veintiún años, Chicho no se ocupará de otras cosas (amén, se supone, de amores y parrandas). Pero en 1922 decide “meterse en política”, o en lo que significaba entonces hacerlo: acepta la jefatura Civil del Municipio de Sabana de Uchire. Que ese pequeño cargo casi puramente administrativo tuviese una significación política, indica dos cosas, en principio contrapuestas. Una, que Venezuela ha cambiado desde que hace unos veinte años el General Gómez hizo enterrar a la revolución el hacha de la guerra en la batalla de Ciudad Bolívar. Antes de eso, “hacer política” significaba hacer guerra. La otra es que Venezuela no ha cambiado tanto, y que hasta un “puestito” tan insignificante se obtiene solo por medio de una probada adhesión al Benemérito.


Por lo demás, también indica que Gómez se siente suficientemente fuerte para permitir que en aquellas regiones, por muy apartadas que fuesen, hubiese un jefe civil que no fuese tachirense, como era el caso del inmediato superior de Chicho, el joven Guillermo Raven Himiob, quién por su parte había demostrado su fidelidad al régimen participando, al lado de Luís Godoy, Presidente del Estado, en la “campaña”-como con lenguaje todavía guerrero , se seguía llamando a la persecución del tenaz guerrillero Emilio Arévalo Cedeño en sus infructuosas correrías por los llanos-.


Puede resultar hasta risible que un cargo así pudiese tener significación política. Pero resulta sorprendente que, además, se pudiese llamar “política” a una actividad como esa en una región tan apartada, y en un país donde la palabra política había sido expulsada del diccionario. Pero sería errado pensar que aquella Venezuela donde todo estaba “atado, y bien atado” las cosas dejaran de moverse dentro de ciertos límites. Nadie cuestionaba, porque no podía pero también porque no quería la autoridad del General Gómez: la suya era una monocracia aceptada, y eso por las buenas y por las malas.


UN CIERTO DINAMISMO.


Pero a partir de allí no dejaba de haber cierto dinamismo, cierto estira y encoge que se podía asimilar de una forma u otra a la actividad política, al menos para la gente más principal del pueblo, como Chicho Mata ya comenzaba a serlo, pese a su juventud. Es así como la caída de Guillermo Raven Himiob trae consigo la de Chicho, no porque su sucesor lo quisiese, sino porque el propio interesado se niega a seguir en el cargo: fué pues el mismo Chicho quién le dió a esa una significación política.


Todo el proceso de entradas y salidas de jefes civiles en Sabana de Uchire en los años siguientes es relevador de la dinámica a que se aludía más arriba: se protestan los modos arbitrarios de un jefe civil, la gente más importante del pueblo se arriesga a denunciarlo en una carta a la autoridad inmediata superior; el acusado reacciona y trata de armar una intriga para poner de parte suya al General Juan Vicente Gómez, pero el chisme no puede llegar a destino porque sus propios subalternos se niegan a secundarlo redactando una peligrosa calumnia.


Los firmantes escapan a Clarines, donde al final todo se aclara y pueden volver al pueblo con todas las garantías, lo que significa también que, al poco tiempo, el nuevo jefe civil será removido y suplantado por otro que satisface a los habitantes de Sabana de Uchire.


En fin, la misma historia de protestas, sustituciones y desengaños, donde lo que llama la atención es que no siempre esas protestas eran infructuosas o reprimidas, entre otras cosas, porque cuando la protesta se tornaba manifestación callejera, los manifestantes tenían buén cuidado de precisar sus intensiones echando abajo al Jefe Civil impopular, pero dando vivas al General Gómez y al gobierno regional.


En una de esas, el propio Chicho Mata es nombrado Jefe Civil de Uchire. Cuando en sus notas biográficas se dice que ello causó gran alegría en el pueblo no debe tomarse eso siempre como interesada conclusión: Lo que ellos saludan es que los gobierne un paisano suyo, no un jefe civil “importado”. Tampoco ese cargo será vitalicio, y ni siquiera de muy larga duración. La oposición hará sentir su vozy su protesta, y el estira y encoge recomenzará. En esos años tal vez llegue hasta Sabana de Uchire, muy tardíamente, algún eco de los sucesos de 1928 en Caracas, y seguramente más, por cercana geográficamente, la noticia de la intentona revolucionaria del Falke, que se saldó con la muerte del Jefe de la Revolución, Román Delgado Chalboud, en singular combate con el Presidente del Estado, General Carlos Emilio Fernández, también muerto. Pero en 1932 cuando Chicho Mata siente en carne propia el ramalazo de la historia, que esta vez es historia económica: La crisis mundial que comenzó con el Crash financiero de 1929 lo golpea con dureza. Como la inmensa mayoría de los agricultores y de los comerciantes del país, Chicho Mata se encuentra en la ruina. Su sueldo de Jefe Civil apenas le alcanza para pagar al policía del pueblo, y los precios de los productos que cosecha y vende se han venido al suelo.


Chicho busca salir del atolladero con diversos expedientes, entre ellos el de destilar aguardiente. En esas, un día de diciembre de 1935 llega a su hacienda la noticia de que varios días antes había fallecido en su lecho de Maracay el General Juán Vicente Gómez. Ya el hemegón andino no gozaba de la popularidad que tuvo en 1908, y, por lo demás, los muertos no salen.


Los campesinos que trabajaban en la destilería paralizan el trabajo varios días, bebiendo a mares el aguardiente que Chicho les regala para celebrar la muerte del tirano y también -pero ellos no lo saben, y acaso no lo sabrán nunca -lo que Mariano Picón Salas llamará en Caracas “el Ingreso de Venezuela al siglo XX”.


DESTIERRA LA IMPRENTA.


Hasta el año 1925, Chicho Mata había editado un pequeño periódico, Eco de Provincia, del cual no parecen haberse conservado recuerdos accesibles. Debió suspenderlo por razones fundamentalmente económicas: no podrá atenderlo y a la vez a sus labores de comerciante y agricultor. Pero no es imposible que el desinterés de Chicho por la publicación haya tenido otro origen. Como sea, apenas muere el General Gómez, desentierra su vieja imprenta y con ella el periodismo en su aldea. Esa imprenta, una Washington R. Hoe & Co. Nº 1918, tiene de por si una historia novelesca. Traída por un barco carbonero a Puerto Uchire en los primeros días del siglo, su propietario el general Nicolás Rolando, uno de los jefes de la Revolución Libertadora, la había regalado a su amigo y correligionario Andrés Mata Alfonso, abuelo de Chicho. En hombros de no menos de cien campesinos fue llevada en turnos vigorosos hasta Sabana de Uchire, a donde llegó en una fecha por lo demás simbólica: en 1903, año en que la Batalla de Ciudad de Bolívar marca el fin de las guerras civiles en Venezuela, ósea, el paso del fusil a la imprenta como artillería política. En ese momento, Chicho tiene apenas tres años.


Aunque no se hayan conservado muchos testimonios de esa época, se sabe que a Chicho le impresionó, como al resto del país, el suceso del 14 de Febrero de 1936, cuando el pueblo caraqueño, en una manifestación gigantesca y memorable, impuso un cambio de rumbo al gobierno de López Contreras y, por así decirlo, le cortó con violencia el cordón umbilical gomecista.


Pese a ese viajare, Chicho escoge esta vez la oposición, y sus continuas campañas, sobre todo contra el gobierno del Estado Anzoátegui, le valen reconvenciones y represalias donde él ve una voluntad de venganza en contra suya. Posiblemente haya de todo en esas acciones: como comerciante y como destilador de aguardiente, Chicho, como por lo demás todo el mundo, nunca andaba muy al día en materia de impuestos, y los fiscales de rentas lo seguían muy cerca.


Pero el hecho de que había detrás de eso una intención de perjudicarlo por sus campañas de oposición parece haber quedado demostrado cuando Chicho recurre, también como todo el mundo, a la suprema instancia: el General López Contreras le responde entonces y hace paralizar las acciones perentorias con el fisco en su contra.


En el año 1939 tienen lugar las elecciones municipales. El PDN, entonces clandestino y ya bajo dirección única de Rómulo Betancourt, lanza sus candidatos también en algunas regiones del Estado Anzoátegui. Chicho Mata se une a ese partido, con tan buena suerte, que sus candidatos ganan en los distritos Bruzual y Peñalver. Esa será la única vez que Chicho Marta se ponga al lado de Rómulo Betancourt en una acción política. En 1941, asume la presidencia de la República en una elección de tercer grado, el General Isaías Medina Angarita, Ministro de Guerra y Marina de López Contreras. Contra todas las expectativas, el nuevo presidente comienza a virar hacia la izquierda, proceso que se acentuara una vez que los EEUU entren en guerra en la gran coalición antifascista. Aconsejado por Arturo Uslar Pietri, Medina decide no solamente una apertura que otorgara la legalidad al PDN como “Acción Democrática” y más tarde al partido comunista, también bajo otro nombre, sino que se lanza a pelearle a campo abierto el apoyo de las masas. Uslar organizará entonces un partido de Gobierno, ingenuamente bautizado como “Partidarios de la Política del Gobierno”, nombre indicativo sobre todo de la bisoñería de sus creadores en la materia de política de calle. Poco después ante la burla de sus adversarios, el PPG cambiara de nombre, poniendo en jaque a los burlones al arrebatarles el nombre de su partido, su consigna y sus programas con una mayor participación: será el Partido Democrático Venezolano, ese PDV cuyas siglas son un calco del PDN.


Pero eso no será todo: El PDV logra arrancar a la oposición el apoyo, que hasta entonces había monopolizado en forma tácita o expresa de lo más granado de la inteligencia Venezolana. En aquel perdido rincón de Venezuela, Chicho se alista en la nueva organización: No solo es designado miembro principal de su directiva, sino que es candidato a la Asamblea Legislativa. Lo hace como suplente, pero su plancha es la triunfadora, y en tal condición Chicho asistirá muchas veces a las sesiones en ausencia de su titular. No es por nada entonces que Chicho recordara esta etapa de la historia Venezolana como una edad de oro.


SU SEGUNDA VENEZUELA.


Pero ello terminara bruscamente el 18 de Octubre de 1945, y Chicho Mata quedara en bando de los vencidos. Aquí comienza una nueva etapa en la vida de Venezuela, y también en la suya. Su implicación en la actividad política será mucho más profunda y sostenida, como es el tono que aquella tomará a partir de entonces. Al contrario de lo que suele suceder en otras áreas de la plástica, en las artes gráficas eso no significa una disminución de la producción de un artista, ni en cantidad por su puesto, ni tampoco en calidad. Sobre esto último podrán ser jueces los críticos y los espectadores que se acerquen a la reproducción de sus trabajos en la exposición y en el archivo que ahora los conserva.


Los primeros grabados que allí se conservan, tienen como ámbito la campaña electoral para la Asamblea Nacional Constituyente. En los primeros meses de 1946, los Doctores Elías Toro e Isaac Pardo, figuras eminentes de lo que se llamó alguna vez el “Ala Luminosa” (Por intelectual) del PDV Medinista, forman un nuevo partido Unión Republicana Democrática. Todo lleva a Chicho Mata a darle su Adhesión, en particular después de que URD se convierte en el partido de Jóvito Villalba, el hombre que más admira en la política venezolana, y esto desde 1936 (Algún apunte bibliográfico hace remontar esa admiración al año 1928, pero es poco probable que el joven Tribuno fuese conocido entonces en Sabana de Uchire).


Durante el año 1946, los grabados de Chicho siguen en su texto la orientación de su líder: Gobierno de integración Nacional para garantizar imparcialidad en el proceso, lucha contra el “Ventajismo” de Acción Democrática y propaganda alrededor del color electoral de URD, el marrón–tierra. El partido de gobierno arrasa en las elecciones, y URD sufre una derrota aplastante.


La situación continuará igual durante los años del Trienio. Por lo tanto, más que describir el detalle de las campañas electorales y las participaciones de Chicho Mata con sus grabados, es útil referirse al clima político que su trabajo refleja. Durante el gobierno de Medina Angarita habrá una gran libertad de expresión, y también después del 18 de Octubre, esta vez ampliada con una mayor participación, al otorgarse el voto a los analfabetas, las mujeres y los jóvenes en edad militar. Pero entre los dos regimenes se situará un hecho de sangre, y las enemistades se hacen por eso irreconciliables, dejando de ser simples confrontaciones políticas para transformarse en odios personalizados. Muchos años después, con la autocrítica y el clima de unidad nacional que llevó al 23 de Enero, eso se llamo “Canibalismo”, y se prometió no incurrir jamás de nuevo en eso. Pero al parecer la carne humana es la más apetitosa de todas; en todo caso, lo fué en los años del Trienio.


En las elecciones presidenciales, URD escoge abstenerse aunque si lance sus candidatos a los cuerpos deliberartes. Esta es una decisión política que en Caracas se argumenta como una respuesta al sectarismo y, sobre todo, al ventajismo, a la voluntad hegemónica de Acción Democrática. Pero al no tener al candidato así cuya victoria se oriente la propaganda positiva en provincia, ésta se centra sobre todo en la descalificación del adversario, el cual responde pagando con la misma moneda. En el caso de URD, y de Chicho Mata en particular, se dá otra circunstancia que contribuye a hacer más duro el tono de su propaganda: De los partidos que participan en las elecciones, URD es el único que no ha aceptado el hecho de Octubre, no es por lo tanto un partido “Octubrista”, como si lo proclaman orgullosamente su colega de la oposición, Rafael Caldera y su partido COPEI. En Sabana de Uchire, Chicho Mata es el hombre a abatir, el “Cacique Medinista” y otras lindezas. Chicho se defenderá entonces navaja en mano, con ella se hacen los grabados.


Esta arma ofensiva que ha hecho correr tanta sangre en las peleas de gallosy en las noches de aguardiente pendenciero, buscará en sus manos herir de otra manera, menos letal, pero no por ello menos sangrientas, si es verdad que la ironía y la burla puedan ser mortales al dar ese cambiazo, y por supuesto sin darse cuenta, Chicho estará también dando un paso gigante, no solo individual, sino colectivo.


Si un hombre como él, nacido y criado en la Venezuela campesina y violenta, cambia “a critica de las armas” por “las armas de la crítica”; si cambian así la guerra por la política, eso significa que el país ha dado un inmenso salto adelante en su proceso civilizatorio. Y el aporte de Chicho Mata es tanto más significativo cuanto que lo está haciendo en una perdida aldehuela. De una forma u otra, eso tenia que reflejarse en su trabajo: El trazo de Chicho Mata es grueso, es vital, es violento, como por lo demás lo es el texto de sus afiches en una Venezuela, que también políticamente, esta apenas aprendiendo a escribir.


REBASA LAS FRONTERAS REGIONALES.


URD es un grupo pequeño, no solo frente a las magnitudes del partido de gobierno, sino incluso frente al otro partido de oposición, COPEI: Solo le disputa el ultimo lugar en las preferencias del electorado el partido comunista, el cual tiene sobre URD la ventaja de su organización, disciplina y mística legendarias. La importancia de la “Imprenta de madera”, de los grabados de Chicho Mata, se acrecenta tanto más y es uno de los pocos órganos de propaganda de su partido, cuyo trabajo se distribuye a todo el país. Chicho Mata se transforma así en una figura que transciende los límites regionales, razón de más para que sus adversarios lo conviertan en blanco de sus ataques: La acusación de “gomecista", el recuerdo de sus puestos bajo la tiranía y luego bajo el medinismo le es enrostrado con insistencia.


El trabajo de Chicho se orienta entonces a demostrar la falacia y, más aún, el absurdo de considerar “gomecista” a los opositores del régimen de Octubre. Aquí Chicho Mata tiene en las manos un nombre precioso: Jóvito Villalba. Al gran tribuno de 1928 y 1936, el hombre que pasó varios años en las cárceles de Gómez con grillos en los pies, es absurdo considerarlo “gomecista”: Basta comparar su Currículum Vitae, con el de algunos dirigentes del régimen Octubrista, y en especial con el de su candidato presidencial Rómulo Gallegos, a quién se le reprocha que, como todo el país pensante de la época, allá apoyado el “Milagro Político” de 1908. Por el contrario, insiste Chicho en los vitriolitos textos de sus xilografías, los verdaderos “gomecistas” son los gobernantes de Octubre, por sus métodos y por su manera de organizar elecciones.


La Navaja de Chicho va acumulando así, los cargos contra la gestión del gobierno sin que falten ataques al otro partido de oposición, COPEI. Pero sobretodo, como es lógico en periodo electoral, lo que más preocupa a Chicho Mata es denunciar el “ventajismo” del gobierno por favorecer a su partido en las próximas elecciones, en desventajas de los otros.


Cuando en un intento por impedir las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente se produzca el 11 de Diciembre de 1946 un alzamiento militar comandado por el Mayor Juán Pérez Jiménez, develado entonces con el apoyo, entre otros, de su propio hermano el futuro dictador Marcos, el gobierno no hace mucha diferencia entre su opositores militares y civiles. Con razón o sin ella: El suceso provoca en Caracas la detención –Con Miraflores por cárcel- de Jóvito Villalba y una crisis en URD, de donde se retiran sus fundadores Elías Toro e Isaac Pardo. Si en la Capital de la República los campos se definen y enfrentan de tal manera que el enemigo de mi enemigo se vuelve por eso mi amigo, en provincia esa división es siempre más tajante: Sin juego de palabras, Chicho va a andar “a salto de mata” para impedir que las “comisiones” del gobierno, con gran despliegue guerrero, le pongan la mano para mandarle preso lejos de su pueblo y, sobre todo, de su trabajo de propaganda.


El triunfo sobre la insurrección permite celebrar las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente, con la ventaja de AD magnificada por la derrota de sus adversarios militares. Reunida ya esa Asamblea, la preocupación de Mata es impedir que aquella sea apenas un instrumento para hegemonía del partido gobernante y electoralmente mayoritario. Villalba no está en La Constituyente y, por lo tanto, Mata parece poco motivado para comentar lo que allí se discute. 1947 es también el año de la campaña presidencial. URD ha decidido abstenerse y solo hace campaña para el Congreso. Los grabados de Chicho se centran entonces en descalificar al adversario, el candidato de AD, Rómulo Gallegos, por su presunto pasado gomecista.


EL TONO CADA VEZ MAS ALTO.


En febrero de 1948, se inaugura Rómulo Gallegos como presidente Constitucional de Venezuela; durante todo ese año, el enfrentamiento de URD con el gobierno de AD se profundiza, y el tono se hace cada vez más alto. Se hace más alto en la capital: Se puede adivinar que lo sea mucho más en Sabana de Uchire. En mayo tiene un lugar las elecciones municipales, y Chicho Mata elabora sus grabados generalmente con mucho texto para adversar al gobierno y apoyar la tarjeta marrón–tierra de URD. No deja de lanzar sus “Espuelas” (Sic) contra COPEI.


El 24 de Noviembre se produce el desplazamiento de AD por los militares. Chicho Mata no cesa en sus criticas a AD, y recibe el derrocamiento de Gallegos con una frase Galleguianas: “Las cosas vuelven al lugar de donde salieron”; y despide a Betancourt diciéndole que “Salude al vale Truman” en los Estados Unidos. No hay tregua para el enemigo caído, aunque Chicho Mata parezca estar lanzando una advertencia, cuando un grabado suyo dice que: “El mayor honor para la Junta de Honor Militar de gobierno, sería demostrar que sus integrantes saben mandar”, lo cual es una frase de su dirigente del partido, caso el propio Villalba. Durante buena parte del año 1949, Chicho continúa burlándose de los Adecos derrocados, imaginando que dirán en el exilio sus dirigentes. Al pasar cuatro años, a Chicho se le hace patente que los gobernantes militares no han seguido la advertencia contenida en aquel grabado; la situación es muy distinta a la de 1948, cuando el derrocamiento de Gallegos, paulatinamente URD ha ido pasando a la oposición (también COPEI). Chicho Mata sigue esa tendencia y su actividad se hace más febril a medida que se acercan las elecciones en las cuales, con la tarjeta amarilla, URD trata de reunir toda la oposición.


Advierte al gobierno que no trate de montar un fraude, lo denuncian por haber despilfarrado ocho mil millones de bolívares, y en ocho puntos expresa las reivindicaciones de la oposición, el primero de los cuales es el cierre del campo de concentración de Guasina. Se comienza a calificar el proceso electoral de “farsa”. Para impedir que lo sea y demostrar la amplitud de sus reivindicaciones, los grabados de Chicho exigen el regreso del país de los expresidentes Gallegos y Medina. Sus lemas preferidos son: “Ni perseguidos, ni perseguidores” y “¡Democracia Si, Dictadura No!”.


Ya se va precisando lo que se hará evidente a medida que la campaña avance: Que URD entiende cobijar bajo sus banderas, bajo el color amarillo de su tarjeta, al conjunto de la oposición legal o clandestina, con la excepción de COPEI que se ha lanzado solo con la consigna: “COPEI es la solución”.


El 30 de Noviembre de ese año será el momento de mayor gloria de URD, y también su caída; le gana las elecciones al gobierno pero este se niega a reconocer el resultado de la votación, apresa a Jóvito, a la dirigencia de URD y los envía al exilio; la pequeña imprenta de Chicho entra en hibernación, sino es enterrada como en 1925. Son los amargos y silenciosos años de la dictadura unipersonal de Marcos Pérez Jiménez. En Sabana de Uchire dedicados a sus viejas tareas en agricultura y el comercio, Chicho calla y espera. Acaso, como todo el mundo, esto le permite reflexionar sobre la autofagia a que los partidos democráticos se dedicaron con actitud suicida durante los años del trienio. Es posible, aunque no se debe olvidar nunca que se piensa y se siente diferente, cuando se está en Caracas y cuando se está en Sabana de Uchire, en el corazón de la Venezuela profunda.


DE LA DICTADURA MÁS CORTA, A LA DEMOCRACIA MÁS LARGA.


Decir que en Enero de 1958 es derrocada la dictadura, es repetir un dato no solo puramente descriptivo, sino además de sobra conocido y por ambas cosas triviales. El 23 de Enero no es significativo porque se produzca entonces el derrocamiento de una dictadura, que en resumidas cuentas ha sido la más corta (1952-1958); no lo es porque inaugura la dominación más larga de la historia venezolana. La diferencia es que tal vez no se trata de la denominación del hombre, sino del partido político en su forma más genérica, AD y COPEI si se quiere particularizar, aunque a URD, el partido de Chicho Mata le toque también algo en el convite. Pero no se trata de satisfacer el hambre de poder. Pese a todo cuanto se le reprocha, con razón o sin ella, el dominio del partido político en el siglo XX ha conducido a la más larga etapa de estabilidad política, de participación popular y de prosperidad económica en toda la historia venezolana, si bién todo eso parece haber entrado en cuestión de la ultima década.


También, al amparo de la libertad de expresión, la más amplia conocida en la historia de Venezuela, se desarrolla la prensa y la propaganda política, y es allí donde la actividad de Chicho Mata se destaca y se vuelve más meritoria, pues está trabajando en un ambiente que se vuelve no solo competitivo, sino con el auxilio de una tecnología que puede fácilmente aplastar el esfuerzo del empecinado artesano de Sabana de Uchire.


En las elecciones de 1958, URD apoyará la candidatura del contralmirante Wolfgang Larrazabal; la campaña es corta, y así también el aporte de Chicho Mata. Larrazabal será finalmente derrotado, pero URD surgirá como una importante fuerza política, y social de la nueva coalición gobernante.


Esa situación durará poco: En 1961, en desacuerdo con la postura del gobierno frente a Cuba, URD se separa de este y pasa a la oposición abierta. Villalba recorre el país llevando ese mensaje. En Caracas se fundan para apoyarlo el Diario El Clarín, que pronto se convertirá en el vocero del sector más radical del partido, aliado a la extrema izquierda insurreccional. Chicho Mata sigue desde su imprenta esa tendencia, hace propaganda por Clarín, y el texto de sus grabados presenta reiterativas listas de reivindicaciones económicas y sociales y, preconiza una revolución nacionalista como lo hace evidente a cada paso el político a quién más admira y
acata Chicho Mata, Jóvito Villalba. Pero él nunca ha sido candidato presidencial hasta que decide hacerlo en 1963. El corazón y el cerebro se unen así para comandar la mano de Chicho, en una febril actividad como nunca antes había desplegado, como no la hará tampoco después. La actividad del artista se centra en biografiar a su líder como responde a una campaña presidencial. Aparecen entonces los grabados con textos bibliográficos, a veces larguísimos, o con elogios que le dirigen otras personas políticas como el General Gabaldón, y los de abalanza simple, en los cuales se puede apreciar una cierta progresión. En unos, se exalta al líder de la organización cuando todavía no ha arrancado la campaña electoral; estos son muy elocuentes sobre las inclinaciones que, en materia de candidatura, animan ya a los urredistas “de base”, particularmente en el interior de la República. Como sucede con Betancourt, los partidarios de Villalba suelen llamarlo por su nombre de pila, Acaso por la sonoridad del mismo, pero sobre todo para marcar la relación especial que une a la masa con el líder carismático.


PROPAGANDA, POLÍTICA Y… MAGIA.


Al lado de eso estarán los grabados de propaganda negativa, ósea contra los adversarios de URD y Jóvito Villalba. El primero de esos enemigos es AD, partido de gobierno que, por lo demás, ganará las elecciones de 1963. Chicho se desencadena contra la tarjeta negra, color escogido por ese partido cuando el CSE le quita el suyo blanco tradicional. Como era fácil preverlo, la propaganda va tener un carácter menos político que mágico, poniendo el acento en el simbolismo luctuoso del negro. Cierto no será solo eso: La referencia es constante, además a la política y a la historia del partido AD. El segundo blanco de los ataques es COPEI y su candidato Caldera. El objetivo es destacar su condición de socio del gobierno coaligado. En el fondo, es el mismo ataque contra AD, pero hay otro interés: Al poner el acento en COPEI como partido de gobierno, se va al encuentro de su pretensión de arrastrar para así para los votantes contrarios al gobierno de Betancourt.


En todo esto no deja de haber un elemento curioso: No hay mención alguna del candidato de AD, Raúl Leoni, ni de otro candidato que se disputa parte del electorado de Villalba: Arturo Uslar Pietri. Lo primero puede explicarse, a parte de la grisura del candidato que sin embargo resulto ganador, por el hecho de que Chicho quiere destacar la oposición histórica Villalba-Betancourt. En cuanto a la ausencia de alusiones a Uslar Pietri, hay seguramente en ellos el respeto que los urredistas de la base sienten por la segunda figura del medinismo, después solo del General mismo. Chicho viene de allí, y entiende continuar fiel a sus orígenes. Pero también es posible que esa actitud se deba a que la candidatura de Uslar Pietri arrancó muy tarde, y que, fenómeno electoral si bién impresionante, quedó bastante circunscrito a la zona central, sobre todo Caracas.


Villalba ha decidido no repetir su candidatura en 1968. Viene de varios años de colisión con AD (Leoni), y no se le percibe como el hombre de la oposición abierta. De todas formas, durante ese año tratará de montar varias combinaciones para vencer a un AD que se presenta dividida (Prieto y Gonzalo Barrios). Las vacilaciones de Villalba también son las de Mata: URD, dice, citando a Sanín, no está por una candidatura irreversible. A final se decidirá, junto al FND, de Uslar Pietri y el FDP de Dagger-Larrazabal, al lanzar como candidato presidencial a Miguel Ángel Burelli Rivas. Rafael Caldera ganará las elecciones. Villalba volverá a lanzarse como candidato en 1973, luego de haber sido derrotado en la Convención de la Nueva Fuerza (URD-MEP-PCU) –organización copiada de la unidad Popular Chilena- que prefirió a Jesús Paz Galárraga, secretario General del MEP. La nueva fuerza se dislocó antes de las elecciones y Villalba se lanzó solo. Entre ambos candidatos sacaron unos trescientos mil votos, contra dos millones del vencedor Carlos Andrés Pérez y un millón seiscientos mil de Lorenzo Fernández. Pero esta vez Chicho Mata parece decidido no perder su voto hará propaganda a Lorenzo Fernández, candidato de COPEI, abandonando por primera vez en su vida a un Villalba al que sabe vencido y desprestigiado por no haber querido aceptar la nueva fuerza una votación que le fué adversa.


Desde entonces, Chicho Mata parece definitivamente conquistado por COPEI, pese a la derrota de 1973. En las elecciones de 1978 apoyará a Luís Herrera Campins “Con todo los hierros”. Todos los grabados de esta época son a favor del candidato de COPEI. Pero esta vez no entra en contradicción de su vieja fidelidad a URD, partido que también apoyara a Luís Herrera.


REFERENCIAS CONTRADICTORIAS.


Sin embargo, no es cierto, por lo menos no lo es enteramente. La tendencia política a la preferencia electoral de Chicho Mata en 1983 parece contradictoria. La mayoría de los grabados se muestran extremadamente favorable a Caldera: Quién es, dice uno de esos grabados “El mejor candidato para 1983: no hay pele”. Cree que, amen de los independientes, muchos adecos votarán por Caldera. Versifica escribiendo que “Para el 83 Caldera Otra Vez”. Y finaliza copiando un slogan deportivo muy conocido: “En el 83, Rafael Caldera para todo el Mundo”. Mayormente afirmativa, su propaganda no deja de tener su sesgo descalificador del candidato de gobierno. “Lusinchi es un hombre de carácter para ser presidente de la Republica”, dice citando a Eduardo Fernández. Y de pronto las cosas cambian. Caldera vuelve a ser el enemigo.


Se le reprocha que haya comenzado su carrera política con la paliza al caricaturista Leoncio Martínez (Leo) en 1937. Se pinta COPEI con cara de Diablo y se vaticina que si llega a estar al alcance de sus colmillos “¡Pobre Venezuela!”. Se publica entonces un grabado con extenso Curriculum Vitae del candidato de COPEI, acusándolo de haber apaleado a Leo, de embargarle el sueldo a un obrero, de haber formado parte del gobierno adeco en 1945, de haber cobrado honorarios profesionales durante Pérez Jiménez, de haberse exiliado voluntariamente dos días antes de caer Pérez Jiménez, (“¡ que heroísmo!”), de firmar el pacto de Punto Fijo, y de ser “el principal responsable de los desaciertos y errores de este Gobierno incapaz” ( el de Herrera Campins). En fin, Chicho ha sacado a la calle toda la vieja artillería anti-Calderista. ¿Que ha pasado? Por qué ese giro en redondo?. Se podría pensar que, en primer caso, Chicho se estuviese trabajando por encargo: Hace propaganda por COPEI por que este le paga sus trabajos profesionales. Igualmente lo hace por sus criterios, o tal vez espontáneamente, siguiendo sus propias tendencias. La explicación tal vez sea otra en 1978, Villalba apoyo a Herrera Campins, y se logra la ansiada meta durante tanto tiempo perseguida: La derrota de AD. Era lógico pensar que 1983 Villalba haría la misma alianza, con el mismo objetivo: Es el mismo curso normal de las cosas. Pero en política dos y dos no siempre son cuatro. El caso es que, sorpresivamente, Lusinchi maniobra con gran habilidad y obtiene el apoyo de un Villalba envejecido y enfermo, en lo que el candidato triunfador llamará “la reunión reconciliación de la social-democracia Venezolana”. Chicho Mata seguirá entonces a su admirado Caudillo. Esta tal vez sea la última de las campañas electorales donde encuentre estímulo. En las elecciones de 1988, quiebra algunas lanzas a favor de Eduardo Fernández, pero ni la energía ni el corazón parecen estar en el asunto ya su querido Jobito Villalba, muy disminuido física e intelectualmente esta recorriendo el camino que poco después lo llevara a la muerte, y el propio Chicho se acerca a los Noventa años. Sin embargo, eso no le ha impedido asistir a la agonía de la segunda Venezuela en la cual ha desarrollado su trabajo a través de una existencia excepcionalmente larga: Aquel niño que sobrevivió a una muerte que solía llevarse a sus contemporáneos antes del primer año no solamente supero la esperanza de vida de los venezolanos de este siglo, sino que la triplicó, lo cual es una hazaña en cualquier parte del mundo: Francisco Manuel “Chicho” Mata Armas muere el 25 de Noviembre de 1991.


LA VENEZUELA DE LOS AUTODIDACTAS.


La vida y el trabajo de Chicho Mata merecen algunas reflexiones, en la medida en que ello trasciende de lo puramente individual y biográfico. Antes que nada, es un representante del arte popular, en el sentido de que sus cultores no pasaron jamás por una academia: Es la escuela de los Bárbaro Rivas, que alcanza sus más elevadas cumbres con Feliciano Carvallo y Juán Félix Sánchez. Es, en una palabra, la Venezuela de los que se han enseñado a sí mismos, cuando y porque no había maestros que pudiesen encauzar sus actitudes y desarrollar sus aptitudes.


Chicho Mata vive y trabaja la mayor parte de su vida en un escondido pueblecito del Oriente Venezolano, todavía hoy una aldea, y, lo que es peor, una aldea cuyo aislamiento del centro público y cultural del país todavía es evidente. Eso hace más meritorio, no sólo su voluntad de expresar al país de allá adentro con las huellas que sobre un trozo de madera blanda pueda dejar una navaja o cualquier instrumento de pareja precariedad, sino que lo haya podido hacer tal cantidad y con una calidad que, ya en su momento, llamó la atención de sus amigos políticos, a quienes resultó de una gran utilidad su trabajo, y no sólo en su pueblo o en su región, sino en el resto del territorio nacional.


Esas labores tienen como tema casi exclusivo la política, lo cual hace de los grabados de Chicho un testimonio de la historia de su tiempo particularmente interesante, a través de su lenguaje y de su implicación en las luchas políticas de su momento: A través de su partidarismo, también por el ámbito geográfico de su acción, permiten ver cómo se percibe el desarrollo de la política y de la historia venezolana, no desde los centros de decisión sino desde la periferia, desde el país profundo.





Sabana de Uchire: Valores.

PERSONAJE DESTACADO


José Calasanz Mata Bellorín
Editorial Venezolana, C.A. 2006.





Nace en Sabana de Uchire (“La Patria Civil”), Estado Anzoátegui el 27 de agosto de1928. Desde jovencito acompaña a su padre en las duras tareas del campo en la hacienda “El Limón” y después en el propio establecimiento comercial de la población de Uchire. Al terminar el 6º grado, es maestro y director de la Escuela Federal Nº 15. Y tras de irse con su madre y hermanos a Caracas, escribe en “El Nacional y otros periódicos. Mientras trabaja como Secretario de la Jefatura Civil de San Agustín del Sur, y después en la Gobernación del Distrito Federal, como Fiscal de Rentas, inicia y culmina sus estudios de Secundaria en el Liceo Nocturno Juán Vicente Gonzalez. Posteriormente se gradúa en Estudios Internacionales (Diplomacia) y en Derecho en la Universidad Central de Venezuela. Después de ejercer la profesión de abogado en Caracas y en otras ciudades, ingresa al Poder Judicial en 1969 como Juez Accidental de Juzgado 13º de Primera Instancia en lo Penal de Caracas, en su condición de Primer Suplente de ese Tribunal. En 1975 es nombrado Juez Titular de Juzgado Primero de Primer Instancia en lo Civil, Mercantil, Agrario, del Tránsito y del Trabajo de la Circunscripción Judicial del Estado Barinas. Muchos años después, es Juez Superior Provisorio del Juzgado Primero Superior en lo Civil, Mercantil, del Tránsito, Menores y Trabajo del Estado Carabobo, en su carácter de Primer Suplente por concurso de ese Juzgado. Y finalmente desempeña el cargo de Juez Superior en lo Civil, Mercantil y Contencioso Administrativo de la Región Capital, con sede en Maracay, Estado Aragua, cargo con el cual fué jubilado por el Consejo de la Judicatura en 1988.

Mata Bellorín es casado y tiene hijos profesionales en Ingeniería Civil, en Derecho y otras ramas de Educación Superior. Además del presente librito y sus obras “Uchire, en sus Estampas Poéticas de un siglo” y “Semblanzas Líricas”, publicadas en la misma Editorial Venezolana. También el Dr. Mata Bellorín está por publicar los libros: “Dictámenes Judicial
es”, artículos de opinión publicados en la prensa nacional y regional. “Discursos y Poemas”, “Jóvito Villalba ante la Historia” y otros libros de Historia, Derecho y de Política Internacional.






martes 21 de julio de 2009

El General Juan Cancio González Rojas

Con mucho orgullo, transcribo a continuación un artículo del escritor Rafael Armas Alfonzo, doblemente emocionados, la primera, esta es una obra inédita de este escritor, nunca antes publicada y la cual nos fue enviada por el cronista oficial de Clarines y gran colaborador de este blog: Álvaro Armas Bellorin, hijo del autor. La segunda, soy descendiente directo del General Cancio González, y durante muchos años busque información sobre este ancestro, del que escuchaba hablar de joven a los abuelos, búsquedas que siempre fueron infructuosas, solamente había conseguido una foto, de una calle de Clarines, que lleva su nombre. Hoy ya puedo decir, con mucha certeza, que me siento complacido de llevar su apellido y de ser su descendiente.

En la región que abarcamos en nuestro estudio en este blog, existen muchos descendientes del General Juan Cancio González, y de su padre Gabriel González Cánovas, como siempre acostumbramos, pueden hacer clic en el nombre de ellos, para enlazar con el árbol, donde pueden verlos.

Otro dato importante, para sus descendientes, es que el cadáver de Juan Cancio González fue exhumado dos veces, la primera de la Iglesia de San Mateo, para llevarlo al cementerio de Barcelona y de allí, para llevarlo a la Iglesia de Clarines, donde reposan hoy sus restos mortales, a un costado del Altar Mayor.


El General Juan Cancio González Rojas

A los hermanos González Aragort, en San José de Guaribe

Rafael Armas Alfonzo


Por la puerta grande de la tradición entra el General Juan Cancio González en la historia de Clarines.

De temperamento revolucionario como su padre, y como este, carpintero de ribera, ebanista y santero - su primera ocupación - , terrateniente, ganadero, reconocido caudillo de la Cuenca del Unare durante casi cuatro décadas, fue, en su tiempo, el más importante personaje que tuvo Clarines.

Juan Cancio González nació en Clarines el año 1.831, en una casa grande, de paredes altas, techada de tejas, ubicada en la Loma del Viento, cerca de la Iglesia, frente al antiguo camino que baja hacia el río (1). Hijo del español – Mahonés – don Gabriel González Cánovas y María Rojas – conocida generalmente por Mariquita Rojas – de una familia de pintores, escultores y músicos que procedentes de Cumaná se estableció en Clarines mucho antes del 1.821, cuando comenzó el renacimiento del pueblo terminada la guerra de independencia (2).

Don Gabriel González además de ser carpintero de ribera, ebanista y santero, conocía cierta técnica para gravar telas y lienzos con dibujos, muy en boga en su tiempo. Amante de la cacería y experto tirador como era, inició a sus hijos en estos deportes, por el cual sintieron verdadera predilección. Los inició también en la profesión que conocía y lo logró de la manera más sencilla: desde pequeños, sus hijos fueron sus ayudantes en todas las tareas que el realizaba, así, con el transcurso del tiempo, los conocimientos y la habilidad del padre fueron patrimonio de de sus hijos. Don Gabriel González barcos y chalanas que navegaron por el río Unare, y lo mismo hizo su hijo Juan Cancio, pero los González no eran los únicos carpinteros de ribera. Vivía entonces en Clarines don Cándido Rojas – casado con Lucía Zerpa – quién tenía la misma profesión. A el se atribuye la construcción de la balandra “Constitución”, de mucho renombre en aquel tiempo por sus notables condiciones marineras. En esas embarcaciones se efectuaba el comercio de cabotaje, en aquellos tiempos muy activo entre la Guayra y el puerto fluvial de Clarines.

Cancio González, como lo llamaban sus paisanos, fue en su juventud amansador y arrendador de bestias, un trabajo peligroso y difícil, y de mucho riesgo, porque requería de coraje y habilidad por parte del jinete. De hecho, este hombre se preparó desde muy joven para enfrentar las contingencias del medio donde vivió.

Cancio González fue dueño de extensas propiedades: el terreno Cambural, en jurisdicción de San Lorenzo, Distrito Cagigal, donde tuvo un hato, los terrenos de las fuentes termales de Aguas Calientes (3) y El Destino, en el Distrito Peñalver, donde tenía otro hato, cañaverales y un alambique; los terrenos que compró a la nación en Maracual, en jurisdicción de Guanape; el hato Cautaro, a orillas del río Unare, al sur de Clarines, entre la Cruz de Belén y Maparaca, donde siempre tuvo ganado, casa y corrales; otra casa ubicada en la población de Clarines, frente a la calle San Antonio, donde tenía una desmotadora de algodón; la hacienda Araguita – comprada a Gregorio Hernández - , ubicada en jurisdicción del Distrito Bolívar, donde tenía sembradíos de caña, un trapiche y se producía papelón durante todo el año. En Barcelona, al final de la calle Bolívar, frente al cementerio, tenía una casa grande, techada de tejas, con un largo corredor hacia el frente. En Araguita, el General Cancio González vivió con Eleuteria Guerra, en quien tuvo un hijo: Hermógenes Guerra, nacido en Caigua el 19 de abril de 1.892. En Araguita se alzó, ese año, con la gente que llevó a San Mateo

“Cancio González era pequeño de estatura – cintura de mono - , es decir, muy delgado” – nos dijo hace años en Clarines doña Carmelita Portillo, que lo conoció personalmente. - “Hombre de mucha calma, de andar despacio y siempre con las manos en la espalda. Pocas y raras veces veía la cara a las personas con quien hablaba, y si lo hacía no lo miraba de frente sino de medio lado. Hablaba muy poco. Al General Cancio González siempre lo vi usando el uniforme de campaña: un traje completo de color oscuro, corbata y un chalequito “mujo”, quiere decir marrón oscuro, y botas de montar, altas, con espuelas. ¿Qué como era?. Era un hombre serio, que infundía respeto. Amargo, malicioso, muy jodío. Tenía que se malo. Se jefe no es cualquier cosa”. Esa era la impresión que tenía de el doña Carmelita, que dicho sea de paso, era vecina suya.

Don Genaro Alen, nativo de Caigua, vivió los últimos años de su vida en Clarines, dedicado al comercio. Cuando supimos que había conocido personalmente al General Cancio González fuimos en su búsqueda. Interesados en conocer un poco más de la vida de este hombre, por quien sentimos desde muchachos tanta curiosidad. – “Sí, yo conocí bastante al General Cancio González. Siendo muy joven serví bajo su mando. Todavía lo recuerdo: muy estricto, muy exigente con el servicio. No lo vi reír nunca. Dormía dondequiera, pero no amanecía donde se acostaba. Al salir en campaña, a todos los soldados nos hacía cortar el pelo al ras del cuero cabelludo. A ninguno se nos permitía dejarnos unas mechas, y lo cierto es que toditos quedábamos como una manada de loros pichones. Peleábamos desnudos en los asaltos que se daban en noches oscuras y esto tiene su explicación: al estirar el brazo izquierdo, si tocábamos los cabellos del contrario, o un trapito – generalmente la franela – descargábamos sobre él el machete. Entre nosotros no había uno solo que aceptara de buena gana la guardia de centinela, por los caminos o veredas por donde se podía llegar al campamento. Todos sabíamos que el General Cancio González esperaba hasta la media noche o las horas de la alta madrugada para visitar el puesto, con el mayor sigilo, para ver si estábamos alerta. Se decía que él mismo pasaba por las armas, por su propia mano, al que encontrara desprevenido, o lo que es peor, durmiendo”.

Juan Cancio González comenzó sus campañas a los catorce años. Simón Campos, a quien - por mal nombre – llamaban en Clarines Bola e´ Chivo, fue su asistente, mientras vivió. Don José Gregorio Portillo, uno de sus mejores biógrafos, comenzó a servir con él desde muy temprana edad. “Yo no había acabado de crecer; tendría entre doce y trece años” – nos dijo (4). – “Era el cajero, el que tocaba la caja, que ahora llaman redoblante. En ese trabajo sustituí a Guaron, por mal nombre porque por el bueno se llamaba Pedro Valderrama – padre de Atanasio Guarapana – que fue cajero y furruquero en Clarines, en tiempos de la revolución de Los Azules. Guaron estaba ya muy viejo y no aguantaba las marchas a que el General Cancio González sometía, casi a diario, a los hombres que formábamos su ejército (5). Ese ejército se componía de campesinos de la cuenca del Unare, en su mayoría trabajadores suyos, peones y mayordomos de sus hatos y haciendas y fluctuaba entre trescientos y quinientos hombres, bien entrenados. El soldado recibía su ración de carne cruda – más o menos una libra – y casabe. Como pago recibían dos y medio riales diarios, que era el jornal que se pagaba en aquel tiempo por tarea, a los trabajadores del campo. Entre la oficialidad que acompañaba al General Cancio González en sus campañas no faltaba su hermano Nicasio González Rojas, el Comandante José Mercedes Taza, Balbino Bolívar – su vitalicio mayordomo de Aguas Calientes (6) - , y Benito Chacín, que merece un comentario aparte (7).

La mayoría de los combates que tuvo el General Cancio González en la cuenca del Unare fueron contra las fuerzas comandadas por el General Braulio Yaguaracuto, vecino de Píritu, militante entonces del partido contrario, el liberal. Uno de los primeros encuentros fue en las inmediaciones del hato “El Jovito”, de Don Emilio Barrios Bustillos, ubicado entre el Morro de Unare y el río de este mismo nombre. Tanto Yaguaracuto como el General Cancio González habían salido de sus cuarteles para recoger unas reses destinadas al mantenimiento de la tropa, y allí, en esa meseta limitada al norte por el caño que con las aguas del río llena la laguna de Unare, se batieron. Nicasio González quedó maltrecho en la pelea a consecuencia de golpes y contusiones. Otros heridos de consideración fueron José María Medina – padre de Máximo Cumache – y el comandante José Mercedes Taza, que fue herido en una pierna y en la espalda.

En la pelea de “El Jovito” ninguno de los contendores quedó satisfecho y algo se dijeron porque al regresar las tropas del General Cancio González a sus cuarteles de Clarines comenzaron éstos a preparar el escenario para el próximo encuentro: en Cautaro. A la casa del hato la rodearon de empalizadas y trincheras. La primera de éstas cruzaba el camino real, en las cercanías de la Cruz de Belén. Allí dejó el General Cancio González a su segundo en el mando, el General Jesús María García; pero este, llegado el momento del ataque, horrorizado ante la horda de desalmados que se le venía encima, mandó al corneta que tocara retirada y abandonó el puesto. Era medianoche y el río Unare, fuera de su cauce, estaba botado. ¡Oye! – dijo Benita – hija del General Cancio González – Esa es la corneta de papá y está tocando retirada. - Papá va en derrota, vámonos!. La familia, Doña Josefa María Portillo, sus hijas y las mujeres del servicio, recogieron del altar los santos, un antiguo candelabro de bronce y una caja de velas, y a paso apresurado caminaron hacia la esquina del corral de ordeño, de donde salía el camino para Boca de Guaribe. No se les ocurrió llevar mas nada (8). Después de tres días, cuando la familia volvió, encontró en la casa varios hombres heridos y en las paredes huellas de manos llenas de sangre. Saquearon la casa. Las piezas de tela que no se llevaron las destrozaron. En la troja, sobre el fogón de la cocina, no dejaron ni una mazorca de maíz, ni una sola maraca de frijoles, ni un solo grano de sal. Todo lo que representaba algún valor se lo llevaron. Ese fue el botín de guerra que llevó el General Braulio Yaguaracuto (9).

En 1.870 la Guerra Federal se hallaba encendida en varios puntos de la República, pero la atención general se fijaba en la región de Occidente, donde dos ejércitos contendores evolucionaban buscando las mejores posiciones para lograr la victoria. En Oriente abundaban las guerrillas y en ellas participaban incluso comerciantes establecidos – hombres mayores – que ninguna experiencia tenían sobre movimientos armados. Había entonces dos partidos que se disputaban el mando: conservadores y liberales. El 14 de agosto de 1.870 se encontraron a la entrada de la población de Clarines las fuerzas liberales comandadas por el barcelonés General Rafael Adrián hijo, con las conservadoras al mando del General Juan Cancio González, quien fue vencido. En poder del vencedor quedaron varios prisioneros, entre ellos el General Manuel Ávila Salazar, - nativo de Píritu, comerciante establecido en Clarines, donde era dueño además, del hato Tapiar, a orillas del río Unare, - y los comandantes Bartolo Perdomo, José Francisco López y Vicente González. En el campo quedaron 25 muertos entre oficiales y tropa (10).

Pasados poco mas de dos meses Braulio Yaguaracuto mandó un hombre de los suyos a Clarines, con un mensaje: - Dígale al General Cancio González – que ocupaba militarmente Clarines, - que desocupe la plaza porque yo, Yaguaracuto, voy a ir a tomarla”. El General Cancio González no esperó un segundo aviso. Se retiró con sus hombres a las montañas de las Calcetas del Bagre y dejó que transcurrieran tres meses hasta tanto los contrarios ignoraran completamente su paradero. El 12 de enero de 1.871, con el convencimiento pleno de que Yaguaracuto no lo esperaba, el General Cancio González lo atacó a media noche, dentro de la iglesia. La noche estaba oscura. Entre los primeros que entraron estaba Demetrio Acuña, que fue macheteado. Durante toda su vida llevó las cicatrices, en el cuello y en los brazos se le veían las marcas. Benito Chacín, (a) Conejo, que iba detrás de él, recibió un balazo en una pierna, que lo tumbó. Arrastrándose salió de la iglesia, atravesó la plaza y, gateando, siguió hasta la quebrada situada en el bajo de Casilda, a mano derecha, bajando por el antiguo camino hacia el río. Allí pasó tres días, le cayó gusano; pero se salvó, solo quedó cojo. Esa noche, palmo a palmo, los combatientes se disputaron el terreno. Entre las filas del contrario el General Cancio González se encontró esa noche con un amigo y compadre suyo, quien al reconocerlo le gritó: - ¡ Compadre!, no me tire , estoy rendido!” y el temible guerrillero levantando el machete le contestó: - “Yo no vine a rendir sino a mermar”…y le quitó la cabeza. La sangre en el sagrado recinto daba al tobillo. En esa acción hubo, entre ambos bandos, más de un centenar de muertos, entre ellos el General José Antonio Chacín y el Comandante Vilca (11). La pelea, que duró hasta el amanecer, fue la más encarnizada y sangrienta acción de guerra que ha tenido Clarines durante toda su historia. El General Cancio González logró una completa derrota sobre las fuerzas del temible piriteño, el “Onza” de los Yaguaracuto, según el decir popular, quien desde ese día lo bautizó con el sobrenombre de “Baquirito”. A pie tuvo que irse Yaguaracuto rumbo a sus cuarteles de Píritu. Su bestia de silla, un macho negro, lo dejó esa noche en la iglesia, amarrado del pilar del púlpito.

El General Cancio González, con el pequeño ejército que comandó en la cuenca del Unare, tomó parte en acciones militares en la islas de Margarita. Una correspondencia del General José Antonio Velutini para el General Joaquín Crespo, así lo demuestra. El 22 de junio de 1.885 estalló en Carúpano la revolución acaudillada por el General Venancio Pulgar y, para hacerle frente, el General Joaquín Crespo – presidente de la República – declaró en comisión, en resguardo del orden público, a los Generales Barret de Nazaris y José Antonio Velutini. Y es este quien moviliza, desde Clarines, al General Cancio González, quien aparece el 13 de julio en las acciones de Porlamar y La Asunción.
“La Asunción: 13 de julio de 1.885. Señor General Joaquín Crespo. Ayer ocupé a Porlamar y dos horas después de tomar posesión y pacificada la plaza, fui atacado por el enemigo en número de 700 hombres. Cuatrocientos de los nuestros bastaron para rechazar el ataque, y en la persecución que les hice ocupé las buenas posiciones que tenían camino de La Asunción. En esta acción se distinguieron Márquez, Romero, Bartolomé Ferrer, Meneses, Guzmán y Cancio González. José Antonio Velutini.”

Después de la pelea de la iglesia el General el General Cancio González dispuso de un largo período de tiempo, que aprovechó para dedicarse al fomento de sus hatos y haciendas. Consecuente con ese propósito había pedido al comercio de la Guayra un alambique para la hacienda El Destino, y como ya la caña estaba a punto de molienda y ese aparato de destilación había llegado a Puerto Píritu, al recibir el aviso salió para allá dispuesto a recibirlo.

Los terrenos de la hacienda El Destino quedan a orillas de la laguna de Unare, al pie de la serranía de Aguas Calientes, y, para ir desde allí a Puerto Píritu hay que venir, costeando la laguna, hasta el antiguo caserío Chávez, seguir hasta Boca de Uchire y de allí en adelante el camino es por la misma orilla del mar, es decir por la playa. Y esa fue la vía que tomó el General Cancio González. Llegó al poblado de El Hatillo y no se detuvo. Un poco más adelante, en Boca de Unare, vivía Don Pancho Rojas, su pariente, pero tampoco quiso detenerse. Eran cerca de las diez de la mañana cuando ve venir, por el mismo camino, un hombre en bestia. A poco se reconocieron y cuando uno llegó frente al otro, el General González lo alertó y revólver en mano le dijo: - “Aquí es donde usted, Braulio Yaguaracuto, me va a entregar mi mula. Usted me mata a mi o yo lo mato a usted. Yaguaracuto se apeó, desensilló la mula, se montó la silla en el hombro y regresó a pie por el mismo camino que traía. Cancio González llegó a Píritu con su mula arrebiatada. Hacían casi dos años que Yaguaracuto tenía esa bestia, desde la noche del asalto al Hato Cautaro, cuando la encontró suelta, en uno de los corrales inmediatos a la casa. El General Cancio González la había mandado a pedir varias veces; pero Braulio Yaguaracuto se había negado a devolverla.

La última Campaña

A mediados de noviembre de 1.892 salió de Clarines, en campaña, el General Juan Cancio González. Durante toda su actuación es la primera vez que sale escaso de tropa, de oficiales y de parque. Como oficial lo acompaña José Andrés López, con experiencia en la guerra de guerrillas. El General Felipe Martínez – natural de San Lorenzo, General de Brigada, con despacho firmado por Joaquín Crespo - , residenciado entonces en Clarines, ha querido acompañarlo; pero resulta algo providencial que lo salva: ya en camino a San Mateo, llegando a El Carito, los alcanza un posta que se mandó para avisarle que su hija Narcisa estaba grave. Por eso Don Felipe Martínez no se encontró en la pelea de San Mateo. El General Cancio González había sido llamado con urgencia por su compadre el General José Antonio Velutini, de acuerdo con el General Manuel Guzmán Álvarez, que disponía de abundante parque y de suficientes elementos de tropa; y aunque ambos Generales se entrevistaron en San Mateo, no se coordinó bien la acción. Se ha dicho repetidas veces que esa acción de San Mateo fue una temeridad. Y eso fue, realmente: un hecho de armas realizado sin ninguna razón de ser, sin nada que lo justifique.

Ese 23 de noviembre de 1.892, después de recibir por tres veces, al mensajero del General Braulio Yaguaracuto, invitando al General Cancio González a una entrevista, comenzaron los fuegos aproximadamente a las 9 am. Las descargas se efectuaban de trinchera a trinchera. No hubo otro enfrentamiento. A mediodía el General Pedro Rodríguez ya se había retirado y acabado el parque salía el General Cancio González y José Andrés López fuera de la iglesia, cuando, deteniéndose de repente, dijo: - “Cancio González no ha huido nunca. Vamos a aguantarnos; vamos a pelía una hora más”, a lo que contestó su compañero José Andrés López: - “Pero General, vamos a retirarnos mas bien!, - nos van a matar como unos pendejos!, - No tenemos gente!, - Vámonos! Y, paso a paso se encaminaron a unos cujíes, en medio del ruido de las descargas, cuando fue alcanzado José Andrés López. Caía este y al ir a agarrarlo Cancio González recibió un balazo en la frente, hacia un ojo, que lo dejó muerto en el acto. Les faltó prudencia, buen juicio. ¿Cuál sería la razón para que expusieran así sus vidas?. La verdad simple y sencilla, la supimos muchos años después en San Mateo: el General Cancio González y muchos de sus hombres estaban borrachos. Desde que terminaron de cavar las trincheras, el día anterior, comenzaron a tomar aguardiente y esa noche nadie durmió. El día de la pelea a los soldados se les daba ron revuelto con pólvora. Uno de sus hombres le preguntó al General Cancio González si él creía que vendría Yaguaracuto, y el le contestó: - “Deja que venga. Yo se que él es guapo, pero lo voy a esperá pa pisalo con las patas de los caballos, porque yo lo he peleado otras veces”.

El General Eleuterio García, conocido generalmente por Platero (12) – un negro alto, buen jinete, natural de los altos de Santa Fe, fue el que vino a pelear al General Cancio González. Trajo 300 hombres, y su contendor sólo tenía 60, y casi sin parque porque el General Manuel Guzmán Álvarez, sorpresivamente y sin previo aviso, levantó campamento con sus hombres…para irse a su hacienda Hato Viejo.

El día de la pelea los pobladores de San Mateo no abrieron las puertas de sus casas, con la sola excepción del señor Carlos Celta, italiano, que en tiempos de revueltas ponía en la puerta de su establecimiento comercial una bandera italiana. En esa casa se refugiaban los contendores de uno y otro bando que por estar heridos o enfermos tenían que abandonar sus filas. Petra Méndez hacía de centinela y ordenanza en la casa del italiano. Era negra y vivió mas de 100 años.

En la trinchera donde enterraron esa tarde al General Cancio González, al lado derecho de la iglesia, enterraron cinco cuerpos, - uno de ellos el de José Andrés López- , a él lo colocaron a los pies. Vivió 61 años y nadie, en la cuenca del Unare, - transcurrido un siglo de su tránsito – has suplido la falta de este hombre de recia y vigorosa personalidad.

Hermanos González Aragort, descendientes de
Cancio González y a quienes el autor dedica este escrito.

Notas del autor:
  1. Era una casa muy hermosa y sólidamente construida. Aunque sus paredes eran de bahareque, durante más de un siglo resistió los embates del tiempo. Fallecido su primitivo dueño, la casa pasó a ser de su hijo Nicasio González Rojas – hermano del General Juan Cancio – quien formó allí su familia casado con Carmen Calma, hija de Antonio Calma y Andrea Torres. Fueron padres de siete hijos, los González Calma, quienes dieron origen a otros grupos familiares.
  2. Gabriel González Cánovas era hijo de don Gabriel González Serra y Catalina Cánovas Quintana, todos naturales de Mahón, en el archipiélago de las Baleares. Esta ciudad está situada al este de la isla de Menorca y es la capital. Mahón es puerto natural, el mejor resguardado de las Baleares. Los González – una familia distinguida – fueron militares que durante varias generaciones sirvieron en la guarnición del Castillo de San Felipe, en Mahón. El 10 de octubre de 1.811, Gabriel González se encontraba en Barcelona. Ese día firma, conjuntamente con los patriotas barceloneses el acta o pronunciamiento a favor de la independencia.
  3. El terreno de Aguas Calientes lo adquirió el General Juan Cancio González y posteriormente vendió una parte, reservándose una superficie de media legua, de la que hoy son propietarios sus herederos.
  4. En Clarines, el 16 de julio de 1.946, nos habló Don José Gregorio Portillo del General Cancio González, por cuya memoria sentía una gran veneración y respeto – “Recuerdo entre otras cosas, lo que más me impresionó el día de la pelea de San Mateo. – Nosotros nos encontrábamos en las trincheras que habíamos hecho alrededor de la iglesia, y allí se presentó – con una bandera blanca – uno de los oficiales del General Braulio Yaguaracuto, con un mensaje – “Mi General desea tener una entrevista con usted, General González, y por eso lo manda a llamar”. – dijo dirigiéndose al General Cancio González. – “Si es el quien desea hablar conmigo, dígale que venga hasta mi campamento, que aquí lo espero”, pero el otro no fue. – “Tres veces vino el emisario; pero ni el General Pedro Rodríguez, ni el Coronel José Andrés López, que estaban a su lado, les pareció que debía ir.”
  5. Pedro Valderrama (a) Guaron, fue el padre de Atanasio Guarapana, una familia que durante varias generaciones vivió en Lomas del Viento, detrás de la iglesia. Atanasio recibió como herencia la caja que fue de su padre, así como el oficio de cajero y furruquero que desempeñó durante toda su vida, en las inolvidables navidades de un Clarines que desapareció.
  6. El Comandante Balbino Bolívar, nativo de Valle de la Pascua, donde nació en 1.831, fue el fundador de este apellido que por muchos años vivió en Aguas Calientes. Tradiciones de familia señalan que Balbino Bolívar entró 16 años a la guerra, de la que hizo su profesión. Tomó parte activa en la Guerra Federal, al lado del General Cancio González, de quien era muy apreciado por su arrojo y lealtad.
  7. De Benito Chacín, su lugarteniente, se decía que había sido oficial en la Guerra de Independencia. Era el hombre de mayor edad entre todos los que acompañaban al General Cancio González en sus actividades bélicas. De gran experiencia, arriesgado y valiente, gozaba del privilegio de asistir a una pelea o un asalto cuando se le mandaba algún aviso solicitando su colaboración. Entonces era el primero en llegar. Era un hombre blanco, bajito, muy simpático, muy chusco – humorístico – queremos decir. Lo llamaban conejo, por mal nombre. Vivía solo en un rancho que construyó en El Peine, en terrenos de Tramojo, al sur de Clarines, cerca de la laguna de Chocopire, donde tenía un cambural. Allí falleció casi centenario.
  8. Martín Méndez, un campesino residente en el vecindario Tramojo, al sur de Clarines, mientras pescaba en el río Unare, frente al paso real de Boca de Guaribe, encontró enterrado en la arena un candelabro de bronce, que, por deducciones, calculamos que sería el mismo que llevaba la familia del General Cancio González cuando temerosos atravesaban en canoa el Unare, huyendo del ataque de Yaguaracuto al hato Cautaro.
  9. Hizo lo mismo que el General Martín A. Marcano cuando ocupó militarmente a Guanape, comenzando el presente siglo.
  10. Historia Contemporánea de Venezuela, del Dr. Francisco González Guinan, Tomo IX, Capítulo XIV, Página 377. Edición de la Presidencia de la República.
  11. En la década del 1.935 al 45, cuando se trataba de enterrar en la calle San Antonio, la primera tubería para el acueducto de Clarines, sorpresivamente el personal obrero que abría la zanja, se encontró con una trinchera como de 50 mts de largo, llena de cadáveres, que por su posición – unos sobre otros – parecían haber sido tirados allí de cualquier manera. La noticia corrió como pólvora: Era impresionante!. Don Emilio Chivico y Don Pedro Martínez Valladares, que vivían cerca, ante la novedad, fueron a ver el compacto montón de huesos, y opinaron que esos fueron los muertos de la pelea de la iglesia en 1.871, cuando Cancio González derrotó a Braulio Yaguaracuto.
  12. El General Eleuterio García (a) Platero, usaba plata en su dentadura y en las charnelas y adornos del freno de su bestia, de allí el motivo del apodo. Al General Platero lo mataron frente a la puerta del cementerio, en San Mateo, de un balazo en la frente. Iba en bestia, en retirada…en días de semana santa – jueves o viernes santo – algunos vecinos oyen a medianoche el relincho y el ruido de las charnelas del caballo de Eleuterio García, frente al cementerio de San Mateo. Antonio Tononi, Chucho Rodríguez y el viejo Manche Núñez, conocen esta historia. Información del profesor Carlos Alfaro Celta, en Barcelona, 1ro de marzo de 1.977.



sábado 6 de junio de 2009

Personajes del Oriente Venezolano

Dr. Pedro Celestino Muñoz Oropeza
Sucesores del Dr. P.C. Muñoz O.




Pedro Celestino Muñoz Oropeza, nace en Caracas (Parroquia Altagracia), en el año de 1858. Hijo de Rosé De La Rosa Muñoz y Teresa Oropeza. A la edad de siete (7) años, comienza sus estudios en el Colegio La Concordia de esa ciudad y a los catorce (14) años (1872), termina su educación primaria.

Inicia su educación secundaria o media, en el mismo colegio y en el año de 1876, se gradúa de Bachiller en Filosofía y Letras, ingresando en la Universidad Central de Venezuela ese mismo año, para cursar estudios de medicina, logrando titularse como Médico Cirujano en 1882 según consta en Registro asentado en el libro 35, legajo numero 34, años 1882 y 1883, llevados por la universidad. Simultáneamente realizó cursos de Matemáticas, en el año de 1876, en la Escuela Militar de Matemáticas de Caracas, obteniendo la Diplomacía correspondiente.

Una vez alcanzado el título universitario conferido por la U.C.V., y llamado por ímpetus de su vocación, se traslada al interior de la República a ejercer su apostolado, radicándose en la población oriental de Píritu, registrándose como Médico - Cirujano en los Archivos del Estado, figurando como uno de los primeros profesionales en medicina de la provincia venezolana, dedicándose a la humanitaria labor de hacer el bién y sanar enfermos.

En el año de 1883, contrae matrimonio con la señorita Petra Cabello Gibbs, de cuya unión nace una laboriosa y pujante familia, al estilo de las buenas costumbres, creencias y enseñanzas de la época. Posteriormente se traslada y radica, en la población agropecuaria de Guanape, en donde desarrolla una intensa labor sanitaria, asistencial y educativa, contribuyendo a fundar escuelas, dispensarios, centros culturales y recreativos, propios de una región activa y laboriosa que marcó pauta en los comienzos de siglo XX, ejerciendo gran influencia en las poblaciones de Píritu, Clarines, Sabana de Uchire, Guaribe Tenepe y la naciente población de Valle de Guanape.

La numerosa familia de doce (12) hijos, cinco (5) varones, todos con el primer nombre de Marco y siete (7) hembras, cuyos nombres se inician con Zoila, prosperan y contribuyen al realce y superación Geopolítica y Social de la región, incrementando las instituciones educativas, estableciendo oficinas de correos, telégrafo, farmacia, comerciales que se deben en su mayoría, a la orientación y participación directa del Dr. Muñoz, poniendo en evidencia su espíritu de servicio y templanza que lo caracterizaba.

Siempre presto a atender en todo momento, tiempo o lugar, sin distingos de condición social, raza ó religión, a quienes solicitaran sus servicios y consejos. Su aporte en lo científico, se efectivo a través de la elaboración de variadas fórmulas magistrales, tales como el “Jarabe para la guaribera” (epidemia de pulmonía que azotó con gran intensidad a la población de San José de Guaribe), medicamentos para las fiebres, etc. En el área de obstetricia, realizó una gran labor educativa y sanitaria.

Fue miembro de varias Academias e Instituciones de la época, entre las cuales podemos mencionar la de Miembro Adherente a la Asociación Médica Internacional para la Ayuda a la Superación de la Guerra, con sede en París, Francia; miembro de la Diputación del Estado Anzoátegui.

En el año de 1907, muere su esposa, Doña Petra Cabello Gibb de Muñoz. Para el año de 1917, en segundas nupcias contrae matrimonio con Luisa Julia Gutiérrez López, de cuya unión no hubo descendencia.

El 03 de Septiembre de 1924 y, a la edad de 66 años, fallece víctima de una enfermedad cardiaca, posiblemente de tipo chagsica, que le hizo experimentar con el mismo, los medicamentos conocidos para la época, tales como el Digital y sus derivados que comenzaban a probarse en Venezuela.

Sus restos, junto a los de su esposa Petra Cabello Gibbs y su hija Zoila Fé Muñoz Cabello, reposan en el Cementerio de Píritu.


sábado 16 de mayo de 2009

La Pelea de Guanape

Seguidamente, copio textualmente el escrito de nuestro pariente Rafael Armas Alfonzo, a proposito de uno de los acontecimientos mas importantes ocurridos en la historia de Guanape, durante La Revolución Libertadora, en diciembre de 1.902.

Para hacer el texto mas amigable, he colocado enlaces a las personas que se nombran en el texto y que aparecen en el arbol de nuestra familia, que como detalle curioso, la mayoría de los protagonistas de esta historia estaban emparentados de una u otra manera. Practicamente se puede decir que fue una batalla familiar. Igualmente a lo largo del texto, he colocado unas fotos para ilustrar el sitio de los acontecimientos y ademas una del cementerio local de Guanape, en donde reposan los restos de ambos parientes, del General Manuel Itriago Armas y de su primo Pedro Armas Itriago, una al lado de la otra.

Agradecimientos para Alvaro Armas Bellorín, hijo del autor, el cual muy gentilmente autorizó su publicación.


La Pelea de Guanape
Rafael Armas Alfonzo


La Revolución Libertadora constituye el hecho armado de mayor significación contra el gobierno del general Cipriano Castro. Comienza a fines de 1.901 con la presencia en aguas venezolanas del vapor Banright, rebautizado Libertador, a cuyo puente de mando se asoma el general y banquero Manuel Antonio Matos, y tras diecinueve meses de cruentos episodios, culmina en Ciudad Bolívar con el triunfo del Gobierno, jefaturada por el General Juan Vicente Gómez, segundo de Castro. Campos de acción fueron Guanaguana, La Victoria, El Guapo, Barquisimeto y Ciudad Bolívar. Catorce mil hombres llegaron a contar los rebeldes. Victorino Márquez Bustillos, panegirista de Gómez, asigna a la Libertadora la importancia que no tuvo, según él, la Guerra Federal. Implica en la aventura “Los hombres de dinero, los de los prestigios políticos y los militares, los dirigentes de los partidos, fuerzas vitales, en suma, abrumadoras por su calidad y por su peso…” y “entre las más brillantes espadas del caudillaje y los más expertos políticos de todos los círculos” asocia los nombres de los Generales Luciano Mendoza, Domingo Monagas, Nicolás Rolando, Gregorio Segundo Riera, Amabilie Solagnie y Luis Loreto Lima.

El alzamiento de La Victoria el 20 de Diciembre, a la cabeza Luciano Mendoza, presidente del Estado Aragua, marca en realidad el principio de la revolución. La acción del Cerro el Zamuro, en la capital de Bolívar, es el fin. Se peleó el 19 y el 20 de Julio. Doscientos cincuenta muertos y más de cuatrocientos heridos es el balance de los atacantes. Ochocientas bajas entre muertos y heridos sufren los rebeldes. A estas cifras los vencedores suman 3.275 fusiles, cuatro cañones, una ametralladora, una caja de dinamita, doscientas sesenta y cuatro granadas, trescientas libras de pólvora, más de medio millón de cápsulas y seis millones de fulminantes. Los rendidos suman doscientos veintiséis jefes y oficiales y ochocientos soldados de la Libertadora. El General Nicolás Rolando, jefe rebelde de oriente, de enorme ascendiente regional, esta entre los presos.

Además de las grandes batallas de La Libertadora, demasiada sangre se derramó en esos diecinueve meses. Ardieron pueblos, potreros y haciendas y en un sinnúmero de escaramuzas cayeron demasiados venezolanos: campesinos y pueblerinos arrastrados inconscientemente a la destrucción. La acción de Guanape, descrita por Rafael Armas Alfonso, maestro de escuela de muchos años, historiador con buena obra en vías de publicación, muestra lo que de encono fraticida tuvo la Libertadora en esa región agropecuaria de Anzoátegui. ¿Qué fue la pelea de Guanape? Una escaramuza entre hacendados, entre familiares, entre terratenientes. Sus puntos de diferencia se exteriorizaban afecciones a este o aquel caudillo o ambiciones de poder entre los que lo detentaban y los que lo aspiraban por la vía de la fuerza. Ni unos ni otros proporcionarían a sus pueblos posibilidades distintas a las que inveteradamente se les han negado a comunidades de escaso destino social. Las conclusiones que resultan conforman un cuadro de heroicidades innecesarias: una sola familia enlutada y un cadáver expuesto al sol hasta que la insania de un violento cabecilla rural permite que lo recojan para su entierro, el de Manuel Itriago al lado de su sobrino, en el mismo pedazo de tierra del cementerio local, los dos compartiéndose las mismas flores escasas.

El 12 de diciembre de 1.902, en plena Revolución Libertadora, el General Manuel Itriago Armas (a) Veneno, ocupaba militarmente a Guanape con fuerzas del Gobierno. “Las tropas, veteranas, disciplinadas, en su mayoría las había traído de Caracas” (1). Su cuartel ocupaba la casa llamada La Estrella, ubicada en la Calle Real, en el cruce con un callejón que sale a la plaza. Frente a esa casa, por el lado izquierdo, está la quebrada Calanche y más allá el bosque, la montaña. Esa casa, techada de tejas, hace esquina, aún existe, deteriorada, ruinosa. Allí estaba acuartelado también en su condición de 2do jefe de las fuerzas, el General Zenón Marapacuto, quien había traído unos sesenta hombres bien armados, todos ellos de los caseríos Santa Bárbara y Alto Uchire. Uno y otro estaban en expectativa, dispuestos a defender a Guanape como diera lugar.

Después de la derrota de El Guapo, algunas de las guerrillas formadas por revolucionarios de la zona norte del Estado Anzoátegui, mejor dicho, de la costa del Unare, habían logrado reunirse bajo el mando del Coronel Pedro Rafael Armas, “oficial de valor e impetuosidad comprobados” (2).

Esas guerrillas eran comandadas por pequeños caudillos, los más hombres de hogar y de trabajo, ninguno, realmente era oficial de escuela: Manuel Monserrate de Armas Álvarez, uchireño hacendado, José Vicente Mata Armas, de Píritu, Manuel Santamaría, de Clarines, y José Gregorio Bastardo, de el Hatillo. Estos fueron los del ataque a esa plaza.

Erróneamente se ha afirmado que otros jefes revolucionarios acompañaron al Coronel Pedro Rafael Armas en esa oportunidad. Es incierto. Nicolás Bottaro, hijo de Clarines, criador, dueño del hato La Pedrera, Matías Morffe Marcano, agricultor y criador, dueño de una posesión ubicada entre Las Pinteras y Urape, en jurisdicción del municipio Sabana de Uchire, y don Pancho Lusinchi, de Clarines, criador, dueño del hato Corcobao, no estuvieron en la pelea de Guanape.

Ubicados en Clarines, a los jefes de guerrillas les resultó un problema difícil unificar criterios en cuanto a los movimientos de la revolución. “Las discusiones en el campamento, entre los jefes, eran muy frecuentes. No lograban ponerse de acuerdo” (3). Manuel Monserrate de Armas, José Gregorio Bastardo y Manuel Santamaría insistían en el ataque a Guanape, y, sin rodeos, expresaban sus dudas de que el Coronel Pedro Rafael Armas se atreviera a atacar esa plaza, defendida como estaba por su pariente el General Manuel Itriago Armas.

La decisión de tomar a Guanape a toda costa se tomó el 10 de diciembre, después de acaloradas discusiones y no fue sino una temeraria demostración de valor y coraje por parte del Coronel Pedro Rafael Armas (4), a pesar de que ambas cualidades eran suficientemente reconocidas por todos los que le acompañaban. Entre estos, con categoría de oficiales, estaban Chucho Armas, su hermano, Manuel Santamaría, ya citado, y Adolfo Quiaro, nativo de Clarines, quien había sido ayudante de Bottaro. Le acompañaba también otro buen oficial, de apellido Guacarán, nativo de El Guamo, que con el, con Pedro Rafael, había hecho toda esa campaña.

Esos primeros días de diciembre de 1.902, para los revolucionarios de Clarines, fueron de mucha actividad. Del cuartel, ubicado en la Casa Amarilla, frente a la plaza, salían las comisiones, que no se daban descanso. Se buscaba bestias, monturas, armas, y, por supuesto, reses para el abastecimiento de la tropa. Muchos hatos fueron requisados, pero sus dueños habían traspuesto sus bestias de silla, que era lo que con más empeño se trataba de conseguir. Sin embargo, algo se trajo de Amana y de Palmira, de El Bagre, de San Isidro y Los Barrancos, en la cercanía de La Encantada. Esas comisiones lograron además que algunos se sumaran espontáneamente al movimiento.

En la población existía cierta inquietud, cierto temor difícil de disimular. Algunos hijos de Clarines prestaban servicio militar bajo las órdenes del General Itriago, y nadie podía prevenir los resultados de un encuentro, tantos eran los preparativos bélicos que se estaban observando.

Por otra parte, la actividad económica se encontraba totalmente paralizada. La mayoría de los comerciantes preferían esperar, temían correr el riesgo de que se les pidiese una obligada contribución en dinero efectivo, como se había impuesto en anteriores oportunidades. Este temor era el tema de las conversaciones de don Pancho Medina y de don Juan Chacín, dueños de establecimientos mercantiles en la Calle Comercio. En la farmacia de don Plácido Gutiérrez las reuniones eran muy frecuentes y los comentarios de la situación exponían claramente las simpatías de los asistentes hacia el General Nicolás Rolando y los otros jefes de la Revolución Libertadora. A esas reuniones asistían el Dr. J de J Tirado, don Julio y don Reinaldo García Ramírez, don Julián Alfonzo y otros más. Pero era evidente que les inquietaba ese inusitado movimiento de gente armada que había tomado la población. Ni los cargadores de agua, ni los que traían del campo frutos o animales para vender, se veían en las calles. El negocio de don Manuel Ávila Salazar, ubicado en la misma casa donde tenía su familia, situado a dos cuadras de la plaza, en la calle San Antonio, abría una de sus puertas un rato en la mañana. Su dueño lo hacía, mas por hablar con algunos oficiales y elementos de tropa, de los que pasaban por la calle, que por venderles algo. Don Manuel Ávila simpatizaba también con La Revolución Libertadora, revolucionario como había sido durante toda su vida. Don Ramón Alfaro, dueño de un negocio de mercancías y víveres ubicado en la casa Nro. 72 de esa misma calle San Antonio, casa diagonal hoy al dispensario, accedía a vender algo, pero a determinadas personas, y lo hacía por el zaguán. Don Antonio Requena Gómez, que tenía un negocio y una panadería en su casa de la calle San Antonio Nro. 82, hoy propiedad del señor Francisco Bustillos, no habría sus puertas a nadie, su esposa, doña María Medina, nerviosísima con ese tropel de caballería que con sus cascos sacaba estrellas al empedrado de la calle, no se lo permitía. Don Agustín Monteverde, establecido en la casa Nro. 88 de esa calle, casa que hoy es propiedad del señor Arturo Armas López, doña Adelina Bottaro, en su casa de La Cruz del Zorro, y don Pancho Lusinchi, en la última casa de esa calle, frente al puente que comunica con el caserío La Cruz de Belén, mantenían una misma actitud: no abrían sus puertas. Era notorio que ningún viajero, ningún arreo llegaba a Clarines, ocupada como estaba la ciudad por los revolucionarios.

El viejo Domingo Pérez, encargado de prende los faroles, hacía días que no salía con su escalera al hombro y su lata de kerosene, pues había tenido que suspender su trabajo por recomendaciones de su mujer, doña Vicenta. Al oscurecer todas las salidas de la población eran ocupadas por centinelas y los cambios de guardia obligaban a los vecinos a la vigilia y a los comentarios en voz baja.

Don Julián Alfonzo, quien había dejado de ir a su hato Cuapa por permanecer al lado de su familia y por ver en que paraba todo ese inusitado movimiento, a petición de los revolucionarios accedió a ir a Guanape con una comisión sumamente delicada: proponer al General Manuel Itriago Armas que se sumara al movimiento, pero esta fue una gestión inútil. “Ya tengo este compromiso con el General Cipriano Castro. Yo soy hombre de palabra”, fue toda su respuesta.

El General Itriago Armas, a su vez, por intermedio de personas de la familia, trató de persuadir a su pariente: “Dígale a Pedro Rafael que no me ataque, que eso será una imprudencia”. Resultaba evidente que no deseaba la pelea, y, en consecuencia, en esos primeros días de diciembre, se preparaba para desocupar la plaza.

A pesar de todo, terminados los preparativos, se emprendió la marcha hacia Guanape. La salida de Clarines fue en la alta madrugada de ese 12 de diciembre. Esas guerrillas comandadas por Pedro Rafael, en honor a la verdad, no constituían ningún ejército. Sus efectivos alcanzaban a 480 hombres, incluyendo los que mandó, a última hora, don Carmen Itriago, todos ellos peones y vaqueros de su hato Arenas. “Eran fuerzas de infantería, la oficialidad, y no toda, montaba en bestias. El armamento era desigual, un verdadero muestrario. Unos pocos máuseres, Winchester y mosquetones, que habían sido utilizados en otras guerras, cubanos, un arma que llamaban charpa, y escopetas de pitón de uno y dos cañones. El parque que llevaban no eran gran cosa” (5)

Como a las 9 y 30 a.m., frente al caserío Las Varas, Manuel Santamaría, picando espuelas a su caballo, se arrima al de Pedro Rafael y le dice: “Mire compadre!, usted lleva a su lado a Guacarán, que es buen oficial y como bueno que es lo ha acompañado en toda esta guerra, desea Chucho, su hermano, para que me acompañe”, a lo cual Pedro Rafael accedió.

Antes de las 11 a.m. rodearon la plaza. Un grupo de hombres de a caballo, a toda carrera, fueron los primeros en entrar a la población, la que atravesaron sin detenerse. Se oían gritos y descargas de uno y otro lado. Don Pedro Herrera, en su casa, no hallaba donde esconderse. Lina y Fidelia Turipe corrían de uno a otro rincón implorando a la Virgen de Candelaria que las protegiera. En la casa de los Armas Domínguez el pánico se apoderó de todos: Rosa enterró sus prendas bajo un ladrillo, a Amparo, su hermana, el susto le produjo vómitos y diarrea. Rafael Alejo, en el momento de comenzar el tiroteo, entraba a su casa con dos toretes que traía para su venta. Estos animales quedaron sueltos porque no dio tiempo para amarrarlos. Rafael Alejo gritó: Todo el mundo al suelo, boca abajo!. Del susto tan grande, se enfermó (6).

Del cuartel, mandado por Marapacuto, el primero en salir fue Policarpo Morffe, oficial, que con varios soldados hizo frente a los atacantes. Las descargas continuas y los gritos se oían por todas partes. Pedro Rafael entró por La Tejería con su guerrilla, y allí, tras de la Iglesia, le mataron a Guacarán.

Enardecido, avanza espada en mano, gritando a los suyos: “Avancen, muchachos!” pero los defensores no dan el frente, no se dejan ver sino cuando apenas asoman las puntas de los fusiles para disparar. Se protegen tras de las esquinas, tras de los árboles de la plaza, tras de las palizadas de las casas. Corriendo atraviesan la calle, buscando protegerse de las descargas. Buscan hacia el callejón situado entre la calle comercio y la calle Santa Rosa, y, por un boquete que ven en la palizada de la casa de don José Antonio Gutiérrez, entra la guerrilla, ya diezmada, pues en ese corto trayecto han perdido cuatro hombres.

En el patio de la casa, tras del grueso cañón de un cují, la gente del General Manuel Itriago ha improvisado una trinchera. La defienden Santos Mendoza y un indio nativo de Píritu, de apellido Araguaney. Ante éste, espada en mano, preséntase Pedro Rafael: “Ríndanse!”, le grita, y el otro levantando a medias el fusil, acciona el gatillo. El balazo, en la parte baja del cuello, detiene su marcha y cae. Los de esa trinchera suspenden el fuego. ¿Y este quien es?, le pregunta Araguaney a Santos Mendoza, que lo tiene al lado. “Carajo!”, le dice Santos. “Este es Pedro Rafael, el jefe de la revolución!”. El soldado piriteño se asustó muchísimo. “Yo no sabía yo no sabía”, repetía azorado, con pena (7). La tradición oral ha recogido esos detalles, tal como se mencionan.

¿Que parte tomaron en la acción las tropas comandadas por Manuel Monserrate de Armas, por Bastardo, por José Vicente Mata y por los otros?. ¿Qué parte tomaron si en la pelea los muertos fueron cinco, y todos de la Guerrilla de Pedro Rafael?.

Terminada la pelea, de regreso hacia Clarines por el camino real, llega Chucho Armas a Las Varas, a la casa de Teodoro Magallanes y preguntó quienes habían pasado. Bueno, le contestó el otro, pasó Monserrate con su gente, pasó también Manuel Santamaría con los suyos, después pasó Bastardo, después José Vicente… ¿Y Pedro Rafael, le interrumpió Chucho. No, Pedro Rafael no ha pasado, contestó Magallanes.

Chucho Armas volvió grupas su bestia, se regresó. En el paso del río, a mano derecha, subió por su cauce, y, dejando éste, tomó el curso de la quebrada Calanche para observar, con alguna protección, los movimientos en el pueblo. Por allí se quedó hasta el oscurecer, hasta que vio salir las tropas de Marapacuto. Esa noche se encontraba en el velorio del hermano.

La guerrilla de Manuel Monserrate de Armas, integrada por uchireños, durante la pelea se había dispersado completamente, de tal manera que cuando el pasó frente a la casa de Magallanes, rumbo al camino que sube a Sabana de Uchire vía Cerro Verde, solo llevaba un reducido número de soldados. Fue la guerrilla más numerosa de las que concurrieron al ataque de Guanape, pues la formaba un contingente de más de cien hombres. Juan Cabeza, Ramón Duerto, Andrés Cacharuco, Enerio Párica, Valentín Guacha, Ignacio Macayo, Segundo Tarache, Matilde Estacio, Francisco Marapacuto y Raimundo Macuma se contaron entre ellos. Sus oficiales Eusebio Aguilar, Hilario Meza, Pablo Avilé, José Gabino Tovar y Julio Bellorín eran hombres de valor y con una cualidad sobresaliente: leales a la palabra empeñada. Este grupo de uchireños, así como los otros grupos, constituían una montonera. Criadores o agricultores, obreros, hombres del campo o de la ciudad, con limitados recursos económicos o sin ellos, ¿Por qué iban a la guerra? Simplemente porque todo el que se consideraba un hombre iba. En algunos casos, tomar parte en esas revoluciones era algo así como una obligación, pues se presentaba un medio fácil para saldar diferencias o cobrarse deudas personales, y si padre y abuelo habían tenido destacada actuación en los movimientos armados de su tiempo, ¿Cómo justificar el hecho de permanecer indiferente? (8). Por otra parte, regados por todo el territorio venezolano aún vivían algunos oficiales y soldados de los que combatieron en la guerra de independencia, y estos hablaban de sus proezas, de su participación en esa contienda (9). De hecho, tales relatos incitaban al hombre a enrolarse en el primer movimiento armado que se presentara. Decir “ese peleó en La Guerra Federal” equivalía a decir que pasó por la mejor escuela de ese tiempo.

¿Qué buscaba Pedro Rafael Armas al atacar a Guanape?. En el supuesto de que hubiera logrado tomar la ciudad, ¿Qué ventajas le reportaba al movimiento, a la revolución, si en realidad esa plaza, militarmente, carecía de importancia?.

Ese día del ataque a Guanape, al General Manuel Itriago le había llegado su hora. Todo el tiempo que duró la pelea lo pasó donde su hermana Inés María Itriago, esposa del señor Pedro Pérez Ramos, quien vivía en una casa de esquina, frente a la plaza, a una cuadra del cuartel. Desde allí mandó varias veces a Nico Rojas, su asistente, para preguntar a Marapacuto como veía la situación. “Dígale al General Itriago que no salga, que espere más bien un rato. Dígale que la situación es buena, que no se preocupe. Dígale que yo estoy dando aquí, en el comando, las órdenes convenientes” (10).

Cuando la muerte se acerca, el recuerdo de familiares desaparecidos viene más de prisa. El General Manuel Itriago, en este asalto a Guanape, por segunda vez en su vida se encontró en una acción semejante. Ciertamente, un hado adverso, trágico, señaló el destino de miembros de su familia, pues varios de ellos perecieron en forma violenta. Tenía el 9 años cuando el asalto de Jerónimo García a Sabana de Uchire, donde residía con sus padres y hermanos. No podía olvidar la fecha. Eso fue el 24 de diciembre de 1.864. Esa noche los Itriago y los Armas celebraban el matrimonio de Camilo Rojas con Rufa Anato. Su padre, don Tomas Itriago, perdió la vida atravesado de un lanzazo, al intentar, espada en mano, pasar una palizada. Su madre, doña Blasina Armas Madurera, con todos sus hijos pequeños, a pie, se vio esa noche obligada a abandonar la población. En esa ocasión, a Domingo Itriago, que huyó en compañía de su hermano don Clemente, lo mataron en Montecristo, en el camino a Guanape. Don Clemente salvó la vida milagrosamente, al meterse en un poso de agua. Y todos eran hermanos de su padre, como lo fue también don Deogracia Itriago, asesinado en el cerro Guamachito por un ahijado suyo. ¿Cómo olvidar estos recuerdos?.

Como a las 2:30 p.m. el General Itriago Armas salió de la casa de su hermana. Solo, a pie, paso a paso. No llevaba arma alguna. En su mano derecha tenía un foete pequeño, con el que se golpeaba la bota y el pantalón, como si se sacudiera el polvo. Tenía amarrado un macho muy brioso y caminador, su bestia de silla, bajo un frondoso samán, en el patio de la casa del cuartel. Hacia allí se dirigía. Se oían algunos tiros dispersos.

Julio Bellorín (11) con su gente, había tomado parte atacando por el lado oeste, precisamente, hacia donde estaba instalado el cuartel. Ya había cesado la balacera y venia en retirada, ojo avizor, tratando de localizar alguno de sus hombres. A distancia vio al General Itriago Armas que venía a pie, con su bestia de diestro. Era un blanco magnifico! “Mejor es quitar a este hombre del medio”, dijo. Tendió su arma, un Winchester con el que no fallaba un tiro. Levantó la mirilla para ver por el extremo superior. “Son como doscientos metros. Por más que baje el plomo, no lo pelo”, dijo, accionando el gatillo.

La bala alcanzó al General Itriago justamente en la esquina del fondo de la casa de don Justo Márquez, y allí cayó, herido de muerte. El Balazo, en el bajo vientre, le destrozó órganos vitales. Un oficial que estaba cerca corrió para auxiliarlo y varios soldados hicieron una descarga hacia el rumbo de donde había salido el disparo.

El General Zenón Marapacuto, en venganza, quería tomar represalias pero el General Itriago, herido de muerte como estaba, se opuso. Tomas Pérez Itriago, su pariente, fue corriendo donde Marapacuto a decirle que no intentara saquear el pueblo, y como prueba de que había sido mandado por el mismo General Itriago, llevó su sombrero. A regañadientes Marapacuto acató la orden.

Esa misma noche Chucho Armas informó a personas de su familia que él fue el autor del disparo que segó esa vida (12). ¿Qué buscaba con eso? La verdad se supo después. Julio Bellorín nunca hizo alarde de esa muerte, pero en conversaciones con Ricardo y Julio Alfonzo Rojas, en Sabana de Uchire, les refirió los detalles de este incidente.

A la muerte del General Manuel Itriago Armas, el General Zenón Marapacuto asumió el mando de las tropas (13). Por cierto que los familiares del Coronel Pedro Rafael Armas guardan todavía un ingrato y penoso recuerdo de su comportamiento, inmediatamente después de la pelea no permitió que se levantara el cadáver, el cual estuvo expuesto al sol por varias horas (14). Accedió finalmente a petición de Don Felipe Silva, cuando, organizadas apresuradamente sus tropas, su corneta de ordenes tocó retirada rumbo a su cuartel en la zona montañosa de Alto Uchire, el único sitió donde se encontraba seguro.

El Morro de Barcelona: 26 de Diciembre de 1.971.


Notas al pie de página:
  1. Información dada personalmente al autor por don Arturo Armas Itriago, en Clarines, el 4 de abril de 1.970.
  2. Juicio de don Arturo Medina Alfonzo en “Mi Provincia y sus Valores”, página Nro. 159, 1era edición, 1.944.
  3. Información dada personalmente al autor por don Tomás Miranda Ferrer, en Clarines, el 17 de enero de 1.969. Don Tomás tomó parte activa en La Revolución Libertadora. Estuvo en la pelea de Aragua de Barcelona y en la de Mayare. Poseía una extraordinaria memoria.
  4. “Pedro Rafael Armas era alto, flaco, delgado, tan delgado que parecía un carapacho. Hombre de recio carácter, no le tenía miedo a nadie. Era un cascabel”. Así lo describe don José Marín, en conversación con el autor, en Barcelona, el 22 de marzo de 1.971. Pedro Rafael Armas fue hijo de don Felipe de Armas Ruiz y de doña Margarita Itriago Domínguez. Era casado con Felicia Bustillos Gutiérrez y dejó dos hijos: Carmen Amparo y Pedro Rafael.
  5. Información de don José Antonio Marín, en Barcelona, marzo de 1.971. Don José Antonio Marín fue uno de los hombres de la Revolución Libertadora. Estuvo en la pelea de El Guapo. Fue reclutado en Guanape, adonde había ido con dos burros, acompañando a Enrique Roxbergh, quien iba a comprar tabaco. Transcurridos más de sesenta años, don José Antonio aún lamentaba la pérdida de los animales.
  6. Información de la señora Providencia de Chivico.
  7. Datos suministrados por don Emilio Chivico, en Clarines, noviembre de 1.971. Don Emilio recogió esa información de Santos Mendoza, de quien oyó la relación pormenorizada de esos sucesos más de una vez.
  8. Ese es el caso, por ejemplo, de Manuel Monserrate de Armas. Su padre, el General Manuel Monserrate de Armas Matos, más fue el tiempo que pasó en campaña que en su casa. Su abuelo, Don Vicente María de Armas, perdió la vida a manos de una patrulla o campo-volante en la época de los guaricongos. Había salido de su casa para la hacienda y no regresó. El perro que siempre le acompañaba se presentó a los cinco días, hambreado, maltrecho. Información de Doña Wintila Armas de Mata Medina, en Sabana de Uchire, el 30 de mayo de 1.955.
  9. En Clarines vivió don Benedicto Sotillo, quien fue oficial del ejercito del General Manuel Piar. El tema predilecto de su conversación eran los relatos de la guerra, que lamentablemente nadie recogió. Don Benedicto falleció el 1 de enero de 1.909, en una choza que había construido en El Cascarón, a orillas del camino hacia La Cruz de Belén, cerca de Clarines.
  10. El señor Rafael Esteban Rojas Itriago, en San José de Guaribe, el día 8 de agosto de 1.971, dio al autor la más exacta y fiel relación de los sucesos de Guanape, donde perdió la vida el General Manuel Itriago, de quien es pariente cercano. Sea oportuno el momento para agradecerle su generosa y espontánea colaboración.
  11. “Julio Bellorín era de mediana estatura, delgado, aindiado, de agradable fisonomía, jugador de las armas, buen tirador, era hombre de pocas pulgas, herrero, carpintero-ebanista, músico”. Así lo describió el señor Francisco Manuel Mata Armas, que lo conoció personalmente. Barcelona, diciembre 1.971.
  12. “Mira. No tengas cuidado, que tu muerte va a ser fea”, le dijo una de las Armas Domínguez a Chucho, esa noche, cuando se hablaba de la imprudencia de ese ataque a Guanape. Chucho Armas era revoltoso, inquieto. Un día que hacía acrobacias en uno de los arcos laterales de la Iglesia de Clarines, al pisar en falso un ladrillo, se vino al suelo, donde lo recogieron inconsciente. ¡Ni siquiera tuvo una fractura! En 1.918 lo atacó la peste Española. Sus familiares, presurosos, lo metieron en una urna y con el partieron hacia el cementerio. En el transito, los cargadores sintieron que se movía. ¡Vamos, apúrate que faltan otros!, fue la respuesta que dieron al que pidió bajar la urna para ver que pasaba. Los de aquel tiempo que aún viven en Clarines aseguran que a Chucho Armas lo enterraron vivo.
  13. Al General Zenón Marapacuto lo describen sus paisanos, vecinos de Sabana de Uchire que lo conocieron, así: “Era indio puro, bajito, chifluo, con una chivita, delgado de cuerpo, tallao. Era hombre calmoso, de mucha paciencia y voz suave. Brioso de verdad verdad, jugaba las armas y era el cacique en el vecindario de Santa Bárbara, donde vivía”. El General Cipriano Castro había escrito varias veces a Marapacuto, llamándolo a Caracas, pero se excusaba. Al fin escribió pidiéndole una audiencia, la que le fue concedida sin demora. Recibido por Castro, pidió: 1) La partición de los resguardos de Indígenas de Sabana de Uchire, 2) Que se le nombrara Jefe Civil de Sabana de Uchire. Ambas peticiones se atendieron.
  14. Mucha de la información que aparece en este relato fue suministrada en Guanape por el señor Armando Espinoza, a quien agradecemos su colaboración.



Por: Julio José González Chacín.




miércoles 29 de abril de 2009

La Estirpe de Las Rojas

Los párrafos que siguen a continuación, son una trascripción literal de parte de la obra “La Estirpe de Las Rojas”, escrita por Don Antonio Herrera Vaillant, presidente del Instituto Venezolano de Genealogía y editadas por la Academia Nacional de Historia.

Esta obra presenta el cuadro genealógico de los descendientes de Ana de Rojas y Diego Gómez de Agüero, originarios del Oriente Venezolano, específicamente de la isla de Cubagua, y ascendientes de la mayoría de la elite que ha dirigido nuestro país desde la colonia, destacando dentro de estos descendientes el Libertador Simón Bolívar y el Mariscal Antonio José de Sucre.

Referente a la pregunta que se harán algunos de los lectores del árbol genealógico de “Algunas Familias”, sobre si descienden o no de esta importante e influyente rama familiar, les informo que actualmente no tengo las suficientes evidencias como para afirmarlo. Sin embargo, guardo por allí una teoría que pronto la publicare en este Blog, basado en las notas que dejara José María Rojas Carvajal, en una libreta, de donde pudimos obtener importante información para exponer nuestra teoría de enlace con esta estirpe, pero la coincidencia no es precisamente por el apellido el Rojas, sino por el Loayza. Quedará entonces para futuras investigaciones, el buscar el enlace con esta estirpe por el apellido Rojas, de la rama que se encuentra en el árbol. Son muchas las coincidencias que nos permiten acariciar la posibilidad de que así sea.

Igualmente he podido comprobar, que los descendientes de los Sotomayor de Altagracia de Orituco, como por ejemplo María Gregoria Sotomayor, esposa de Esteban José Marrero Hernández, descienden directamente de esta rama, falta por supuesto el trabajo de investigación de enlazarlos para su presentación en la página. Igualmente puedo mencionar, que las familias de apellido Pantoja, fundadores del pueblo de Chacao, son descendientes de las Rojas, y probablemente lo sean los del mismo apellido que llegaron a Guaribe a finales del siglo XIX, en esto último hay mucho trabajo por investigar y dejo esta línea de investigación para que alguien se interese.

Los invito pues a leer el presente texto, que no tiene desperdicio. Es solo una pequeña parte de la obra, conformada por dos tomos de volumen considerable, donde se encuentran detallados buena parte de los descendientes de las Rojas.

Genearcas de Venezuela

Dentro de la sociedad venezolana, al igual que en numerosas naciones de América, como ha demostrado en su estudio el catedrático don Rafael Sánchez Saus, han existido estirpes que son comunes a importantes segmentos de población en cada región a partir de los primeros años de su conquista y colonización por parte de representantes de la Corona española.

Venezuela cuenta con un número considerable de importantes genearcas establecidos a lo largo de nuestra geografía durante el siglo XVI, casi todos procedentes de España, los cuales dejaron su huella a través de las diferentes regiones del país. A través de los siglos, a medida que avanza la integración regional del país dentro de una sociedad moderna, las descendencias de esas estirpes se han ido mezclando para conformar las raíces esenciales de la actual nación venezolana.

Sin embargo, durante la época colonial estirpes descendientes de diversos genearcas mantuvieron un desarrollo limitado por los parámetros regionales.

En la ciudad de Trujillo y en gran parte de los Andes venezolanos, incluso significativos segmentos de la sociedad colombiana, está la extensa descendencia del conquistador Sancho Briceño, que aporto su liderazgo político, económico y social a dichos territorios, sin apenas extenderse hacia el Centro y Oriente del país hasta el siglo XIX. De hecho, la primera incursión conocida en el estudio de un genearca venezolano la constituye el estudio que sobre la descendencia de este conquistador publicó don Vicente Dávila en 1.927.

En la región centro occidental de Venezuela, fundamentalmente los estados Lara, Falcón, y Portuguesa, que se encontraban bajo la jurisdicción , de Caracas, pero separados de ella por barreras naturales de distancia y transporte, arraigaron desde muy temprano las estirpes de los conquistadores Gutierre de la Peña Langayo, Juan de Villegas y Damián del Barrio. Estos mismos genearcas figuran de manera decisiva en la formación de la sociedad zuliana.

Al pasar al Oriente del país, esta la figura del extremeño Juan Rengel, que paso a la población de Cumana en 1.569 con su mujer, María Duran, y sus hijos, siendo el primer Alcalde ordinario de la ciudad. Hasta ellos puede demostrarse la ascendencia de gran parte de las clases vivas de la región oriental de Venezuela.

El centro del país, Caracas y el denominado corazón de Venezuela, constituido en factor de dominio político, social y económico desde muy tempranos años de su formación son genearcas indiscutibles a las llamadas hermanas Rojas, originarias de la Isla de Cubagua, primer asiento formal de población europea en la nación (1.517).

Todas las estirpes mencionadas, y otras, confluyen en el tiempo, integrándose a lo largo de los siglos y con integrantes venidos de diversas otras naciones, incluidos los factores aborígenes y africanos, para configurar la nación venezolana del siglo XXI.
En los descendientes de las Rojas tiende a confluir una elite venezolana, en el mejor de los sentidos de dicha palabra, que suministra liderazgo y dirección a la sociedad y economía de este país a través de los siglos.

Hoy, desde luego, la estirpe queda diluida dentro del vertiginoso crecimiento demográfico experimentado por Venezuela a partir de 1935, mas no relevada, en sentido alguno, de la vocación y responsabilidad de contribuir al desarrollo y bienestar de la nación.

De su condición de elite conductora y ejemplar hay numerosos ejemplos. Como principal lucero de la diadema de valores humanos resalta El Libertador, don Simón José Antonio de la Santísima Trinidad de Bolívar y Palacios, arquetipo del aristócrata venezolano, descendiente por varios costados de las hermanas Rojas; como también lo fue el Gran Mariscal de Ayacucho y primer Presidente de Bolivia, General don Antonio José de Sucre y García de Urbaneja. En cierto modo este estudio tiene su inicio en una de las primeras publicaciones genealógicas en Venezuela, destinada precisamente a comprobar los nexos de parentesco entre Bolívar y Sucre.

Pero estos dos insignes venezolanos no estaban solos, aunque con su ejemplo sobrase, sino toda una pléyade de compatriotas que ha venido suministrando aportes y dirección a todos los ámbitos de la actividad humana en Venezuela desde que el país se conoce como entidad política.
El Libertador y el Gran Mariscal de Ayacucho, con toda su gloria, no fueron sino elementos insertos dentro de la matriz genealógica de una elite venezolana que ha proporcionado a la historia una galaxia de luminarias que resplandece a través de los siglos.

En las biografías reseñadas en el "Diccionario de Historia de Venezuela", de la Fundación Polar, se incluyen más de 370 descendientes directos de esta estirpe, o sus cónyuges, los cuales imprimieron su huella civilizadora en la construcción de todas las facetas de la vida nacional a lo largo de quinientos años de historia Venezolana.

La contribución de estas personas a la formación del país en todos sus órdenes se reconoce al ver sus nombres plasmados para la posteridad en escuelas, hospitales, obras y edificios públicos, poblaciones, y demarcaciones geográficas a lo largo y ancho del territorio nacional.

El asunto que tratamos es aun más profundo. Si se enumeran todas las personas que
encontramos reseñadas biográficamente en el mencionado "Diccionario", las encontramos distribuidas en varias categorías. Algunos son personajes cuyo accionar histórico fue fundamentalmente destructivo para el desarrollo de la civilización en Venezuela.

De inmediato vienen a la mente personajes negativos como José Tomas Boves, Dionisio Cisneros, Julián Castro, Cipriano Castro, y otros, cuya inclusión en cualquier historia nacional se debe casi exclusivamente a la notoriedad de su acción destructiva y disociadora, y no se justifica con aporte positivo alguno al desarrollo nacional.

Otros fueron incluidos porque sostuvieron alguna actividad notable en su época, sin sumar mayores aportes al desarrollo. Algunos, por ejemplo, son mandatarios nacionales o personas que por algún motivo quedan registradas en la historia nacional por haber ocupado tal o cual posición, sin aportar mayor valor agregado a la formación de la sociedad, la economía, la cultura, o cualquiera de los campos en que se mide el desarrollo de un país.

El verdadero significado histórico de la Estirpe de las Rojas se encuentra en la suma de las contribuciones que sus descendientes y enlazados han hecho a la civilización en Venezuela, al desarrollo del país en todos sus órdenes, y a la elevación de los niveles de vida de la colectividad nacional.

La estirpe de las Rojas durante la Colonia

La estirpe que en este caso nos ocupa es la llamada Estirpe de las Rojas, que corresponde fundamentalmente a la ciudad de Santiago de León de Caracas, con importantes ramificaciones en los Estados Miranda, Aragua, Guárico, Carabobo, Cojedes, Yaracuy y Lara, que prácticamente constituyen la antigua Provincia de Venezuela, centro y corazón de la actual República de Venezuela. Tuvo asimismo importantes ramas en las antiguas provincias de la Nueva Andalucía y Margarita.

Originaria de las islas de Cubagua y Margarita en el Oriente venezolano, la estirpe nos brinda muchas claves sobre la formación y el desarrollo de la sociedad venezolana. Una primera observación es que los nexos de esta gran familia hacia Oriente imprimen a la historia de Venezuela un notable sesgo hacia el Caribe, que seguramente influyó en que la nación permaneciera de espaldas a los Andes venezolanos hasta principios del siglo XX.

La Estirpe de las Rojas procede del matrimonio del Capitán Diego Gómez y Ana de Rojas, efectuado en la Nueva Cádiz, isla de Cubagua, hacia 1.535, denominada así por la persistencia del apellido Rojas entre sus descendientes y al hecho que del matrimonio nacieron ocho hijas, y un solo hijo. La elite central venezolana desciende, en su casi totalidad, de estas mujeres que constituyeron la base y el eje de la primera sociedad establecida en Caracas.

Las hijas del Capitán Diego Gómez y Ana de Rojas casaron, todas con los principales conquistadores y pobladores de Santiago de León de Caracas. En efecto, los esposos de estas mujeres fueron: el Capitán Lázaro Vázquez, el Capitán Alonso Díaz Moreno, el Maestre de Campo Garci González de Silva, el Capitán Francisco Infante, el Capitán Cristóbal Mejía de Ávila, y el Capitán Pedro Álvarez Franco, todos ellos destacados conquistadores y pobladores de Caracas y de la región central.

En la siguiente generación, mujeres de esta familia casaron con el Capitán Juan de Guevara "El Mozo", Simón de Bolívar "El Mozo", el Capitán Mateo Díaz de Alfaro, Juan Desque, el Capitán Andrés de San Juan, el Capitán don Diego Vásquez de Escobedo, el Castellano Onofre Carrasquer, el Capitán Pedro Mijares de Solórzano, el Capitán Andrés Vázquez Bocanegra, y otros de los más prominentes vecinos de la incipiente ciudad de Santiago de León de Caracas en sus primeros años.

Hacia 1587 el Gobernador Luis de Rojas, enemistado con esta familia, se refería a la posición predominante del clan dentro de la sociedad caraqueña, diciéndole al Rey: "si algunos delitos grabes que se cometen por cierta parentela de esta ciudad que se dicen las Rojas, que son siete hermanas, todas casadas, y con muchos hijos y nietos que son la mitad del pueblo y acostumbrados a no ser castigados, que no puedo averiguar con ellos a causa de que la Audiencia les hace mucho favor porque son ricos".

La estirpe de las Rojas y la economía colonial

Una de las características que resalta sobre el impacto de los descendientes de Diego Gómez y Ana de Rojas en la formación de la sociedad venezolana es en el campo económico que dominaron hasta finales de la era colonial.

Como es ampliamente sabido, durante los primeros dos siglos de la conquista y colonización de la América española prevaleció en nuestros territorios el uso de las Encomiendas como forma de organización en las relaciones de producción. La relación era relativamente sencilla, los indígenas eran obligados a trabajar para determinados españoles a cambio de su proceso de conversión a la religión católica.

Aunque reglamentada en detalle, la relación contenía deberes y derechos de parte y parte que, como tantas otras disposiciones de la Corona, se vio frecuentemente violada a través de los tiempos y espacios. No es el sitio evaluar su eficacia, simplemente se menciona como indicador de una situación dentro de la sociedad y la economía.

El caso es que para obtener Encomiendas había que demostrar méritos hacia la Corona, y en el caso de Venezuela entre los méritos mencionados mas recurrentemente a lo largo del siglo XVII, era el de haber luchado contra el tirano Lope de Aguirre en su célebre amotinamiento y desafío a la Corona en 1.561. Entre los venezolanos que señalaban este mérito ocupan posición muy especial los descendientes del Capitán Diego Gómez, y su mujer, Ana de Rojas, martirizados por el vasco enloquecido en la Isla de Margarita, como veremos.

Así pues puede relacionarse el presente trabajo genealógico a un censo que data aproximadamente de 1.650, y comprende 101 encomiendas en los territorios de lo que hoy son el Distrito Federal, y estados Miranda, Aragua, Carabobo y partes del Guárico y Yaracuy. No incluye a los estados Zulia, Falcón, Lara, Portuguesa, y Trujillo, que aun siendo parte de la Gobernación de Caracas mantenían un desarrollo autónomo, con diferente composición demográfica y genearcas propios.

Tampoco incluye a los estados orientales de Anzoátegui, Sucre, Nueva Esparta, Monagas y Bolívar, que para la fecha pertenecían a la Gobernación de la Nueva Andalucía y presentan una demografía y genearcas propios.

Mucho menos a los estados Mérida, Táchira y Barinas, que hasta fines del siglo XVIII formaron parte del Nuevo Reino de Granada. Mucho menos a los actuales estados Apure, Amazonas y Delta Amacuro, que entonces eran tierras aun por poblar por parte de los españoles, como en cierto modo lo son hasta el presente.

Sin embargo, se trata de la región central, el corazón de lo que durante todo el régimen colonial constituyó la provincia de Venezuela, que es precisamente donde se estableció la mayor parte de la descendencia del Capitán Diego Gómez y su mujer, Ana de Rojas.

Al analizar el documento surge que 36 de 101 encomiendas estaban en manos de descendientes directos de la mencionada pareja o de sus cónyuges. De los 3.253 indios encomendados para la fecha -cifra que por demás indica el relativo despoblamiento de la provincia venezolana - 1.617, o sea, un 50% de los indios encomendados lo estaban a descendientes de estos dos pobladores. De los 92.575 pesos que rentaba el total de encomiendas, 27.700, el 30% aproximado era percibido por este grupo de personas.

Tres de los cuatro encomenderos que mayores rentas percibían eran descendientes directos de los genearcas que ahora estudiamos: Don García de Vera y Silva (6.000 pesos), el Maestre de Campo Lázaro Vázquez de Rojas (5.700 pesos), y don Juan Martínez de Villegas (4.500 pesos). No obstante las mayores rentas por encomienda eran percibidas por el Capitán don José Serrano Pimentel, dominicano, y su mujer, la caraqueña doña Francisca de Gámez (6.500 pesos), cuyos descendientes enlazaron con la estirpe.

En otro Padrón y matrícula que se hace de los vecinos de Caracas para el repartimiento de las reales alcabalas en 1.660 se evidencia aún más claramente la posición dominante de la descendencia de las Rojas dentro de la elite de la capital venezolana, que para esa fecha no pasaba de 5.000 personas.

Aun más significativa resulta la siguiente estadística: El 40% del total de árboles de cacao sembrados en la Provincia de Venezuela entre 1.683 y 1.746 era propiedad de descendientes directos del Capitán Diego Gómez y Ana de Rojas. Este es el resultado de un estudio comparativo que hemos hecho entre una averiguación efectuada en 1.683 por el Gobernador don Juan de Padilla Guardiola; y un censo llevado a cabo por el Gobernador don Gabriel de Zuloaga, en los territorios del Distrito Federal, y estados Vargas, Miranda, Aragua, Carabobo y Yaracuy.

Sobre razas y castas: Los Mantuanos

En Venezuela, algunos han atribuido tintes racistas a la genealogía, sin que ello diste más de la realidad. Sencillamente no se puede hacer verdadera genealogía en Venezuela sobre bases racistas, pero tan poco se puede hacer genealogía científica prescindiendo del factor racial. Los datos raciales conforman un elemento más en la identificación en su contexto de las personas, o como diría Ortega y Gasset: "El hombre y sus circunstancias". Se ha creado una matriz sumamente imprecisa sobre el origen del mestizaje venezolano.

Las raíces del mestizaje venezolano se remontan mucho más allá de la colonización: Por una parte los indios caribes mestizaron a los aruacas, pero por el otro, mas de 8 de cada 10 europeos que emigraron a Venezuela durante la Colonia procedían de Islas Canarias, donde ya venían premezcladas algunas combinaciones raciales a través de los "guanches", de donde pueden entenderse muchos rasgos físicos de grandes sectores de una población en la que los "pardos",criollos mestizos, eran mayoría a fines del siglo XVIII.

Indudablemente hubo coexistencia y mezcla de razas entre los europeos, los indios nativos y los esclavos importados, pero dentro de la sociología y la religiosidad de la época las mezclas fueron mucho menos frecuente en tiempos coloniales de lo que muchos -aun pretendidos científicos- han supuesto. Fue precisamente lo opuesto, la segmentación de razas durante la Colonia, lo que contribuyó a los conflictos sociales y raciales que proliferaron desde la Independencia hasta la Guerra Federal.

La mayor integración étnica se desarrolla, en términos demográficamente significativos, a partir de la Independencia, y se intensifica en toda su extensión después de la Guerra Federal, conflicto en el cual triunfaron precisamente, los pardos. Luego se multiplicaría a lo largo del siglo XX, hasta el punto de que en la actualidad es difícil encontrar una homogeneidad étnica salvo en emigrantes relativamente recientes.

No obstante, durante la larga era Colonial, que se extiende desde 1.518 -cuando los primeros españoles comenzaron a asentarse en la ranchería de Cubagua- hasta 1.821, es decir 313 años consecutivos, la sociedad venezolana se mantuvo seccionada y estratificada, en términos étnicos y regionales. Para reproducir esos mismos 313 años hacia delante de la Independencia, tendríamos que llegar al ano 2.134.

Con todo, fue durante esos años de formación de la tan escasamente estudiada era colonial que se asentaron las principales bases de la actual nacionalidad y cultura venezolana, enriquecida posteriormente con los aportes de gente que proviene de otras latitudes.

El "mantuanaje" caraqueño tenia indudables tintes raciales, pero no se limitaba a ello. Con el tiempo, y avanzado el siglo XVIII y siendo cada vez mas intensa la practica de la endogamia ó casamiento entre parientes, los cerrados círculos de la época excluían también a todo el considerado "advenedizo", afectando también a los españoles recién llegados.

El 29 diciembre 1.768, don Manuel Pérez de la Hoz, vecino de Ocumare del Tuy en el Estado Miranda, natural de la diócesis de Santa María de Albarracin en Aragón, pretendía matrimonio con doña Juana María Piñango, empobrecida integrante de la estirpe de las Rojas residente en Marín (Valles del Tuy).

Frustrado ante la oposición de don Alonso Piñango, hermano de la pretendida, escribía a las autoridades eclesiásticas: ''porque a los mantuanos en esta tierra les parece que los españoles somos algunas basuras" No hay indicio que el deseado matrimonio se haya consumado.

Uno de los signos de casta social que más se hace notar en la documentación venezolana de la época es el uso de los títulos "Don" y "Doña". El primer historiador de la provincia de Caracas, don José de Oviedo y Baños, escribió que el Rey Felipe II honró al mestizo Francisco Fajardo con el distintivo "Don". Agregó: "circunstancia tan apreciable en aquel tiempo (1.562), como abatida en el nuestro" (1722).

En sus inicios en España, el título o partícula de Don, derivado del latín "dominus" que se traduce como señor, por su significado otorgaba una categoría de noble y aristócrata bien nacido, con linaje.

Según Martín Alonso, el termino Don fue usado en los siglos XIII y XIV como "título honorífico y de dignidad, que antepuesto solamente al nombre propio, no al apellido, se daba a muy pocos". En un primer momento, este título fue utilizado para la primera nobleza, posteriormente, para todos los nobles y, finalmente, para cualquier persona que se consideraba bien portada.

En la lucha por el ascenso social el ideal era obtener un titulo de nobleza o un titulo como el de adelantado, otorgado por el rey. El simple derecho de usar el titulo de don antes del nombre elevaba al individuo a una condición social de nobleza. El español de origen villano aspiraba a que se le reconociese por lo menos su condición de hidalguía, esto es de origen noble.

Los hidalgos tenían derecho a ser tratados con el titulo de "don" y constituían una capa de nobles muchas veces empobrecidos. Una gran parte de la población española estaba formada por hidalgos, y a esa parte se añadían cada vez nuevos grupos, en premio de determinadas acciones o, después de 1.520, por compra del título. Este último procedimiento, al ser utilizado por plebeyos enriquecidos, sacaba de las listas tributarias a quienes tenían precisamente con que pagar impuestos, y gravaba en forma creciente al pueblo bajo y. en especial a los campesinos.

Este hecho, junto con la prohibición a los nobles de desempeñar oficios "viles", que retiraba del trabajo productivo a muchos hidalgos recientes, acentuó la crisis de la agricultura que la decisión de 1.501 en favor de la Mesta no había hecho sino subrayar.

Por ejemplo, el titulo de "Don" le fue concedido a Francisco Pizarro desde las Capitulaciones del 1.529 en las cuales Su Majestad le concedió, entre otros títulos y honores, la merced de la Gobernación y adelantamiento de aquellas tierras y el hábito de Santiago.

Sobre la creciente práctica de vincular la distinción con la fortuna, ironizo mas tarde don Francisco de Quevedo y Villegas (1.580-1.645), en uno de sus celebres epigramas:

"Vuestro Don, Señor Hidalgo,
es el don del algodón,
que para llevar el "don"
necesita tener "algo ''

Durante la misma época, doña María de Zayas y Sotomayor, escribía: "en Italia, ninguno se llama "don ", si no son clérigos, porque nadie hace ostentación de los "dones" como en España... Que si Su Majestad (Dios le guarde) echara alcabala sobre los "dones", le había de aprovechar mas que el uno por ciento, porque casas hay en Madrid, y las conozco yo que hierven de "dones ", como los sepulcros de gusanos".

En América, desde las etapas primeras de la conquista se le otorgaba el título de "Don" a los caciques indígenas, y de "Doña" a sus hijas, mas no a todos sus descendientes varones.

El 3 de enero de 1.611, la Real Audiencia de Santo Domingo declaró que el título de Don solo podría ser usado por obispos, nobles y sus descendientes. El 3 de julio de 1.664 se estableció que "los títulos de Dones pagaran 200 reales y siendo por dos vidas 400 y siendo perpetuos 600".

Solo los blancos podían recibir el título de "Don", votar para elegir cabildo y ocupar cargos públicos. En esta sociedad estratificada, se concedieron el título de "don" y "doña" a los hacendados españoles.

La jerarquía social era formalmente organizada a partir de prerrogativas legales, realmente encontró conflicto en la practica con los sujetos económicamente encumbrados pero de origen no noble, que dejaba marca en el color no blanco de su piel; y, en el otro extremo, europeos recién llegados, inmigrantes de origen humilde atraídos por las posibilidades económicas que podía ofrecerles el Nuevo Mundo, con la piel tan blanca como vacíos sus bolsillos.

Si bien el reconocimiento y la legitimación de una posición social se construyen en los usos y costumbres, fue necesario establecer una nueva distinción formal entre los grupos sociales, y personas más o menos distinguidas comenzaron a utilizar el título de don a partir de las dos ultimas décadas del siglo.

La carrera militar creaba un mas rápido acceso a la distinción, y a fines siglo XVIII se daba el título de "don" a todos los oficiales y sargentos.

En Cartagena de Indias, en 1.777, el título de don no era ya el distintivo de las personas consideradas "blancas de Castilla", sino que reflejaba una condición social "respetable". En el censo que estamos estudiando, un total de 1.080 personas recibieron el tratamiento de don o doña; es decir, el 10,3% de los habitantes. Varias cosas llaman la atención sobre el uso del don en Cartagena: En primer lugar, que por lo menos 241 pardos libres tenían el titulo de don. Ello demuestra que para esa fecha ya no era un honor reservado a los blancos.

El 10 de febrero de 1.795 se dicta en Aranjuez la Real Cedula de "'Gracias al sacar" por la que se suspenden los caracteres infamantes del estado de ''pardo, zambo, quinterón". A partir de entonces las razas despreciadas podrían comprar el titulo de Don y acceder a puestos que hasta ahora eran exclusivo privilegio de los blancos. Casi de inmediato, el 14 de abril de 1.796, el Ayuntamiento de Caracas, órgano de expresión de los criollos, acuerda enviar al rey una suplica para que suspenda los efectos de la mencionada Cedula.

Alejandro Humboldt, escribiendo sobre su paso del Quindío, en Colombia, decía "A menudo, presenciamos estupefactos en medio de la selva discusiones entre hombres desnudos dedicados a este menester tan deshonroso (carguero) a nuestros ojos, porque uno le negaba al otro que aseguraba tener piel mas blanca, el altisonante titulo de Don o Su Merced'.

En Venezuela, el uso del Don fue abolido en la Primera Republica y sustituido por el de "Ciudadano, Ciudadana", para luego regresar al final de esa etapa. Es abolido de nuevo a partir de 1.821, a pesar de que en muchas jurisdicciones continuó aplicándose en partidas sacramentales y otros documentos hasta aproximadamente 1.847, con el fin de la era conservadora.

En contraste, en Colombia, a lo largo del siglo XIX el titulo de "don", fue un reconocimiento que valía mucho mas que el de "doctor". En México a mediados del siglo XIX, a quienes destacaban en sus labores o a aquellos que ya eran mayores de edad, se les antecedía en su nombre el titulo de "Don". En muchas partes de América se dio el titulo de "Don" para otorgar un perfil de abuelo o viejo experimentado.

En España el uso de las partículas "Don" y "Doña" se generalizó a partir del fin del Antiguo Régimen en 1.834, y en la Isla de Cuba se les extendió a los negros después de 1.889. En el actual Puerto Rico se considera discriminatorio aplicarlo a unos y no a otras.

En Venezuela el uso del "Don" y la "Doña" siguió el patrón de otras naciones del Hemisferio, notándose una mayor liberalidad en su adjudicación a mujeres que en el caso de los hombres.
En una revisión de las partidas matrimoniales y actas capitulares de la ciudad de Santiago de León de Caracas para el periodo 1.664-1.676, hemos identificado 125 personas a las que se les aplicaba la partícula, excluyendo Gobernadores y personas de paso, de los cuales 48 eran descendientes de la estirpe de las Rojas o casados con ellas.

Consolidación de una estirpe

Resalta a lo largo de la evolución de esta estirpe un fenómeno común a toda Hispanoamérica, que es la endogamia, o sea matrimonio entre parientes. Aquí se comprobará que la endogamia dentro de la estirpe de las Rojas es una constante casi desde sus inicios, que va reforzándose en cada generación que transcurre, llegando a la novena en que casi la totalidad de los matrimonios de sus integrantes fueron con otros miembros de la estirpe.

La unión matrimonial entre primos se inicia en la estirpe de las Rojas en la tercera generación, entre los nietos, y se multiplica a través de las sucesivas generaciones hasta llegar a una de las conclusiones mas impactantes del presente estudio: En la octava generación, de unos 1.460 enlaces de descendientes directos de Diego Gómez y Ana de Rojas, unos 720 lo hacen con otro de sus descendientes, es decir casi un 50 %. En la medida que las ramas radicaban en poblaciones más pequeñas, o se ubicaban en los estratos superiores de la sociedad, más se acentuaba la tendencia endogamia.

Es decir que en tiempos de la independencia, cuando la población se estimaba en menos de 1 millón de habitantes dispersos a lo largo de una enorme geografía, llegaba a su apogeo el fenómeno de la endogamia en esta y otras grandes estirpes nacionales. Estas características persistieron hasta el siglo XX, apoyadas par el lento crecimiento demográfico: En 1.920 la población nacional era apenas 2.720.000, lo cual equivale a casi la decima parte de las cifras actuales (2004).

En el caso de las Rojas, la estirpe se había constituido en la base de la "elite", o del "mantuanaje" como comúnmente se le identifica en Venezuela. Es precisamente este fenómeno de endogamia, reforzado a través de las generaciones y aun persistente en la actualidad dentro de diferentes núcleos de la sociedad, que le otorga a la estirpe de las Rojas su característica fundamental, que la constituye prácticamente en una gran tribu venezolana, en el más pleno de sus sentidos.
En la novena generación la estirpe de las Rojas se ha constituido, en virtud de una asombrosa endogamia, en una especie de gran matriz en la cual se insertan sus integrantes y se suman otros factores exógenos, para abarcar la casi totalidad de la denominada "elite" del Centro y Oriente del país.

El fortalecimiento de las tradiciones y valores nacionales se consolida a través de estas múltiples uniones familiares, más allá de las regiones y de las castas sociales. Aquí comprobamos que el fenómeno se mantiene aun entre las ramas más disgregadas en la geografía, y en las más disminuidas en el campo económico.

Cuando pasamos al terreno cualitativo observamos el impacto catalizador que aportan numerosos integrantes de esta estirpe sobre el desarrollo y progreso de la sociedad en sus diferentes órdenes. Se trata de un efecto eminentemente civilizador, que contribuye decisivamente al progreso y a la evolución de la nación en su conjunto. Es por ello que solo historiadores muy contaminados por la desinformación ideológica minimizan el decisivo impacto de !as "elites", en nuestro caso la estirpe de las Rojas en la gran gesta que fue la independencia.

Con el advenimiento de la Republica y las grandes conmociones sociales, vendrá una mayor apertura social que lejos de debilitar, la amplía y fortalece. Sin embargo, a través del estudio se comprueba que la estirpe que tratamos, no solo no se extingue con las Guerras de Independencia, sino que continua su existencia, manteniéndose la endogamia en importante proporción.

Otro mito histórico es la desaparición de la estirpe o su extrema debilitamiento a causa de la Guerra Federal. Todo lo contrario, al revisar las listas de los principales actores Conservadores y Liberales del siglo XIX venezolano encontramos descendientes de este gran clan en ambos bandos y sorpresivamente su representación se muestra mas numerosa en el lado liberal que en el propio Conservador. El propio General Ezequiel Zamora, generalmente evaluado como el más radical de los liberales de aquella contienda, es uno más de la misma estirpe.

Ciertamente, al pasar del tiempo la endogamia fue cediendo, pero al estar tan sumamente consolidada paso a convertirse en una especie de matriz a la cual se continúan insertando nuevas familias por la misma vía matrimonial. El fenómeno endogámico persiste hasta este siglo XXI, generalmente de manera inconsciente, si bien aumentado y enriquecido con numerosos otros elementos humanos que se han ido sumando a su curso.

En la actualidad, muchos descendientes de Diego Gómez y Ana de Rojas, ignoran su condición, pero en general todos ellos están concientes de un vínculo -a veces no claramente identificado- con las entrañas históricas de Venezuela. El presente trabajo va dedicado a ellos, para estimular su contribución y actuación en la fundamental labor de llevar esta gran nación a niveles cada vez mejores de superación en todos los campos.

Aristocracia colonial criolla

Con la acumulación de riqueza agrícola, la descendencia de las Rojas se constituyo progresivamente en una aristocracia criolla, génesis y núcleo de lo que luego vino a denominarse "mantuanaje" caraqueño, por el uso de las mantas que acostumbraban las señoras de este linaje al acudir alas misas y otras ceremonias religiosas.

Dentro de las costumbres de una ciudad pequeña y provincial, enclavada en un cerrado valle, la asistencia a los actos religiosos y las costumbres que conllevaba, eran de enorme importancia en una sociedad cada vez mas dividida por el sistema de castas sociales, que se fue intensificando en Venezuela hacia el final de la era colonial.

Desde mediados del siglo XVII comenzaron los caraqueños a interesarse por las manifestaciones mas importantes de la Nobleza española, como era la posesión de títulos de Castilla o ser admitidos a las principales órdenes de Caballería de la Corona Española, destacando los descendientes de la estirpe de las Rojas. De un total de 58 personas que conforman el listado, 34 pertenecían a este linaje.

Virtualmente toda la nobleza colonial venezolana remonta sus orígenes a las hermanas Rojas, entre ellos los Marqueses de Mijares, Condes de San Javier, Marqueses del Valle de Santiago, Condes de la Granja, y los posteriores Marqueses del Toro.

Descendientes de esta estirpe enlazaron con Gobernadores y Capitanes Generales de Venezuela, como en el caso de los Gobernadores Ruy Fernández de Fuenmayor y don Francisco de Berroterán, Marques del Valle de Santiago.

Otros destacaron en la administración eclesiástica colonial, como en el caso de Fray Juan de Arechederra y Tovar, Obispo Gobernador de las Islas Filipinas; y el Padre José Ignacio Mijares de Solórzano y Tovar, Obispo electo de Santa Marta.

Uno de ellos, don Jerónimo de Ustáriz y Tovar, II Marques de Ustáriz, caraqueño que alcanzó las mas altas posiciones en la Monarquía, llegando al cargo de Ministro del Consejo Supremo de Guerra de España, y luego Asistente en Sevilla, donde falleció presidiendo el Cabildo de dicha ciudad.

Asimismo destacan el historiador don José de Oviedo y Baños, y uno de los primeros escritores militares de nuestra historia, don Nicolás de Castro Álvarez Maldonado.

Como dato curioso pero sumamente práctico para evaluar el posicionamiento social de la estirpe, el profesor Carlos Duarte nos dice que:

"El 1.777, habiendo llegado a Caracas don José Antonio Vidaondo, para ocupar el cargo de Tesorero Oficial Real, su mujer doña María Florentina Mendinueta y Múzquiz, se asesoró con doña María del Carmen Aranguren acerca de quienes debería participar su llegada y a quienes habría de pasar recado. Dona María del Carmen, quien acompañara en el recibimiento a su nueva amiga, elabora la lista de las señoras principales de la ciudad, la cual constituye hoy un valioso testimonio por revelar los nombres de las damas mas destacadas de la sociedad caraqueña del momento".

Lo impresionante de la lista, que consta de 59 señoras, aunque en algunos casos se refiere a grupos familiares, es que 43 de ellas (73%) eran descendientes directas de la estirpe de las Rojas que estamos tratando. Dos de los renglones restantes corresponden a las monjas de los dos conventos: y casi todas las demás eran españolas peninsulares o hijas de ellos.

La estirpe de las Rojas en la Independencia

Los descendientes directos de las Rojas fueron protagonistas de primera línea del proceso de la Independencia venezolana. Entre los firmantes del Acta de la Independencia de Venezuela encontramos a don Francisco Javier de Ustáriz, don Nicolás de Castro, don Gabriel de Ponte, don Luis José de Cazorla, don Martín Tovar Ponte, el luego Almirante don Lino de Clemente, y don José Gabriel de Alcalá. Si a ellos agregamos los cónyuges de descendientes incorporaríamos a esta lista al Marques del Toro, don Juan José Toro, don Francisco Javier de Mayz, y a don José Luis Cabrera Charbonnier.

Si nos remitimos al Acta del 19 de abril de 1.810, son más numerosos los descendientes de las Rojas por tratarse de una iniciativa del Ayuntamiento caraqueño, allí encontramos, entre descendientes directos y cónyuges, a: Don Martín Tovar Ponte, don Feliciano Palacios Blanco, don Valentín de Ribas, don José María Blanco, don Dionisio Palacios, don Pablo Nicolás González, don Silvestre Tovar Liendo, don Nicolás Anzola, don Lino de Clemente, don Francisco José Ribas, don José Félix Ribas, don Francisco Javier de Ustáriz, don Juan Antonio Rojas-Queipo, y don Nicolás de Castro.

Más allá de los firmantes de las actas históricas, los descendientes de las Rojas y sus cónyuges incluyen numerosos Próceres de la Independencia. Encabezan la lista el Gran Mariscal de Ayacucho, don Antonio José de Sucre, los Generales don Ramón Ayala, don Pedro Briceño Méndez, don José Maria Carreño, don Manuel de Echeandía, don Juan Escalona, don Francisco Hernaíz, don Andrés y don Diego Ibarra, don Manuel Manrique, don Ambrosio Plaza, don Daniel Florencio O'Leary, don José Félix Ribas, don Santiago Mariño, don José Laurencio Silva, don Carlos Soublette, don Diego Vallenilla, don Clemente y don Miguel Zárraga.

Asimismo los oficiales Coronel don Manuel y Comandante don Pedro Aldao; el Coronel don Ramón y el Comandante don Zenón García de Sena; el Comandante don Miguel Ustáriz, el Capitán don Lorenzo Buroz, el legionario Capitán Walter Dawes Chitty, el Coronel don Fernando Galindo, los Coroneles don Florencio y don José Leandro Palacios, el Coronel don Ramón Pérez Marcano, y el Coronel Guillermo Smith.

Entre los civiles descendientes y enlazados con esta estirpe que se destacaron en la gesta libertadora vemos a don Juan Vicente Bolívar, el Presbítero don Rafael de Escalona Arguinzonis; don Manuel García de Sena, don Vicente Lecuna Párraga, don Vicente Michelena y Rojas, don Andrés Moreno Istúriz, don Esteban Palacios Blanco, el Doctor don Miguel Peña, el Doctor don José Rafael Revenga; el Presbítero don Francisco José y don Juan Nepomuceno Ribas; don Francisco Ribas Galindo, el Doctor don Miguel José Sanz, don Casimiro Vegas y Palacios, y a don Guillermo Zarrasqueta.

Al paralelo de ellos, encontramos en la misma estirpe algunos destacados realistas como don Fernando Ascanio, don José Bereciartu, don Juan de Casas, don Juan Manuel Oropeza, el Comandante don Antonio Tovar Marín, y don Nicolás de Castro Pacheco.

La estirpe de las Rojas en la República

Diez de los Presidentes de la Republica y encargados del Poder Ejecutivo de Venezuela descendieron de manera directa, o por matrimonio de la Estirpe de las Rojas: el Doctor Cristóbal Mendoza, primer Presidente de Venezuela; el General Carlos Soublette, el Doctor Andrés Narvarte, el General José María Carreño, Don Manuel Felipe Tovar, los Generales Antonio Guzmán Blanco, Jacinto Gutiérrez Martínez, y Esteban Herrera Toro, y en el siglo XX: Rómulo Gallegos Freire, y Raúl Leoni Otero, junto con su esposa Carmen América Fernández Alcalá de Leoni, ambos descendientes de las Rojas del siglo XVI.

Durante el siglo XIX resulta un tanto inesperado encontrar que una mayoría de los descendientes destacados de la estirpe de las Rojas, y sus cónyuges, militan en las más liberales antes que de las conservadoras.

Encabezados nada menos que por el General Ezequiel Zamora y Antonio Leocadio Guzmán, la estirpe viene representada por don Martín María Aguinagalde, el Doctor Fernando Arvelo Echeandia, José Miguel Barceló, Fernando Simón Bolívar, Juan Calcaño Mathieu, el Doctor José Pascual Casanova Cedeño, el General Luis Rafael Caspers, Isidro Espinoza, el Doctor José Antonio Fernández Landaeta, el Doctor Juan Vicente González Delgado, el Doctor Rómulo Guardia, el General Alejandro Ibarra Rivas, el General Andrés Simón Ibarra Urbaneja, el Coronel Diego José Jugo Ramírez, el General Santos Jurado Blanco, el General Andrés Aurelio Level, el Doctor José Marría Manrique Tovar, el Doctor Juan de Dios Monzón. el General Jacinto Regino Pachano Muñoz, el Doctor Simón Planas, el General julio F. Sarría, el Doctor Wenceslao Urrutia Blanco, y el Comandante José de Jesús Vallenilla Centeno.

No obstante, entre los conservadores figuraron también prominentes descendientes de las Rojas, encabezados por los Presidentes Soublette y Tovar, y por don Fermín Toro, encontramos al General Manuel Vicente de las Casas, el Doctor Manuel Maria Echeandia, Luis Felipe García Reverón, el General Domingo Hernández, Luis Iribarren, Domingo Antonio Olavarría, el General Esteban Palacios, el Doctor y General Juan Pietri, el Presbítero Antonio José Sucre Alcalá, Mateo y Pedro Vallenilla Guerra, el General Martín Vegas Herrera, y el Comandante Nicomedes Zuloaga Aguirre.

De modo que la estirpe de las Rojas se encuentra representada de modo muy destacado en ambos bandos de la gran contienda política del siglo XIX venezolano.

En el siglo XX, sobre todo a partir de la llamada "Revolución Libertadora" de 1.899, que inició la etapa de hegemonía de venezolanos originarios de los estados Andinos en el poder político, disminuye notablemente la presencia política de representantes de esta estirpe, pero hasta 1.945 encontramos exponentes tan diversos -descendientes directos o por matrimonio- como el General Pedro Elías Aristeguieta, los Doctores Diógenes Escalante, Atilano y Gonzalo Carnevali Parilli, José María Ortega Martínez, Luis Jerónimo Pietri, el Ingeniero Félix Quintero Paz Castillo, el Doctor José Rafael Revenga Pereira, el General Nicolás Rolando, el General Ramón Tello Mendoza, los Doctores Pedro R. Tinoco Smith, Laureano Vallenilla Planchart, y Don Armando Zuloaga Blanco; así como a unos pocos militares como Samuel Mac Gill, Luis Rafael Pimentel Agostini, y Mario Ricardo Vargas, muchos de ellos enlazados matrimonialmente.

Con posterioridad a la revolución de 1.945 continua mermando la presencia de los descendientes de la estirpe en la política venezolana. Excepciones destacadas las constituyen Rómulo Gallegos Freire, Raúl Leoni Otero y Juan Pablo Pérez Alfonzo, Lorenzo Fernández González, Luis Emilio Gómez Ruiz, Luis Lander Márquez, Mauro Páez-Pumar, y algunos representantes de la izquierda venezolana como los comunistas Salvador de la Plaza, Eduardo Gallegos Mancera, y los hermanos Gustavo y Eduardo Machado Morales.

Son muchos los comentaristas que han atribuido el progresivo deterioro de la vida pública venezolana a la ausencia de protagonismo por parte de sectores que mayor vinculación han tenido a la historia patria a lo largo de los siglos.

Como complemento de la contribución de esta estirpe a la vida pública tenemos a los más ilustres hacendistas de Venezuela, como los Doctores Santos Michelena, Francisco Aranda, Jesús María Herrera Mendoza, y Andrés Germán Otero.

Asimismo entre los juristas más eminentes de Venezuela a través de sus diferentes etapas históricas, miembros también del linaje, destacan los doctores Juan Martínez Alemán, Juan Bautista Calcaño, Luis Sanojo, Elías Acosta, Nicomedes Zuloaga Tovar, Ramón Fernández Feo, Gustavo Manrique Pacanins, Juan José Mendoza Aguerrevere, Carlos Mendoza Goiticoa, Simón Planas Suárez, Luis Felipe Urbaneja Blanco, y Francisca Soublette Saluzzo, primera mujer universitaria del país.

La Estirpe de las Rojas en la cultura Venezolana

El impacto de la descendencia de las Rojas en la cultura nacional ha sido tanto o mas importante que su contribución a la vida pública, y en este caso se ha extendido hasta el presente.

Entre los escritores, poetas y periodistas venezolanos los descendientes de esta estirpe son tan numerosos que es necesario nombrarlos en orden alfabético: Rafael Agostini, Juvenal Anzola, Francisco Aranda y Ponte, Antonio Arraiz Mújica, Simón Barceló, Ricardo Becerra, Eduardo Blanco, Rufino y Horacio Blanco Fombona, Nicanor Bolet Peraza, Antonio José Calcaño Herrera, José Antonio Calcaño Paniza, Juan Vicente y Simón Camacho Clemente, Vicente Coronado, Ángel Carnevali Monreal, Pedro Emilio Coll, Carmen Cristina Clemente Travieso, Guillermo Meneses, Jacinto Fombona Pachano, Heraclio Martín de la Guardia, Jacinto Gutiérrez Coll, Francisco Herrera Luque, Lino Iribarren Celis, Ricardo Ovidio Limardo, Rafael Michelena Fortoul, Henrique Otero Vizcarrondo, Miguel Otero Silva, Ana Teresa Parra Sanojo (Teresa de la Parra), Fernando Paz Castillo, Enrique y julio Planchart Loynaz, Alida Begoña Planchart Kerdel, José Antonio Ramos Sucre, Carlos Rangel Guevara, Miguel Sánchez Pesquera, Jesús María Sistiaga Lovera, Félix y Enrique Soublette, Francisco Tosta García, Laureano y Baltasar Vallenilla Lanz.

Mención especial merecen humoristas como Leoncio Martínez, y Francisco Pimentel (Job Pim); y el publicista Carlos Eduardo Frías.

Ente los educadores que a través de los siglos han contribuido decisivamente a la formación del pueblo venezolano tenemos a: Don Agustín Aveledo, doña Antonia Esteller, don Luis Espelozín, don Feliciano Montenegro y Colon, los Doctores Alejo Zuloaga, Jerónimo E. Blanco, José Domingo Blanco, Gustavo Herrera Grau, Alejandro Ibarra Blanco, Roberto Martínez Centeno, Cristóbal Lorenzo Mendoza Aguerrevere, Cecilia Nuñez Sucre, el Padre Carlos Guillermo Plaza Alfonzo, don Martín José Sanabria Toro, José Agustín Silva Michelena, Alberto]. Smith, Rafael Vegas Sánchez, y José Ramón Villasmil.

Los principales historiadores venezolanos forman parte de la descendencia de esta estirpe, entre ellos, por orden alfabético: Carlos Aristimuño Coll, José de Austria, Lino Duarte Level, Felipe Francia, Santiago Key Ayala, Vicente Lecuna Salboch, Jerónimo Martínez Mendoza, Augusto Mijares, Andrés Florentino Ponte, José Antonio Ramos Martínez, José Santiago Rodríguez Sosa, Luis Alberto Sucre, Felipe y Miguel Tejera Rodríguez.

En las artes plásticas encontramos a: Edgar J. Anzola, Ramón Bolet Peraza, Federico Brandt, Pedro Centeno Vallenilla, Antonio Herrera Toro, Pedro Ignacio Manrique Arvelo, Celestino y Jerónimo Martínez, Emilio J. Maury, Alejandro y Carlos Otero, Ricardo Razetti Willet, Martín Tovar y Tovar, Luisa Zuloaga de Palacios, Elisa Elvira Zuloaga, y Maria Luisa Zuloaga de Tovar.

En el orden musical la estirpe se encuentra representada por el Padre Pedro Palacios Sojo, Teresa Carreño, José Antonio Calcaño, María Luisa González Gragirena de Escobar, Ramón Delgado Palacios, Conny Méndez Guzmán, Inocente Palacios, Ramón de la Plaza, Juan Bautista y Eduardo Plaza Alfonzo.

En las ciencias encontramos la valiosa, profunda, y perenne huella de tan prolíficos genearcas .

Entre los exponentes de la ingeniería y arquitectura que han contribuido a la construcción física del país se cuenta una destacada representación descendiente y enlazada con el linaje de las Rojas, entre los cuales deben mencionarse a Felipe y Santiago Aguerrevere Michelena, Juan José Aguerrevere Echenique, Marco Antonio Casanova Saluzzo, José Cecilio de Castro, Melchor Centeno Grau, Roberto García, Juan Hurtado Manrique, Leopoldo Martínez Olavarría, Olegario Meneses, Jesús Muñoz Tebar, Lino José Revenga, Ricardo Razetti Martínez, Leopoldo Sucre Figarella, y Carlos Raúl Villanueva.

En el campo de la medicina encontramos una amplia y destacada representación del linaje, incluyendo a los Doctores Eliseo Acosta, Leopoldo Aguerrevere, Tomas Aguerrevere Pacanins, Carlos Arvelo Guevara y Carlos Arvelo Echeandia, Jose Ignacio Baldo, Ricardo Baquero González, Fernando Bolet, Nicanor Bolet Poleo, Herman de las Casas, Armando Castillo Plaza, Franz Conde Jahn, Guillermo Delgado Palacios, Nicanor Guardia, Bernardo Guzmán Blanco, Rafael y Andrés Herrera Vegas, Rafael Herrera Guerrero, Juan Manuel Iturbe, Gustavo Machado Hernández, Enrique Meier Flegel, Guillermo Michelena, Richard Murphy, Manuel Maria Ponte, Luis Razetti, José Manuel de los Ríos, Enrique Tejera, Elías Toro, Martín Vegas Sánchez, y José Rafael Villavicencio.

Insigne representación también se encuentra en todas las ramas científicas, en Matemáticas, Francisco José Duarte Isava; geógrafos y exploradores: Francisco Michelena y Rojas, y Franz Risquez Iribarren; naturalistas como Eugenio De Bellard, y Eduardo Rohl Arriens; los geólogos: Pedro Ignacio Aguerrevere Vera y Guillermo Zuloaga Ramírez; Armando Blanco, meteorólogo; en la aviación, Pedro Coll Font; y el investigador Humberto García Arocha.

Las obras sociales de esta familia se extienden a través de los tiempos en miles de iniciativas individuales, desde doña Josefa Melchora de Ponte y Aguirre, los Presbíteros José Ignacio Moreno Isturiz y José María Gedler del Pozo, en tiempos coloniales; hasta llegar a Cecilia Pimentel, Inés Ponte McClong, y la Madre Emilia (Emilia Chapellin Isturiz), en tiempos mas recientes.

Finalmente, el desarrollo económico moderno del país estuvo generado desde los albores de la Independencia por capitanes de empresa de la talla de Juan de la Madriz Gedler, Guillermo White, Juan Bautista Dalla Costa, Eduardo Larralde de la Madriz, Antonio Dalla Costa, Leandro Miranda Andrews, Agustín Valarino Bonfante, Juan Esteban Linares Espada, Lucas Ramella, y Manuel Antonio Matos, en el siglo XIX.

Y en tiempos mas recientes empresarios de la talla de Ricardo Zuloaga Tovar, Oscar Augusto Machado y Oscar Machado Zuloaga; Juan Simón y Lorenzo Alejandro Mendoza Fleury, Eugenio Mendoza Goiticoa, Alberto F. Vollmer, Carlos Stelling, Francisco de Paula Aristeguieta, Enrique y José Joaquín González Gorrondona, Lucio Baldó Soules, Gustavo Brandt, Rafael Maximiliano Valladares, Ramón Eduardo Tello Berrizbeitía, Jesús María Herrera Irigoyen, Porfirio Tamayo Burgos, Alejandro Lara Nuñez, Pedro Vallenilla Echeverría, Salvador Salvatierra Salas, Pedro Tinoco, Casimiro Vegas Rodríguez, y Diego Cisneros Bermúdez, por citar tan solo algunos de los descendientes de las Rojas que han contribuido con su labor y riesgo a la actividad económica nacional.

Al conectar todos estos personajes dentro de una misma matriz familiar genealógica, se demuestra que todo ese conjunto social ha continuado brindando frutos valiosos para la conducción y progreso de Venezuela hasta nuestros días.

Esa elite, incorporando todos los elementos adicionales que se le han ido sumando a lo largo de su desarrollo, implica conciencia de ser y valer, para que vuelva a ser un factor consciente y cohesionado al brindar ejemplo y patrones de conducta positivos a la vida nacional. Los albores del siglo XXI representan un nuevo reto a todos los venezolanos, y sobre todo a los de mayor arraigo, a mantener sus contribuciones al desarrollo y superación del país en todos los órdenes.

Por: Julio González Chacín

Fuente:
La Estirpe de las Rojas
Antonio Herrera Vaillant.
Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Caracas, 2007.
Biblioteca de la Academia Nacional de Historia.
Tomo I.

Nota: Para los que deseen adquirir esta obra, les informo que solo se puede comprar en la Librería "El Buscón" del Paseo las Mercedes en Caracas.

martes 14 de abril de 2009

El poeta Rafael José Muñoz

Rafael José nació en Guanape en 1928, hijo de Agustín López Chacín (Clic en el nombre para ver árbol)y de Zoila Piedad Muñoz Cabello. Pasó su infancia trabajando como peón agrícola en la hacienda de su padre en Guayabal y luego como tendero en Puerto Píritu, más tarde sería maestro rural en San Diego de los Altos. Muere en Caracas en 1.981.

Comenzó un par de veces los estudios de bachillerato en Caracas, abandonados primero por razones económicas y luego por el golpe de 1.948, ante el que Muñoz reaccionó ingresando en la resistencia clandestina en las filas del partido Acción Democrática (AD). Durante un tiempo se dedicó a la política como miembro de este partido por los años 50, y sufrió persecución durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, defendiendo el recurso de la lucha armada en la lucha contra la dictadura.

Al desgajarse la izquierda de AD, convirtiéndose en el Movimiento de Izquierda revolucionaria (MIR) y oponiéndose por las armas al gobierno, Muñoz pasará al MIR como uno de sus dirigentes, fue detenido y torturado muchas veces por oponerse al gobierno de la naciente era democrática. En 1963 viajó a la Unión Soviética para recuperarse de su conmoción mental, y a su regreso, discrepa de la continuidad de la lucha armada, salió del MIR y abandonó paulatinamente la política. Después trabajó en la campaña electoral de Carlos Andrés Pérez, de quien escribirá mas tarde su biografía.

Poeta venezolano que se destacó por su audacia en el uso del lenguaje y por una construcción literaria que renegaba de las formas cerradas del nacionalismo y de los tópicos y límites de la lengua adquirida. Sus primeras obras fueron una “Selección Poética”, de 1952, y “Los Pasos de la Muerte”, de 1953. Esta última, que revela a “un poeta dotado de poder de visión desacostumbrado”, e incluye un prólogo de Vicente Gerbasi.

Fue colaborador de publicaciones como Cantaclaro (que fundó al tiempo que el grupo homónimo, junto con Jesús Sanoja Hernández y Miguel García Mackle), la Revista Nacional de Cultura y Zona Franca, de la cual fue Jefe de Redacción.

Después de un periodo de separación de la vida social y literaria, motivado por crisis psicológicas y desencanto político, publicó en 1969 “El Círculo de los Tres Soles”, editado por la revista Zona Franca con epílogo de Juan Liscano. La influencia literaria predominante es la del poeta Peruano César Vallejo. En las cuatrocientas cincuenta páginas de “El Círculo de los Tres Soles” abundan los juegos onomatopéyicos, los anagramas del propio nombre del autor, símbolos, números y fórmulas matemáticas, la parodia como recurso de disolución del lenguaje convencional y, por tanto, de construcción de un universo paralelo hecho de palabras.

Basten como ejemplo de su poesía los siguientes versos, en los que se mezclan los dos estilos (lo sublime y lo ínfimo) que la retórica clásica consideraba antagónicos:

Soy dos para abrazarte, de noche y de día,
de noche soy tú, de día eres yo:
Sol y Luna, los dos, tu Ojo Ojo
que me mira como un corcho
desde el fondo del switche.

También de 1969 es el texto “En un Monte de Rubio”, en el que reflexiona sobre el poder y la imagen del hombre como dios.

Estampas Llaneras

Ven Somosata, mi amor, ven acá,
trae las pasamayeras del venado,
date cuenta que suscribimos los palotes
con música del joven Cullerts, con oréganos ahítos;
date cuenta, el reloj termina el paso
y cantan en su cuna los arrendajos, va a llover.

Mi esposa Somosata tiene un lunar en el mercadante,
un lunar que pisa mayor;
es de agua igual al vestíbulo, de arena con ganchos;
como rasgando sus puntos y comas, sus admiraciones;
ha oído de la gramática los surcos enfermos;
tiene trocotos y lechugas de la madrugada el portugués.

Somosata, no digas nada a las gallinas y a los patos:
Guido Untomi, mi amigo el italiano, el jardinero
del 5 y 6, tiene una granja en San Diego.
Padre Beylan con Elio, el hijo mayor, recuerdos de Mirla,
allá, en la esquina del Dr. Díaz, a ron por media hora.

No importan los tubos de la Avenida Bolívar, si va llover,
su taza de anís y los muertos que vemos en el mercado;
y las legumbres rezando 1 de la tarde, orejas de cochino,
sorda brisa matinal, olorosa a ganados.

Hacia allá marcha la caravana morosa de Lazo Martí.

(Rubens, te llama Maruja de perfil,
ella quiere ir a la caza del caballo ojeroso con cabos negros.
Si escuchas caer el aguacero en casa de zinc,
me acurrucas el morrocoy junto a las morocotas y lo peinas:
no vaya a ser que llueva de verdad y se me pierda
en siglos y semanas, y en tortuga y domingos.)



Por: Julio José González Chacín



Fuentes:

MSN Encarta.

Antología Histórica de la poesía Venezolana
Por: Julio E. Miranda.

Para consultar algunas de sus obras, entre ellas “Las Revelaciones de Rafsol”, ir a:


miércoles 4 de febrero de 2009

Algunas Noticias del Ayer desde Valle de Guanape- Años 1.936 al 1.938

El Analfabeto, año 1. – Mes 11.- Valle de Guanape: 28 de agosto de 1.937.- Número 11

La Junta Comunal no expedirá patentes para Joropos

Por reciente resolución dispuso la Junta Comunal de este Municipio, no expedir patentes para bailes públicos (joropos con cantina); por considerar una ofensa a la moralidad pública el hecho de autorizar el establecimiento de prostíbulos, que no otra cosa son los joropos: puertas abiertas con autorización legal por las cuales entran mujeres directamente a la prostitución y los hombres en la crápula y el crimen.

Además esta clase de diversiones era aprovechada por algunos para irse a los campos con un galón de aguardiente y un arpa a quitarles la cosecha a los pobres campesinos a cambios de copas de aguardiente y golpes de arpa, dejando sin pan a familias enteras de ignorantes campesinos que se veían despojados del fruto de su ruda labor, por esos vampiros humanos que caen en el corazón de nuestros campos para succionarles el poquito de vida que aun los alienta.

Consideramos encomiable por moralizadora, esta resolución de la Junta Comunal y creemos que el Consejo Municipal haría mucho en pro de la moralización de este Distrito, si eliminara de la Ordenanza de Rentas Municipales el impuesto que ha creado por concepto de “velorios de santos y bailes públicos”.


El Analfabeto, año 1. – Mes 5.- Valle de Guanape: 20 de febrero de 1.936.- Número 5

Los pesadores alzan la carne

Hemos sido informados que algunos pesadores de esta población han cometido el abuso de alzar el precio de la carne, advertimos a estos señores pesadores que la Junta Comunal de este municipio, a fin de evitar estos abusos, tazó la carne a los precios de ochenta céntimos el kilogramo de carne de cerdo y setenta el kilogramo de carne de ganado. Llamamos así mismo la atención a la autoridad competente para que se sirva hacer vigilar los expendios de carne y no permita que abusos semejantes al que comentamos se sigan cometiendo.


El Analfabeto, año 2. – Mes 1.- Valle de Guanape: 25 de febrero de 1.936.- Número 5

Por el buen servicio del correo

Hemos venido observando, que en mengua del buen servicio del correo, el posta que despachan desde Altagracia de Orituco a esta población, con la correspondencia del Centro y occidente de la República, hace el viaje pié o en burrito, siendo esta la causa de que no llega dos veces a la semana como está dispuesto por el Ciudadano Ministro de Comunicaciones, ocasionando esta irregularidad el consiguiente trastorno y falta de eficiencia en el servicio de la correspondencia que circula por esta vía. Elevamos la queja a quien corresponda a fin de que sea corregida cuanto antes esta falta, que redunda en notable perjuicio de la comunidad.


El Analfabeto, año 2. – Mes V.- Valle de Guanape: 10 de marzo de 1.938.- Número 5

Perniciosa costumbre de algunos bodegueros

Existe entre algunos bodegueros de esta plaza, la perniciosísima costumbre de venderles al publico comestible, tales como galletas, queso, dulces, envueltos en papeles de periódicos sucios o en hojas de libros viejos, que ya por su estado de deterioro por el manoseo de tantas personas que lo han repasado, no permite ser conservado para la lectura. Esto, además de ser indecente y chocar contra los principios Sanitarios, es un crimen, pues, es muy fácil que en ese pedazo de queso u otro comestible cualquiera que se nos vende envuelto en esos papeles, manoseados y sucios de saliva, sabe dios de cuantas personas enfermas, puede venir el mortífero microbio de terrible mal que ponga fin a nuestras vidas. También muchos tienen la costumbre de exhibir en sus bodegas los comestibles sin protegerlos de las moscas y el polvo, y así tenemos, que cada infeliz que ingiere un dulce o un bizcocho se traga sin darse cuenta del peligro que su vida corre, quien sabe cuantos millones de microbios! y sin embargo esos individuos que así atentan contra la vida de sus prójimos, nada les dice sus conciencias, como si este crimen que ellos cometen fuera menor que el de darle un tiro o una cuchillada a cualquier hijo de madre.

Es tiempo ya de que la autoridad competente tome cartas en este asunto, y prohíba a estos comerciantes, seguir vendiendo artículos de comer, envueltos en papeles rechazados por las reglas sanitarias y también exhibir los comestibles sin protegerlos de las moscas y del polvo.

lunes 19 de enero de 2009

José Antonio De Armas Chitty. Un Guariqueño Centenario 1908-30 de Noviembre-2008

Por: Irma Marina Mendoza*

En nuestro querido Guárico merece especial atención la figura de un caraqueño circunstancial identificado con nuestro llano, nos referimos a JOSÉ ANTONIO DE ARMAS CHITTY nacido en Caracas el 30-11-1908, hijo de Antonio de Armas Matute y de María Chitty, presente en Santa María de Ipire desde los 6 años de edad y durante 21 años. De su padre, educador reconocido, recibió una esmerada educación que le permitió el desempeño de numerosos cargos en la administración pública como: director de política del estado Guárico (1938), encargado de la secretaría de gobierno del estado Monagas (1939), jefe civil del distrito Monagas (1939), jefe de la secretaria de la presidencia del estado Zulia (1941-43), Director de Publicaciones del Consejo Venezolano del Niño (1952) jefe de la secretaría del Ministerio de Educación (1969-71), entre otros.

En 1925, muy joven, escribe en periódicos regionales: Unare, El Sembrador y Unión (Zaraza), El Luchador (Ciudad Bolívar) y Letras de Moldes (Valle de la Pascua). Durante 3 lustros publicó artículos en el diario El Nacional (Caracas) e igualmente en otros periódicos venezolanos y del exterior (Lima, Buenos Aires, Madrid) Su obra hemerográfica merece ser investigada, compilada, publicada y difundida para beneficio del pueblo venezolano.

Como historiador emprendió una intensa actividad intelectual, investigó en múltiples repositorios del país: Archivo General de la Nación, Archivo Arquidiocesano de Caracas, Archivo de la Academia Nacional de la Historia, Registro Principal de Caracas, archivos públicos de distintos estados, archivos familiares y personales. Revisó Publicaciones Oficiales como: Censos de Población, Censos Agrícolas, Memorias y otras publicaciones del Ministerio de Educación. Su estadía en el Archivo General de Indias (Sevilla-España) implicó exhaustivas consultas. En 1957 es designado miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia, el 10.01-1979 es electo individuo de número y se incorporó con un discurso titulado Aventura y circunstancia del llanero. Ganadería y límites del Guárico (Siglo XVIII) Combinó investigación y docencia en la Universidad Central de Venezuela, institución a la que se incorporó en el año 1949 y recibió su jubilación en 1981.

Su extensa bibliografía la resumimos a continuación: Zaraza, Biografía de un Pueblo (1949), Origen y Formación de algunos Pueblos de Venezuela (1951), Historia de la tierra de Monagas (¡955), Documentos para la historia colonial de los Andes venezolanos(1957), Tucupido, formación de un pueblo del llano (1961), Vocabulario del Hato (1961), Guayana, su tierra y su Historia (1964), Fermín Toro y su época (1966), Caracas: origen y trayectoria de una ciudad (1967), Influencia de algunas capitulaciones en la geografía de Venezuela ((1967), Vida política de Caracas en el siglo XIX (1969), La Batalla de Carabobo. Antecedentes y efectos (1971), Juan Francisco de León. Diario de uuna Insurgencia (1971), Historia de Puerto Cabello (1974), Historia de la Radiodifusión en Venezuela (1975), Boves a través de sus Biografía (1976), Historia de Paraguaná y punto Fijo(1978) El Mocho Hernández, Papeles de su Archivo (1978), Historia del Guárico (1978), Caracas habla en documentos (1979), San Miguel del Batey. Población del siglo XVII (1980), Semblanzas, testimonios y apólogos (1981). Supera la historia narrativa y descriptiva para realizar una profunda interpretación global transmitida a través de una singular y hermosa prosa. A cada obra incorpora un apéndice documental que orienta al lector y estimula el quehacer de cronista e historiadores.

J. A. de Armas Chitty se reveló como un poeta y nos legó las siguientes obras: Candil, Romances de la Tierra (1948), Tiempo de Aroma (1948), Retablo (1959), Cardumen. Relatos de tierra caliente (1952), Islas de Pueblos (1954), Canto solar a Venezuela (1967), Territorio del viento (1977). José Ramón Medina emite el siguiente juicio “Poeta de estirpe llanera, ha sabido conservar a todo lo largo de su trayectoria lírica el apego a las cosas de su tierra llegando a ser uno de nuestros más característicos cultores del nativismo, pero en otra dirección que lo distingue de tendencia popular. Cultiva la poesía con fervor verdadero. La investigación histórica le atrae con pasión profunda. Tiene una prosa recia y poética, a la vez, que le brinda singulares aciertos para el relato” (Puente de Cigarras, homenaje de la Academia Nacional de la Historia a su numerario).

Su obra escrita ha merecido múltiples reconocimientos: Premio Nacional de Romances (1945), Premio de la Revista Elite por el soneto Homenaje a Ciudad Bolívar, en el bicentenario de la ciudad (1946), Premio Casa del Guárico por el poema “Canto a la mujer y a la tierra (1947), Premio Municipal de Prosa por la obra Zaraza, Biografía de un pueblo, Concejo Municipal de Caracas (1950), Premio Nacional de Literatura por Tucupido, formación de un pueblo del llano (1962) Igualmente recibió las siguientes condecoraciones: Andrés Bello (1969 y 1976), 27 de junio (1970), Libertador (1973) y Alfonso El Sabio(1973). Nuestro personaje, autodidacta por excelencia, recibió dos Doctorados Honoris Causa en el año 1991, uno lo otorgó la UCAB-Táchira y el otro, el Alma Mater guariqueña: la UNERG.

Unas últimas palabras a su destacada personalidad. Quienes lo llegaron a conocer destacan su extraordinaria bondad, la solidaridad sin esperar recompensa, el compartir conocimientos y otros bienes. Un desprendimiento total. Estableció especial comunicación con los niños embelesados con sus conversaciones y a quienes siempre obsequió “chucherias”, juguetes En síntesis, un especial, noble y hermoso ser humano. Murió en Caracas el 6-10-1995.

*Historiadora y docente del Postgrado en Historia de Venezuela de la Universidad Rómulo Gallegos (UNERG)


miércoles 10 de diciembre de 2008

El Coronel Luis Manuel Ytriago Sifontes

Personaje Destacado

LUIS MANUEL YTRIAGO SIFONTES

Como muchos otros personajes de nuestros pueblos, este es uno de los que tristemente a sido relegado al olvido, vaya hoy este artículo, como un homenaje a este ilustre hijo de Guanape.

Nació en Guanape el 25 de agosto de 1886, hijo de Luis Manuel Ytriago Armas y Ana Ventura Sifontes Perez; un personaje en su momento y en su entorno, de muchos bienes inicialmente, fue hacendado, revolucionario, medico autodidacta, periodista, poeta y funcionario público. Se caso 2 veces, afortunado con las damas convivió con muchas en su larga vida, tuvo muchos hijos.

Luis Manuel Ytriago nace en una casa que había donde ahora esta la Casa de la Cultura y a muy corta edad fue llevado por su padre el General Manuel Ytriago Armas -Veneno- a la Hacienda "'Valparaíso" en Río Grande situada en los limites de Miranda y Guárico. Allí aprendió Luis Manuel los secretos que tienen las plantas para curar enfermedades, y las primeras clases en esa materia las recibió los viejos curanderos que en esa región Mirandina los había en abundancia. Pasado el tiempo, y las enseñanzas que este deja, fueron las medicinas patentadas y las formulas elaboradas en el mortero lo que recetaba para curar a sus innumerables pacientes.

Luis Manuel fundó en Guanape y en otros pueblos una Liga de Protección al niño y a la madre, que entre otras, tenía la misión de regalar a las parturientas de escasos recursos económicos sábanas, guayuquitos, frascos de aceite castilla, yodo, escarpines, y sobre todo curitas umbilicales para proteger a los recién nacidos de su terrible azote como lo era el mocezuelo. En esas campañas preventivas lo ayudaron distinguidos grupos de las sociedades de esos pueblos ,con las que Luis Manuel, parsimonioso y renqueando de la pierna derecha, salía de casa en casa a prestar la significativa ayuda.

Era común tener a al Coronel Luis Manuel Ytriago Sifontes como primera autoridad civil de un pueblo, como Médico practicante del Dispensario, o ejerciendo las dos funciones a la vez. Sus ocupaciones políticas no le impedían atender sus obligaciones con la salud de sus ciudadanos y la Jefatura Civil de Guanape, de Sabana de Uchire, el Valle, Guaribe Tenepe o San José de Guaribe, fueron en muchas ocasiones despacho para impartir justicia o dispensarios para recetar enfermos.

Algunas de sus actuaciones en esos pueblos no fueron muy populares, porque en ellos pretendió aplicar medidas sanitarias que fueron en muchos casos motivo de protestas y escándalos colectivos, por incomprensión de la gente algunas veces o por lo exagerado de las medidas en otros. Hubo días en que el fondo de la jefatura estaba lleno de burros, vacas y cochinos arrestados, para garantizar el pago de multas a los dueños.

El Coronel Luis Manuel Ytriago terminó su carrera de médico practicante con la llegada a Venezuela de profesionales foráneos que fueron ocupando, por sus conocimientos en materia de salubridad rural, las medicaturas que el y otros tantos como el fundaron en muchos pueblos. Su retiro, así como su muerte, fue callada, sin reconocimientos por parte de ningún organismo público ni privado por su valioso aporte a la salud de una porción grande de Venezolanos.

He encontrado en el periódico “El Analfabeto”, 3 de septiembre de 1.937, un remitido suyo aclarando ante el público los derechos de propiedad que tenía sobre el potrero “El Botijon” y “Las Aguaditas”, por compras que había hecho a particulares y familiares, las cuales vienen desde el año 1.912. Al parecer y según puedo inferir del contenido de la publicación, se habían suscitado dudas sobre la legalidad de su propiedad.

Murió el 29 de Noviembre de 1.959, sus restos reposan en el cementerio Municipal de San José de Guaribe. La tumba presenta síntomas de evidente abandono, y parodiando a García Márquez, “El Coronel ya no tiene quien le recuerde”.


DESCENDIENTES DE LUIS MANUEL YTRIAGO SIFONTES

Clic Aqui


Por: Julio González Chacín

Nota: Este artículo forma parte de una serie que iré publicando sobre personajes destacados de la zona, ya sea por su actuación en sentido positivo o negativo.

Fuentes:

Algo de Guanape
Jesus Saume Barrios

Los Hilos de mi Madeja
Pedro Luis Rojas Armas

miércoles 29 de octubre de 2008

Ejidos para San Jose de Guaribe - Antecedentes

Los ejidos en San José de Guaribe siempre han sido elementos de controversias y discusiones. Haciendo una revisión de algunos documentos referentes al tema, y tomando como referencia datos del libro del Diputado Miguel Rojas- Apuntes sobre la Historia de San José de Guaribe- se puede señalar lo siguiente:
  • Para el día 25 de marzo del año de 1913 se da lectura en Cámara Municipal a un documento del Jefe Civil del Distrito que pasa a integrar el expediente que se ha formado para adquirir los ejidos de Guaribe.
  • En 1913, también hay una solicitud de compra de terrenos por parte del ciudadano Asención Aragort Bandres ante la Gobernación del Estado. A esta solicitud hace oposición el Sr. Luís Herrera, para ese momento Jefe Civil del Municipio, porque según oficio enviado por él al Concejo Municipal del Distrito Monagas, en abril de ese año, el terreno baldío al que aspiraba Asención Aragort Bandres, no solamente está dentro de los límites de los ejidos que pretende adquirir sino que parte de esos terrenos pertenece al perímetro de la población.
  • El 5 de junio del año de 1913 es recibida en Cámara una representación de vecinos de Guaribe, quienes denuncian que el pueblo está totalmente encerrado de cercas de alambre y suplicando al Concejo Municipal que tome medidas para liberarlo.
  • Se aceptó la proposición hecha por el Concejal Dr. Pedro María Arévalo Cedeño de que se respondiera que estando Guaribe asentado en terrenos nacionales, el Concejo no está autorizado para legislar sobre ellos; pero que al caer aquellos terrenos bajo la jurisdicción del Concejo, como necesariamente tiene que suceder por adquisición de ejidos, el Concejo dictará las medidas del caso para remediar la situación.
  • El Concejo Municipal nombró una comisión para dictaminar sobre los documentos producidos, siendo esta presidida por el Concejal Doctor Luís Morín.
  • El día 11 d septiembre del año 1913, en reunión del Concejo Municipal, se recibe informe del Doctor Luís Morín sobre expediente formado por la Junta Comunal de Guaribe para obtener sus ejidos.
  • Se acordó el expediente sobre ejidos de Guaribe al Síndico Procurador Municipal para que este funcionario le diera curso legal.
  • El día 16 de diciembre de 191, en reunión de Cámara del Concejo se recibe informe del Síndico Procurador Municipal sobre documentos relacionados con los ejidos de Guaribe.
  • El Concejal Doctor Pedro María Arévalo Cedeño propuso que se enviara copia del informe del Síndico a la Junta Comunal de Guaribe, significando que la opinión del Síndico Procurador Municipal y de toda la Cámara es la misma.
  • El 30 de octubre de 1919 se constituyó el Tribunal del Distrito Monagas, siendo su Juez, José Antonio Hurtado Mancebo, en la cabecera del Municipio, con el objeto de practicar la operación del deslinde judicial de la posesión pro-indivisa denominada Guaribe. Y cuyo deslinde se realizó sin oposición de ninguna especie.
  • El 14 de mayo del año 1920 se nombró al Doctor Rafael María Castro para que efectuara los trabajos de deslinde.
  • El 14 de mayo del año 1927, en reunión de Cámara, se da lectura a un telegrama del Secretario General de Gobierno solicitando copia del catastro de ejidos de los Municipios del Distrito Monagas.
  • El día 15 de octubre del año 1928, en reunión de Cámara se da lectura a una nota del Presidente de la Junta Comunal de San José de Guaribe donde se comunica al Concejo Municipal que algunos dueños de terreno de aquel Municipio, obstruyeron las salidas del pueblo con alambre y puertas de golpe, por cuyo motivo dicha Junta dictó un Acuerdo, ordenando levantar, en un plazo de 60 días, los alambres en referencias. La Cámara acordó oficiarle al Jefe Civil del Municipio Guaribe para que se le preste apoyo a la Junta Comunal, a objeto de que se dé el más estricto cumplimiento al acuerdo sancionado por dicha Corporación.
  • El 14 de noviembre del año de 1930, el ciudadano Rafael Celestino Rojas Barrios, actuando como apoderado sustituto del Síndico Procurador Municipal del Distrito Monagas, pide a la Presidencia del Estado Guárico que se sirva conceder gratuitamente para sus ejidos al Municipio San José de Guaribe la extensión de terrenos baldíos que acuerda la Ley respectivamente, es decir, 2.500 hectáreas de terrenos en los contornos del Municipio.
  • El día 27 de abril del año 1931, el Sr. Miguel Rojas Correa y Julián Aragort Bandres se dirigen al Presidente del Ejecutivo del Estado Guárico para hacer oposición a esta solicitud, ya que una extensión de 2.500 metros en dirección de los cuatro vientos afecta sus propiedades.
  • Dicen que hacia el sureste y poniente de la cabeza del Municipio hay una extensión de terrenos baldíos suficientes como para que se les conceda sus ejidos(los del Municipio) de conformidad con el aparte único del artículo 66 de la Ley que rige la materia.
  • El 1º de julio de 1931, Miguel Rojas Correa e Ignacio González Espinoza solicitan ante el Juez de Primera Instancia en lo Civil y Mercantil del Segundo Circuito Judicial, con sede en Valle de la Pascua, para que se sirva dejar sin efecto la solicitud de dotación de tierras baldías introducida por el Sr. Rafael Celestino Rojas Barrios, como apoderado sustituto del Síndico Procurador Municipal del Distrito Monagas por órgano del Presidente del Estado Guárico, de 2500 hectáreas de terrenos en los contornos del Municipio San José de Guaribe para ejidos de dicha población porque Rafael Celestino Rojas Barrios en su solicitud cita con detrimento de la verdad que la porción de tierra a que aspira es baldía siendo que por los rumbos Norte, Sur y Este de esta población abarca nuestras posesiones y que este Tribunal reconozca la legitimidad y cese el procedimiento intentado por Rafael Celestino Rojas Barrios. Este juicio será objeto de una nota aparte, por considerarlo una de los intentos más serios y formales que se ha hecho, objeto de una sentencia de un tribunal.
  • El 15 de noviembre de 1937 se da lectura en Cámara a una nota del Presidente de la Junta Comunal de San José de Guaribe en la cual participa que dicha Junta acordó de conformidad con la ley de tierras Baldías y Ejidos, solicitar por órgano de esta Municipalidad los Ejidos para San José de Guaribe.
  • El Concejal Ledezma propuso el pase a la Sindicatura de dicha solicitud para su estudio e informe.
  • En enero de 1938, la Junta Comunal insiste en el problema de los Ejidos y la Cámara Municipal responde que aun esperan el informe del Síndico Procurador Municipal.
  • Leída la exposición del Síndico de San José de Guaribe y puesta en consideración, la corporación acordó pasar dicha exposición al Síndico Procurador Municipal del Distrito para su estudio e informe.
  • El 15 de septiembre de 1938 se da lectura en Cámara de una nota del Presidente de la Junta Comunal de San José de Guaribe, informando sobre los datos que se le pidieron acerca de los Ejidos de ese Municipio.
  • El 31 de octubre de 1939, en reunión de Cámara, se da lectura a una nota del Presidente de la Junta Comunal, en la cual se pide a la Municipalidad que por órgano del Síndico Procurador Municipal solicite los Ejidos de San José de Guaribe por la cantidad de dos mil quinientas hectáreas de terreno de acuerdo con la última disposición del Ejecutivo Nacional declarando inalienables los terrenos baldíos del Estado Guárico para su parcelación y dar Ejidos a Municipios que carezcan de ellos. La proporción fue pasada al Síndico Procurador Municipal para su estudio y fines consiguientes.
  • El 18 de diciembre del año 1939 se da lectura en Cámara de una comunicación enviada por el ciudadano Rafael celestino Rojas Barrios, residenciado en Caracas, en la cual recomienda al Concejo Municipal la necesidad de dotar de Ejidos a los Municipios de este Distrito que carecen de ellos y en especial recomienda la solicitud de Ejidos para el Municipio San José de Guaribe que cursa en Cámara. Esta proposición fue pasada a la Comisión Permanente de Ejidos.
  • En julio de 1958, el Presidente de la Junta Comunal, Rafael Celestino Rojas Barrios, envía al Concejo Municipal un escrito firmado por 33 agricultores donde sugiere que este cuerpo se aboque con el mayor interés a obtener de organismos gubernamentales superiores una cantidad de terrenos la cual estipulan 2.500 hectáreas para Ejidos del Municipio San José de Guaribe. Dicen que tal gestión se haría en virtud de que los terrenos adyacentes al mismo son de propiedad de la nación. En Cámara se acordó pasar dicho escrito a la Sindicatura y se instó al ciudadano Síndico proceder al respecto.
  • En agosto de 1958, el Procurador General del Estado Guárico en respuesta a la solicitud del Concejo Municipal del Distrito Monagas sobre la solicitud de Ejidos por parte de la Junta Comunal de San José de Guaribe, recomienda esperar la próxima reunión de la Asamblea Legislativa para que se formule la solicitud por ante ese organismo.
  • En septiembre de 1958, Rafael Celestino Rojas Barrios, presidente de la Junta Comunal, pide que se determine mejor los linderos de los Ejidos del Municipio por la parte Oeste, los cuales considera sumamente vagos. La Cámara Municipal acordó pedirle los recaudos para hacer el estudio.
  • El 14 de abril del año 1959, se da lectura en Cámara a un oficio del Presidente de la Junta Comunal de San José de Guaribe al cual van anexas copias de unas correspondencias que la Junta dirigió al ciudadano Elías Palacios López, a través de las cuales le comunican el Acuerdo emanado de este cuerpo de adquirir un potrero de su propiedad, con el fin de destinarlo al ensanche de la población. Dice el oficio que hasta la fecha no han tenido respuesta alguna, por lo que el Concejo Municipal indique el procedimiento a seguir o dicte un Acuerdo declarando de utilidad pública el terreno ocupado por dicho potrero.
  • Se aprueba que una comisión de concejales se traslade al Municipio Guaribe a objeto de constatar posteriormente el asunto en referencia. También se acordó enviar copias de estos recaudos y de una comunicación de fecha 24 de junio de 1958 de la misma Junta Comunal relacionada con la consecución de Ejidos de San José de Guaribe, al ciudadano Gobernador, Procuraduría General, y Asamblea Legislativa del Estado Guárico a los fines consiguientes y contestarles de esa manera a la Junta Comunal de Guaribe.

En todo ese lapso no pudo el Concejo Municipal del Distrito Monagas ni la Sindicatura siquiera definir de manera clara la verdadera situación jurídica de los terrenos adyacentes a San José de Guaribe para comenzar a actuar. Todo quedó supuestamente engavetado.

Ahora cabe preguntarse ¿Tenía Razón Rafael Celestino Rojas Barrios?, tal vez para 1.930 no, pero en los momentos actuales, visto el desarrollo que ha tenido el pueblo, es evidente que no le faltaba razón. Hoy las tierras que fueron propiedad de Ignacio Gonzalez Espinoza fueron declaradas Incultas por el INTI, sin embargo en vez de aprovechar la oportunidad para lograr como ejidos para el pueblo esa importante propiedad que abarca 700 hectareas alrededor de la población, son repartidas a unos invasores de oficio que no han hecho otra cosa que vivir de las invasiones, ocultando su propiedad sobre la finca al repartirse las parcelas entre miembros de su misma familia.


Por: Soraya González Rojas
Cronista Oficial Municipal de San José de Guaribe

Nota: El último párrafo es un agregado de Julio González, al interesante recuento histórico de Soraya González.
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